Crítica: «Pelléas et Mélisande» en el Teatro alla Scala

OW                Crítica: «Pelléas et Mélisande» Scala                     Por Bernardo Gaitán
“En la ópera se canta demasiado” decía provocadoramente un Claude Debussy, de apenas 30 años, poco antes de revolucionar el concepto de la lírica en Francia con la que sería su única obra operística: Pelléas et Mélisande. Una obra construida sobre silencios, alusiones y una temporalidad circular: una fábula situada fuera de la realidad. El resultado no fue el esperado -como suele ocurrir con las obras maestras, incomprendidas en su tiempo-: la prensa de la época reaccionó con duras críticas, y los maestros de composición prohibían a sus alumnos estudiar a Debussy, pues rompía todas las reglas establecidas por la rigurosa tradición de Massenet o Gounod apenas unas décadas antes. El filósofo y musicólogo Vladimir Jankélévitch afirmó que la música de Debussy “no tiene sentido”, aunque precisamente ahí reside su esencia: una música que parece dirigirse en todas las direcciones. Con el paso del tiempo, afortunadamente, la obra ha ido conquistando un lugar estable en el repertorio de algunas de las grandes casas de ópera.
Una escena de la nueva producción de «Pelléas et Mélisande» en La Scala / Foto: Monika Rittershaus
La relación de Pelléas et Mélisande con el Teatro alla Scala no es extensa, pero sí intensa. En 1908, bajo la dirección de Arturo Toscanini, la obra conoció allí su estreno italiano y, a lo largo del siglo XX, ha sido representada en pocas ocasiones, aunque siempre confiada a grandes figuras de la dirección como Victor de Sabata (1948 y 1953), Herbert von Karajan (1962), Claudio Abbado (1986) y Georges Prêtre (1973, 1977 y 2005). Tras más de dos décadas de ausencia en el teatro milanés, el regreso en 2026 de Pelléas et Mélisande en una nueva producción ha resultado un auténtico acierto.
Gran parte del éxito radica en la hiperingeniosa producción firmada por Romeo Castellucci, quien en su esperado debut milanés, se enfrenta al universo debussyano con sorprendente fidelidad. El propio director italiano define la propuesta como una producción “a baja temperatura”, donde las emociones no están ausentes, sino cubiertas por un velo. Propone así una dramaturgia que funciona desde la contención y no desde la aceleración: una fuerza retenida que termina explotando a través de una escena despojada de elementos, aunque cada uno de ellos cargado de significado. El dispositivo escénico, concebido íntegramente por él -incluyendo escenografía, vestuario e iluminación-, sitúa toda la acción en una dimensión onírica, como si se tratara de un sueño. La paleta cromática visual se reduce a lo esencial, retomando constantemente esa sensación de frialdad a la que alude el director: tonos grises, blancos y negros dominan el espacio, interrumpidos únicamente por irrupciones de rojo y dorado, mientras la luz modela el escenario y establece vínculos entre los personajes más allá de su mera presencia física.
El es agua un elemento recurrente tanto metafórico como literal, está presente toda la propuesta: vertida por los amantes en una especie de bautizo, evocada en los cabellos de Mélisande, sugerida como elemento de inicio y fin, cíclico. No faltan tampoco los objetos simbólicos: naranjas, formas circulares, vitrinas de cristal, hilos que se transforman en cartas y estructuras que cambian constantemente de forma y posición, exactamente como sucede en los sueños. Castellucci logra así traducir visualmente la música de Debussy y el universo impresionista, onírico y conceptual de la obra.
Una escena de la nueva producción de «Pelléas et Mélisande» en La Scala / Foto: Monika Rittershaus
La parte musical corrió con igual fortuna, pues la dirección de Maxime Pascal convence plenamente. El concertador francés, invitado habitual de la Scala para títulos contemporáneos y reconocido especialista en el repertorio del siglo XX, aborda la partitura con rigor y claridad, garantizando una concertación precisa, equilibrada y siempre atenta al flujo continuo de la música. La orquesta del Teatro alla Scala responde con indiscutible calidad, ofreciendo un sonido compacto y controlado, donde emergen con claridad la transparencia tímbrica y la sutileza de matices tan características del lenguaje debussyano.
El elenco vocal, por su parte, se erige como uno de los pilares más sólidos de la producción, alcanzando un equilibrio convincente entre calidad técnica y adecuación estilística. El tenor Bernard Richter como Pelléas, destacó por una vocalidad luminosa, bien proyectada y dotada de la flexibilidad necesaria para una escritura que exige más matiz que volumen. El fraseo cuidado y sensible del cantante suizo construyó un personaje creíble, impregnado de melancolía y juventud.
Sara Blanch, en el rol de Mélisande, representa uno de los puntos más altos de la producción. La soprano catalana combina una dicción francesa impecable con una notable capacidad para modelar la línea vocal con constante riqueza expresiva, dando vida a una figura frágil, enigmática y profundamente humana. Su emisión plena y su voz aterciopelada se adaptan con inteligencia a una escritura musical particularmente compleja, confirmando una madurez artística de gran nivel. Óptima fue también la participación del barítono inglés Simon Keenlyside, quien afrontó a Golaud con la autoridad de un intérprete experimentado, restituyendo toda la complejidad de un personaje desgarrado entre el amor, los celos y la violencia. La voz del cantante británico conserva homogeneidad, potencia y maleabilidad, además de un atractivo color oscuro, mientras que su fraseo incisivo dota al personaje de una notable intensidad trágica.
Una escena de la nueva producción de «Pelléas et Mélisande» en La Scala / Foto: Monika Rittershaus
El bajo canadiense John Relyea como Arkel, aporta una presencia escénica imponente. Gracias a una vocalidad profunda y sólida, sumada a un impresionante registro grave -cavernoso, oscuro y siempre sonoro-, el personaje se desarrolla con absoluta solvencia. La contralto canadiense Marie-Nicole Lemieux, en el breve papel de Geneviève, destaca por la belleza tímbrica y la elegancia de su canto, mientras que Alberto Tibaldi, joven integrante del coro infantil del teatro, sorprende por su seguridad escénica y enorme musicalidad en el rol de Yniold, aportando frescura a un entramado sonoro de gran delicadeza, además de una pronunciación francesa impecable.
Las enormes ovaciones finales al elenco sellaron el éxito de la función, confirmando que esta nueva producción de Pelléas et Mélisande en La Scala posee un interés indudable y que, gracias a una regia inteligente, el título conserva intacta su capacidad de fascinar y desconcertar.  Crítica: «Pelléas et Mélisande» Scala
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Milán (Teatro alla Scala), 06 mayo 2026.   Pelléas et Mélisande   Nueva producción
Director musical: Maxime Pascal. Maestro del coro: Giorgio Martano.
Dirección escénica, escenografía e iluminación: Romeo Castellucci.
Dramaturgía: Christian Longchamp. Asistente de dirección: Giulia Giammona.
Orquesta y Coro del Teatro alla Scala.
ELENCO: Bernard Richter, Sara Blanch, Simon Keenlyside, John Relyea, Marie-Nicole Lemieux, Alberto Tibaldi, Zhibin Zhang, Geunhwa Lee.  Crítica: «Pelléas et Mélisande» Scala