Crítica: Recital de Juan Diego Flórez en la Quincena Musical Donostiarra

OW    Crítica: Recital Flórez Quincena Donostiarra  Por Natan González  

La nueva edición de la Quincena Musical/Musika Hamabostaldia de Donostia, en la que este año se echa en falta la ópera, ya sea en forma escenificada o de concierto, se abría por todo lo alto, y con gran interés para los aficionados a la lírica, con un recital del tenor peruano Juan Diego Flórez, que regresaba al festival tras más de 20 años de ausencia, acompañado del pianista Vincenzo Scalera. 

Antes del comienzo se anunció por megafonía que el tenor llevaba unos días con una afección de garganta, por lo que se le agradecía que, pese a ello, fuera a cantar esa noche. El tenor dispuso en todo momento de una mesa a su lado con agua, spray bucal y pañuelos, que usó abundantemente durante el recital. El público iba con tantas ganas de disfrutar que le llegó a aplaudir sólo por sonarse los mocos, literalmente. Por lo demás, excepto por el cambio o supresión de algunas de las páginas previstas en el programa de mano, no se apreciaba en la voz de Flórez ningún problema asociable a un resfriado.  Crítica: Recital Flórez Quincena Donostiarra

Juan Diego Flórez en San Sebastián / Foto:
©Quincena Musical-Iñigo Ibáñez

Ya desde las primeras notas se pudo apreciar que la voz de Flórez ha cambiado poco en esos 20 años de ausencia: sigue siendo lírico-lígera, clara, flexible y de agudo brillante. Lo que sí ha cambiado, al menos en parte, es el repertorio. Y ahí es donde está el problema. El recital se abrió con 3 canciones de Bellini: “Malinconia, ninfa gentile”, Vaga luna che inargenti” y “La ricordanza”. Está fuera de dudas que Flores puede con ellas tanto por tesitura como por fiato. Y reconozcamos que no es nada fácil aguantar las larguísimas melodías del catanés. El problema de Flórez viene de un fraseo poco inspirado, que no logra transmitir la poesía de estas páginas. Si bien en “La ricordanza” pudo disimular a base de dramatismo, en el “Vaga luna” esta opción no vale. Si bien intentó matizar, se echó en falta un mayor juego de reguladores, de colorear la voz y de decir cada sílaba del texto. 

La cosa cambió de inmediato al interpretar dos canciones de Rossini, “La lontananza” y “L’esule” (ambas pertenecientes a sus “Péchés de vieillesse”) y otra de Donizetti, “Ah! Rammenta, o bella Irene” (en este caso de una etapa bastante temprana de su carrera, compuesta en 1830). Aquí las melodías son más breves, más rítmicas, ricas en ornamentaciones y con fulgurantes ascensos al agudo. Y ahora sí, Flórez pudo lucir lo mejor de sí en un repertorio en el que sigue siendo imbatible. La voz no ha perdido en absoluto su vertiginosa flexibilidad, y ahora sí el resultado fue óptimo. Entre las dos piezas de Rossini y la de Donizetti, el pianista Vincenzo Lavigna interpreto a solo la bagatella de los “Péchés de vieillesse” con absoluta facilidad.

Estaba previsto que la primera parte del recital concluyera con el aria “Si, ritrovarla io giuro” de La Cenerentola, pero sus alambicados agudos podían poner en serios apuros al resfriado Flórez, por lo que optó por sustituirla por el aria de Giocondo “Oh come il fosco – Quell’alme pupille” de La pietra del paragone del mismo compositor. A diferencia del aria de Cenerentola, ésta fue escrita para el baritenor Claudio Bonoldi, por lo que su tesitura es más central, pero no por ello menos pirotécnica, por lo que Flórez pudo lucir sus mejores virtudes sin arriesgar demasiado en el agudo. Eso sí, hay algunos graves que en principio podrían poner en apuros a tenores de voz aguda como la de Florez, pero el peruano los resolvió con solvencia.

La segunda parte comenzó también a muy buen nivel con tres romanzas de zarzuela. Para el “Bella enamorada” de El último romántico se escogió un tempo bastante apresurado (como ya había sucedido con el “Vaga luna” belliniano), pero Flórez se mostró cómodo con los floreos e incluso incorporó algún agudo no escrito. Mejor fue, si cabe, con la canción de “El guitarrico” y con la canción guajira de La alegría del batallón, en la que, gracias a su idiomatismo, supo sacar toda la gracia de las páginas. En el caso de la canción guajira, Flórez jugó con el rubato y alargó notas y pausas, haciendo así más destacable su complicidad con Vincenzo Scalera, que le acompañó en todo momento con absoluta precisión. Para rematar la sección latina, el maestro Scalera interpretó la mazurca Glissando de Ernesto Lecuona con absoluto virtuosismo y precisión en los citados glissandi. 

La siguiente sección estuvo dedicada a la ópera francesa, cantando Flórez el “Pourquoi me reveiller” de Werther y el “Ah, leve-toi, soleil” de Roméo et Juliette. Y aquí de nuevo sus carencias se impusieron a sus virtudes. Tiene voz para cantarlas, tiene volumen, pero quizá la voz no tiene cuerpo, por lo que los agudos sonaban forzados y bruscos para resultar potentes. El fraseo tampoco consigue transmitir la poesía de ambas páginas, y el tenor evita los filatos y pianísimos en mixto que exigen ambas páginas. El “Viens, parais” final del aria de Roméo, en lugar de recoger la voz como pide una escena de nocturno, fue una nota forzada, potente pero absolutamente anticlimática. Pero el público enloqueció. Vincenzo Scalera remató la sección francesa con una preciosa versión del Breceuse de la ópera “Jocelyn” para piano solo. El programa del recital concluía con el aria “La mia letizia infondere” de I Lombardi a la prima crociata (de la que se omitió la prevista caballeta). Flórez estuvo aquí más suelto, y la voz sonó más libre y menos forzada. Crítica: Recital Flórez Quincena Donostiarra

Para los bises, Flórez cogió su guitarra y nos freció una magnífica versión del tango “Volver” de Carlos Gardel, su tradicional popurrí de valses peruanos que incluía la célebre “La flor de la canela” y una magnífica versión del huapango “Cucurrucucú paloma”, en la que lanzó un falsete perfectamente proyectado, audible hasta en las últimas filas del nada cómodo Kursaal, con un fiato envidiable que hizo que el público comenzara a murmurar de aprobación cuando el tenor seguía emitiendo la nota por segundos y segundos. Y, para concluir, de nuevo con el maestro Scalera acompañando al piano, una más que notable versión de la “Mattinata” de Ruggero Leoncavallo. 

En resumen, luces y sombras. En ciertos repertorios Flórez no está a la misma altura a la que nos acostumbra. En otros sigue siendo una referencia indiscutible. Con las entradas agotadas y el auditorio a rebosar, el público aplaudió con fervor, pensando probablemente que éste es “el concierto” de esta edición de la Quincena. Veremos si es así. Crítica: Recital Flórez Quincena Donostiarra


San Sebastián (Auditorio Kursaal), 2 de agosto de 2026. Recital de Juan Diego Flórez (tenor) y Vincenzo Scalera (piano).

Obras de Bellini, Rossini, Donizetti, Soutullo y Vert, Pérez Soriano, Serrano, Lecuona, Massenet, Gounod, Godard  y Verdi. Crítica: Recital Flórez Quincena Donostiarra