Crítica: Otro tenor naufraga en «La Traviata» de la Metropolitan Opera

 Por Carlos J. López Rayward

La representación número dieciocho de La Traviata en la presente temporada de la Metropolitan Opera es una de las últimas noches del ciclo iniciado en marzo, que consolida la sensación de que la popular producción de Michael Mayer sigue funcionando con notable eficacia teatral pese a que, visualmente, ya no conserve el efecto de novedad de sus primeras temporadas.

La propuesta apuesta por una estética de color saturado y simbolismo accesible, muy reconocible para el público neoyorquino, dejando el peso dramático sobre los intérpretes y permitiendo que la tragedia verdiana fluya con naturalidad. La reposición escénica de Jonathon Loy mantuvo el conjunto cohesionado, aunque la escena del baile de máscaras volvió a evidenciar cierta falta de organicidad coreográfica, con un ballet lustroso pero algo deslavazado y menos integrado en la tensión dramática de lo deseable.

Rosa Feola y Liparit Avetisyan en "La Traviata." Foto: Marty Sohl / Met Opera
Rosa Feola y Liparit Avetisyan en «La Traviata.» Foto: Marty Sohl / Met Opera

Desde el foso, Marco Armiliato ofreció una dirección sólida, eficaz y profundamente teatral. El maestro italiano conoce perfectamente las necesidades de esta casa y de este repertorio, y volvió a demostrar su capacidad para sostener el pulso dramático sin caer en efectismos ni sentimentalismos excesivos. Su lectura respiró con los cantantes y encontró un equilibrio muy convincente entre lirismo y teatralidad. La orquesta rindió a un nivel alto, particularmente en las transiciones más íntimas del segundo acto, mientras que el coro preparado por Tilman Michael volvió a confirmar el excelente estado de forma de las masas corales del Met.

La gran triunfadora vocal y escénica de la noche fue, sin duda, Rosa Feola. Su Violetta Valéry resultó deslumbrante en lo actoral y muy sólida en lo vocal, componiendo un personaje de enorme humanidad y refinamiento estilístico. Feola mantuvo siempre la línea de canto conectada y perfectamente apoyada, demostrando una técnica muy depurada que le permitió frasear con elegancia y naturalidad incluso en los momentos de mayor exposición emocional. La soprano italiana volvió a evidenciar la belleza singular de su media voz, proyectada con seguridad y gran calidad tímbrica, así como una musicalidad constante que evitó cualquier vulgaridad expresiva. Sus principales arias fueron justamente celebradas por el público neoyorquino, particularmente un “Addio del passato” de notable sensibilidad y nobleza expresiva.

Rosa Feola y Liparit Avetisyan en "La Traviata." Foto: Marty Sohl / Met Opera
Rosa Feola y Liparit Avetisyan en «La Traviata.» Foto: Marty Sohl / Met Opera

Muy distinta fue la impresión causada por el Alfredo Germont de Liparit Avetisyan, cuya actuación resultó francamente desastrosa. Carente de estilo, técnica y atractivo tímbrico, su interpretación despertó interés únicamente por lo excepcionalmente bajo de su nivel artístico. El canto apareció plagado de feos portamenti, sonidos abiertos y sin apoyo, notas emitidas sin soporte y un engolamiento constante en el registro grave que afeó todavía más un sonido ya de por sí ingrato y poco operístico. Resulta inevitable constatar que la presencia de un cantante de este nivel en algunos de los escenarios más importantes del mundo refleja hasta qué punto el nivel tenoril general ha descendido en la ópera contemporánea. Incluso el tradicionalmente generoso público del Met percibió la baja calidad y reservó para Avetisyan los saludos más fríos de toda la velada.

Más convincente se mostró Amartuvshin Enkhbat como Giorgio Germont. El cantante posee un instrumento verdaderamente privilegiado, de enormes dimensiones y gran nobleza tímbrica, que administra además con inteligencia y relativa prudencia. Sin embargo, comparando esta interpretación con su debut neoyorquino, resulta algo decepcionante comprobar que el artista apenas parece haber evolucionado en términos de expresión y estilo. Enkhbat continúa dando la impresión de disponer únicamente de dos registros expresivos —el piano y el forte— sin una verdadera media voz que permita matizar psicológicamente el personaje. Esa limitada gama dinámica reduce considerablemente la complejidad emocional de un papel que exige precisamente refinamiento en el fraseo y capacidad de inflexión verbal. Aun así, la calidad natural del instrumento y la solidez de la emisión permitieron una prestación vocal estimable.

Eve Gigliotti, Richard Bernstein, Rosa Feola, Amartuvshin Enkhbat, Liparit Avetisyan y Allegra Herman en "La Traviata." Foto: Marty Sohl / Met Opera
Eve Gigliotti, Richard Bernstein, Rosa Feola, Amartuvshin Enkhbat, Liparit Avetisyan y Allegra Herman en «La Traviata.» Foto: Marty Sohl / Met Opera

Entre los comprimarios destacó especialmente el buen hacer de Eve Gigliotti como Annina, aportando musicalidad, profesionalidad y una presencia escénica siempre adecuada dentro de un reparto secundario más bien discreto.

En conjunto, esta Traviata confirmó la vigencia teatral de la producción de Mayer y dejó una velada musicalmente sólida gracias al trabajo del foso y, sobre todo, a la magnífica Violetta de Rosa Feola, verdadero centro artístico de una representación marcada también por uno de los Alfredos más deficientes que se recuerdan recientemente sobre el escenario del Metropolitan.

OW


★★★☆☆

Metropolitan Opera de Nueva York, a 11 de mayo de 2026. La Traviata, ópera en tres actos con música de Giuseppe Verdi y libreto en italiano de Francesco Maria Piave, basado en la novela de Alejandro Dumas La dama de las camelias.

Dirección Musical: Marco Armiliato. Orquesta y coro de la Metropolitan Opera (director del coro: Tilman Michael). Producción: Michael Mayer, Escenografía: Christine Jones, Vestuario: Susan Hilferty, Iluminación: Kevin Adams, Coreografía: Lorin Latarro, Director del revival: Jonathon Loy.

Reparto: Rosa Feola, Lindsay Martin, Christopher Job, Brian Major, Richard Bernstein, Ben Reisinger, Liparit Avetisyan, Eve Gigliotti, Patrick Miller, Amartuvshin Enkhbat, Jonathan Scott, Allegra Herman. Bailarines solistas: James Whiteside, Cara Seymour.