Crítica: «Pagliacci» y «Cavalleria rusticana» en Buenos Aires

OW       Crítica: Pagliacci Cavalleria Buenos Aires               Por Daniel Lara

Un auspicioso inicio de su temporada lírica 2026 tuvo el Teatro Colón de Buenos Aires presentando un doble programa verista que incluyó las óperas Pagliacci de Ruggiero Leoncavallo y Cavalleria rusticana de Pietro Mascagni, presentadas en orden invertido al tradicional, con nueva producción escénica del argentino Hugo de Ana y un solvente elenco que reunió artistas internacionales y locales en un alto nivel de calidad.

Una escena de «Pagliacci» / Foto: Juanjo Bruzza

En la ópera Pagliacci, el joven y prometedor tenor ucraniano Denys Pivnitskyi compuso un Canio correcto, apoyado en una voz generosa en volumen y extensión. No obstante, evidenció dificultades técnicas para encauzar sus medios vocales y evitar sonar forzado. En el plano interpretativo, su enfoque resultó exagerado y vulgar. Se trata, en suma, de un intérprete de gran potencial, aunque aún en etapa de maduración. Alternando en el rol, el tenor español Alejandro Roy, quien también debutaba en la casa, fue toda una revelación y se alzó con un merecido triunfo. En una noche de especial inspiración, ofreció una interpretación de gran solidez del payaso traicionado. Dueño de una voz potente, homogénea y de apreciable cuerpo, afrontó con seguridad las exigencias de la parte, luciendo un timbre atractivo, una línea de canto cuidada y un notable buen gusto, plasmando con contundencia los distintos estados emocionales de su personaje. Su “Vesti la giubba” fue particularmente celebrado por el público. Como su esposa, la soprano María Belén Rivarola mostró corrección y resultó adecuada para la parte. Sin llegar a descollar, resolvió su cometido con solvencia y profesionalismo. Tuvo dificultades para superar el volumen de la orquesta, en el marco de un canto más bien parco en acentos. Con todo, se trata de una intérprete musical, refinada y estilísticamente apropiada, cuya labor fue muy apreciada por el público. En la misma parte, la soprano Marina Silva resultó magnífica, concibiendo su personaje con una cuidada línea de canto y una composición cargada de conmovedora fragilidad. Su expresivo fraseo y la intencionalidad que imprimió a su canto hicieron que su aria “Quella fiamma aveva nel guardo…” y su posterior dúo con Silvio resultasen conmovedores.

En cuanto a la parte de Silvio, el campesino amante de Nedda, no corrió con especial fortuna. Ni el barítono argentino-chileno Ramiro Maturana ni el barítono norteamericano Samson McCrady lograron otorgarle al personaje todo el vuelo lírico requerido. McCrady se distinguió por un timbre de mayor atractivo sonoro, mientras que Maturana aportó una mejor presencia escénica. Ambos resolvieron con corrección su cometido, aunque dejando un cierto sabor a poco. Como Beppe, tanto al tenor Santiago Martínez como al siempre oficioso Sergio Spina se los escuchó en buena forma vocal. 

Una escena de «Pagliacci» / Foto: Juanjo Bruzza

En cuanto a Cavalleria rusticana refiere, la Santuzza de la soprano ucraniana Liudmyla Monastyrska impactó por su timbre agraciado y su imponente caudal vocal, mientras que la de Mónica Ferracani, de voz firme y oscura, se destacó por la intensidad interpretativa de un canto cargado de sentimiento y dramatismo. Las confrontaciones de esta última con Turiddu, primero, y luego con Alfio, dieron momentos de alto voltaje a la representación e hicieron que se metiese al público en el bolsillo. A cargo de la parte de Turiddu, el debutante tenor coreano Yonghoon Lee se lo escuchó seguro, bien intencionado y muy adecuado en lo vocal. En la misma parte, descolló el argentino Diego Bento, presumiendo de un canto de rico lirismo, buena línea y un fraseo trabajado con cuidados e incisivos acentos. Correctas, sin mucho más, la mezzosoprano Javiera Barrios ofreció una Lola frívola y extrovertida, mientras que Daniela Prado compuso una versión más atenta al detalle y al matiz. Un auténtico lujo fue, tanto por su solvencia vocal como por su prestancia escénica, la Mamma Lucia de la mezzosoprano Guadalupe Barrientos. Afrontando el doblete, primero como el vengativo Tonio y luego como el agraviado Alfio, Fabián Veloz fue el gran triunfador de la noche. Pletórico de medios, el barítono argentino alardeó de una voz de bello, dúctil y noble timbre, pareja en toda la tesitura, de buen caudal y perfecta emisión, a la que cinceló con un fraseo justo y sin excesos y un gusto de “altri tempi”. ¡Chapeau! A su turno y defendiendo con arrojo las mismas partes, el ascendente barítono coreano Youngjun Park hizo una buena labor con un timbre baritonal ligero, un canto intencionado y una dicción cuidada.

Excelentes, tanto el coro de adultos como el de niños, sonaron magníficos, denotando una gran preparación bajo la atenta dirección de Miguel Martínez y Mariana Rewerski, respectivamente. Al frente de la orquesta de la casa, la italiana Beatrice Venezi realizó una lectura irregular, cuyos tempi, silencios y volumen pusieron en más de una ocasión en dificultad el desempeño de los cantantes. Cuando la batuta pasó a manos de Marcelo Ayub, la orquesta ofreció más colores, detalles y contrastes, elevando tanto la calidad musical como el rendimiento de los intérpretes vocales.

 

Una escena de «Cavalleria rusticana» / Foto: Juanjo Bruzza

 

La nueva producción escénica de Hugo de Ana, también a cargo de escenografía, vestuario e iluminación, invirtió el orden tradicional del díptico, apoyándose en el orden del estreno en el Colón: primero Pagliacci (1908) y luego Cavalleria rusticana (1909). Con una mirada cinematográfica, De Ana se alejó del concepto de “teatro dentro del teatro”, colocando a Tonio como si fuese un director de cine que conduce la acción, ampliando la dimensión del prólogo sobre la delgada línea entre realidad y ficción. Excesivamente recargada, la puesta escénica compitió con la ópera en atención y protagonismo. La escenografía echó mano de un gran muro central giratorio que dividió el escenario en dos planos —uno público y otro privado— en el que se desarrolló la acción de modo funcional y dinámico, evocando pueblos del sur de Italia con referencias al cine de posguerra de Fellini y Visconti. El vestuario acompañó esta concepción visual: monocromático de blanco y negro para Cavalleria y con acentos de color para Pagliacci. Hubo interminables ovaciones para todos los intérpretes una vez caído el telón.

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Buenos Aires (Teatro Colon), 18 y 22 de abril de 2026. Ruggiero Leoncavallo I PAGLIACCI / Pietro Mascagni CAVALLERIA RUSTICANA.

Nueva producción escénica.

Dirección musical: Beatrice Venezi / Marcelo Ayub. Dirección del coro: Miguel Martínez. Dirección del coro de niños: Mariana Rewerski. Dirección de escena: Hugo de Ana.

Elenco: Denys Pivnitski/Alejandro Roy, María Belen Rivarola/Marina Silva, Fabian Veloz/Youngjun Park, Ramiro Maturana/Samson McCrady, Santiago Martínez/Sergio Spina, Mariano Crosio/Esteban Hildebrand, Ariel Casalis/Reinaldo Samanuego, Yonghoon Lee/Diego Bento, Liudmyla Monastyrska/Mónica Ferracani, Guadalupe Barrientos, Javiera Barrios/Daniela Prado.

Orquesta y Coro Estable del Teatro Colon.