OW Por Federico Figueroa Crítica: Lied Marina Rebeka Zarzuela
El debut de la soprano letona Marina Rebeka en el Ciclo de Lied del Teatro de la Zarzuela, en coproducción con el CNDM, despertó una expectación lógica: la cantante llega avalada por una sólida carrera internacional y por una presencia habitual en los principales escenarios operísticos. El recital, cuidadosamente estructurado en tres bloques —repertorio italiano, ruso y un cierre con propinas operísticas— permitió trazar un retrato bastante fiel de sus virtudes y de las limitaciones que surgen cuando una voz eminentemente teatral se enfrenta al formato íntimo del lied. El pianista cubano Marcos Madrigal sustituyó al italiano Enrico Zucca, resolviendo el compromiso con notable solvencia tanto en el acompañamiento como en sus intervenciones en solitario. Su intervención, atenta y flexible, supo encontrar un difícil equilibrio: servir a una voz de enorme presencia sin desaparecer ni competir con ella, brillando especialmente en los pasajes de Respighi y en los preludios de Cui. Crítica: Lied Marina Rebeka Zarzuela

Marina Rebeka posee un instrumento imponente: una soprano lírica de gran caudal sonoro, timbre metálico muy personal, centro bien armado y agudos de gran proyección. Su técnica es irreprochable en lo esencial: control absoluto de la emisión, ataque limpio, amplio fiato, legato sostenido y un rango dinámico admirablemente administrado. Canta con una seguridad que impresiona y con una voz que corre por la sala con gran facilidad. Sin embargo, esa misma opulencia vocal puede ser un arma de doble filo al marcar límites en el delicado territorio del recital íntimo.
La primera parte italiana evidenció algunas de las tensiones del programa. En las canciones de Verdi —particularmente “In solitaria stanza” y el «Ave María»— Rebeka mostró su capacidad para sostener largas frases y proyectar con nobleza. La pieza titulada «Brindisi» se resolvió con desparpajo, pero dejó ya la sensación de una voz sobredimensionada para un repertorio que exige ligereza y seducción. Algo similar ocurrió en Tosti y Respighi: intensidad sonora, línea bien trazada y oficio indiscutible, pero una grandilocuencia poco compatible con la sensualidad y el matiz que estas páginas reclaman.
Fue en el bloque ruso donde la soprano pareció reencontrarse con su terreno más connatural. En Cui, Chaikovski y Rachmaninov, la profundidad emocional y el idioma, que ella conoce pues los primeros 10 años de su vida fueron soviéticos, permitieron que su timbre adquiriera matices idóneos. Hubo momentos de auténtica belleza, especialmente en “Reine el día” de Chaikovski y en canciones como “No cantes más, belleza” o “Margaritas” de Rachmaninov.

Las propinas confirmaron lo que el público intuía —y parece que deseaba— desde el inicio: el verdadero reino de Marina Rebeka es la ópera. El Bolero de I vespri siciliano evidenció su capacidad para afrontar una coloratura compleja con voz de fuste; “Vissi d’arte” se benefició de su legato y aliento; y el cierre con “Ebben?, ne andrò lontana” de La Wally fue, sin discusión, el momento más convincente y ovacionado de la noche, con metal, expansión y autoridad teatral. Rebeka es una cantante profundamente consciente de su dimensión dramática. Incluso sin el respaldo orquestal, logra construir personajes desde la voz, sin recurrir a gestos superfluos ni a una teatralidad impostada. Su canto es el vehículo expresivo, y en él se apoya toda su interpretación.
Marcos Madrigal fue un aplicado servidor de la gran cantante que supo capitalizar sus intervenciones solistas arrancando un sonido al piano casi tan opulento como el de Rebeka. El balance final deja una impresión clara: excelencia vocal incuestionable, técnica admirable y presencia arrolladora, pero una adecuación desigual al formato del lied, donde la emoción quedó a menudo sepultada bajo la perfección técnica. El público, ávido de grandes voces, celebró con entusiasmo una exhibición sonora que en vivo resulta impactante.
Madrid (Teatro de la Zarzuela), 15 de diciembre de 2025. XXXII Ciclo de Lied del CNDM y el Teatro de la Zarzuela. Marina Rebeka, soprano. Marcos Madrigal, piano. Obras de Verdi, Tosti, Respighi, Cui, Chaikovski y Rachmaninov.













