Por Daniel Lara. Crítica: Recital Selig Huber
Último concierto del XXXI Ciclo de Lied organizado por el Centro Nacional de Difusión Musical se presentó el reputado bajo alemán Franz-Josef Selig, quien visitó por tercera vez este ciclo, en una fecha reprogramado y originalmente previsto para inicios de este año. Acompañó al piano otro asiduo visitante de la casa, el extraordinario Gerold Huber. El programa tuvo como común denominador, aunque con tratamientos musicales muy diferentes, la idea de lo terminal, lo irreversible y la aceptación del fin de la existencia: las canciones de Hugo Wolf (1860-1903), que abrieron el programa, fueron las ultimas composiciones del compositor alemán antes de ingresar en el periodo final de su vida marcado por el declive físico y mental. Lo mismo corresponde para las canciones de Shostakovich que fueron compuestas pocos meses antes de su muerte. Y si bien, las canciones de Schubert y Strauss, que completaron el programa, corresponden a composiciones juveniles de ambos músicos, estas también giran en torno al tema de la finitud, la extinción y la muerte. Crítica: Recital Selig Huber

Poseedor de una las voces más importantes en la cuerda de bajo, el veterano Franz-Josef Selig, hizo gala de unos medios vocales aun impresionantes tanto por volumen y redondez, como por esmalte, ductilidad y línea. En lo estrictamente interpretativo, no dejó de asombrar su capacidad para doblegar, gracias a una sólida y depurada técnica, sus robustos y pesados medios y ofrecer así un canto dúctil, emotivo y refinado. En la primera parte del programa, Selig resultó un intérprete ideal a la hora de retratar con una inagotable variedad de recursos expresivos las complejas y contrastantes emociones de cada una de las tres canciones que componen las Michelangelo-Lieder, HWW 162 (1897), del compositor por Hugo Wolf (1860-1903) sobre los sonetos del polifacético artista italiano Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564). Seguidamente, su poderoso registro central, sus cuidadas medias voces y un lirismo de esmerada hechura hicieron maravillas en los cuatro Lieders de Franz Schubert (1797-1828) y donde el bajo alemán exhibió un canto cargado de humanidad, sin caer nunca en excesos. De este grupo de canciones lo mejor vino con la conocida Der Tod und das Mädchen, D 531 (1817) (“La muerte y la doncella”) y con Der Wanderer, D 489 (1816) (“El caminante “), la primera cincelada con carácter temeroso ante los reclamos de la muerte a la doncella, y en la segunda con melancólica y resignada temple ante su futuro y final viaje. Poniendo broche final a la primera parte del recital, de las canciones de Richard Strauss (1864-1906) mereció destacarse: su Das Thal (“El valle”) primera canción del ciclo para voz grave op. 51 (1902-1906) perfectamente servida en los saltos de tonos y de inmaculado legato; y su Im Spätboot , op. 56, nro. 3 (1903-1906) (“En la última barca”) donde se sumergió en las profundidades con graves densos, cavernosos y bien texturados ofrecidos con tocante y conmovedora pompa.

En la segunda parte, Selig abordó la Suite de 11 canciones basadas en versos de Michelangelo Buonarrotti, op 145 (1974), dramático ciclo de canciones de la época final de la vida de Dmitri Shostakovich (1906-1975), testamento artístico de un compositor caído en desgracia, y donde el compositor ruso con nostalgia y aires de despedida rindió tributo a sus admirados Mussorgsky y Mahler. En este parte del recital, al bajo alemán impuso gran autoridad, sobresaliendo por su solemnidad y sus matices refinados en Utro (“Mañana”); su desbordante lirismo en un apasionado Lyubov’ (“Amor”) y sus generosas medias voces en Razluka (“Separación”). Por el contrario, su Izganniku (“Al exilio”) resultó poco enérgico y hasta algo monocorde si se lo quiere. Lo mejor de esta serie: las dos canciones finales: Smert’ (“Muerte”) y Bessmertie (“Inmortalidad”) donde, con maestría y profundidad, impregno su canto de desesperanza, resignada energía y aceptación frente a su destino final. Un Gerold Huber en “estado de gracia” fue un compañero de ruta ideal y fiel quien, desde el piano, supo diferenciar estilos, crear las atmósferas adecuadas y dar el mejor acompañamiento al solista vocal. Como nota al margen, cabe mencionar que durante la segunda parte del programa, problemas de sequedad en la garganta y/o alguna flema rebelde dificultaron la labor del interprete quien con mucho oficio, sorbos de agua y buen humor logró salir airoso sin que la situación pasase a mayores. Al finalizar el concierto no hubo propinas, pero si calurosos aplausos para un recital que cerró por todo lo alto un ciclo que no deja de afianzarse como una de las mejores propuestas de la cartelera musical madrileña. Crítica: Recital Selig Huber
Madrid (Teatro de la Zarzuela), 16 de junio de 2025. XXXI Ciclo de Lied del Centro Nacional de Difusión Musical. Franz-Josef Selig, bajo. Herold Huber, pianista. Obras de Wolf, Schubert, Strauss y Shostakovich. OW













