OW Crítica: Lied Catriona Morison Madrid Por Daneil Lara
Para poner el broche final a la XXXII temporada del Ciclo de Lied, el Centro Nacional de Difusión Musical ha elegido a la mezzosoprano escocesa Catriona Morison, considerada una de las voces más destacadas de su generación tanto en el repertorio operístico como en el lied. Su carrera dio un impulso definitivo tras alzarse, en 2017, con el primer premio y el Premio de la Canción en el BBC Cardiff Singer of the World, un triunfo que la situó en la primera línea del panorama internacional. Morison regresa ahora a este ciclo, donde dejó un recuerdo imborrable en la temporada 2023-2024 gracias a una actuación de extraordinaria calidad artística. Dueña de un timbre cálido, aterciopelado y de notable homogeneidad en toda la tesitura, la mezzosoprano escocesa destaca por un legato fluido y una emisión natural que le permiten cantar con gran elegancia. Su exquisito dominio de las dinámicas hace posible una amplia gama de matices, desde pianísimos de gran delicadeza hasta frases de intensa expresividad. A ello se suma una dicción nítida y un fraseo refinado, cualidades especialmente valiosas en el repertorio del lied y en la música romántica alemana. Más que por el volumen, su voz cautiva por la belleza del sonido, la sensibilidad musical y la profundidad expresiva con la que aborda cada una de sus interpretaciones. Crítica: Lied Catriona Morison Madrid

El programa escogido para la ocasión propuso un recorrido desde el lied romántico alemán de Brahms y la reivindicada Josephine Lang, pasando por el universo simbólico y de intensa carga emocional de Mahler, hasta desembocar en la canción británica de inspiración popular, representada por Vaughan Williams y Elgar. El recital dio inicio con cinco canciones de Johannes Brahms (1833-1897), donde Morison lució mucha delicadeza, variedad de colores, medias voces y un canto de naturalidad expresiva. Fue especialmente contenida en “Dein blaues Auge hält so still”, op. 59 n.º 8 (1870-1873), «Tu azul mirada permanece tan serena», sobre texto de Klaus Groth, describiendo el efecto apaciguador de la persona amada. En “Mädchenlied”, op. 107 n.º 5 (1886-1888), «Canción de la muchacha», sobre textos de Paul Heyse, exhibió un canto juvenil, luminoso y de legato perfectamente controlado ante el despertar del amor. Del resto destacó especialmente la profunda y dramática, casi un drama psicológico, “Auf dem Kirchhofe”, op. 105 n.º 4 (1886-1888), «En el cementerio», sobre textos del barón Detlev von Liliencron, donde Morison supo hacer gala del bellísimo esmalte de sus graves, inicialmente oscuros y luminosos al final, reflejando en su voz el paso de la desolación a la serenidad espiritual. Les siguió, como estreno en el ciclo, una selección de lieder de Josephine Lang (1815-1880), compositora alemana injustamente olvidada y una de las creadoras más destacadas del Romanticismo, cuyo legado Morison viene reivindicando con especial convicción. Vinculada a los círculos de Felix Mendelssohn y Robert Schumann, recibió el apoyo del primero en los inicios de su carrera y desarrolló una notable producción de canciones que hoy recupera paulatinamente el reconocimiento que merece. De este conjunto sobresalieron “Die Schwalben”, «Las golondrinas», sobre un poema de Christoph Tiedge, y “Mignons Klage”, «Lamento de Mignon», con texto de Johann Wolfgang von Goethe, ambas pertenecientes al ciclo Sechs Lieder, op. 10 (1841). En la primera, Morison desplegó un canto fresco, ligero y de exquisita naturalidad, mientras Malcolm Martineau recreó con sutil elegancia el revoloteo de las golondrinas desde el teclado. En “Mignons Klage”, por el contrario, la mezzosoprano supo construir un admirable crescendo dramático sin renunciar a la contención expresiva que exige el lied, modelando el fraseo con una amplia gama de matices y una intensa atención al texto.

Morison convenció menos en las cuatro canciones de Gustav Mahler (1860-1911) pertenecientes al ciclo Des Knaben Wunderhorn (1892-1896; rev. 1899-1901), con las que concluyó la primera parte del recital. Aunque cantadas con irreprochable musicalidad y gusto, no terminó de encontrar el tono expresivo adecuado que reclama cada canción. La segunda parte del programa estuvo dedicada a la canción de cámara británica, con una selección de melodías tradicionales y composiciones de dos de las figuras más representativas del llamado «Renacimiento musical británico»: Edward Elgar (1857-1934) y Ralph Vaughan Williams (1872-1958). En su conjunto, y más allá de las buenas intenciones y del empeño de la mezzo escocesa, el bloque tendió a una cierta uniformidad expresiva, con escasa variedad de acentos y contrastes, rasgo frecuentemente asociado al lied británico, un repertorio en el que la inspiración melódica no siempre alcanza la densidad de otras escuelas del género. Aun así, hubo algunos momentos destacados, como la interpretación del refinado “Silent Noon” («Mediodía silencioso»), del ciclo The House of Life (1903) de Ralph Vaughan Williams, ofrecido con gran nobleza expresiva, buen control del fiato y un cuidadísimo legato, y “Day after Day”, «Día tras día», primera canción del ciclo Love Songs (1916), sobre textos de Rabindranath Tagore, de la compositora neerlandesa Bertha Frensel Wegener-Koopman (1874-1953), autora de gran mérito y escasamente interpretada, que Morison ofreció con un canto de enorme sensualidad. El punto culminante de la segunda parte llegó con el ciclo Sea Pictures, Op. 37 (1899), en su versión para piano —transcripción del original orquestal—, obra clave del repertorio de Edward Elgar, que Morison interpretó con gran refinamiento, sin dificultades vocales apreciables y con el acento justo en cada una de sus canciones. El veterano pianista escocés Malcolm Martineau fue un compañero de ruta sólido, que lejos de limitarse a un papel secundario arropó y sostuvo a la cantante, modelando cada frase y aportando profundidad narrativa a cada una de las interpretaciones.
A la hora de las propinas, una sonriente y agradecida Morison ofreció la canción de salón “Madrid” (1867), evocación más estilizada que real de la capital española, compuesta por Pauline Viardot (1821-1910), y la famosa “Serenata” (1868) de Brahms. Buen cierre de una de las mejores propuestas musicales de la cartelera madrileña. Crítica: Lied Catriona Morison Madrid
Madrid (Teatro de la Zarzuela), 22 de junio.
Recital de Catriona Morison (mezzosoprano) y Malcolm Martineau (pianista). Obras de Brahms, Lang, Mahler, Vaughan Williams, Howells, Wegener-Koopman, Gurney, Elgar. Malcolm Martineau, piano.













