Por Natan González OW Crítica Requiem Berlioz Quincena Musical
La presente edición de la Quincena Musical Donostiarra no cuenta con ninguna ópera, ni siquiera en versión concierto (como sucediera el año pasado con dos importantes eventos, la recuperación de la ópera vasca Amaya de Jesús Guridi y la muy aplaudida interpretación de West Side Story de Leonard Bernstein). Parece que, como ya se hiciera hace 3 años con la programación de la Octava sinfonía de Gustav Mahler, este año se haya querido apostar por una obra sinfónico-coral de enorme magnitud para compensarlo, con la programación del monumental Requiem del compositor francés Hector Berlioz, que requería reunir a las dos orquestas sinfónicas vascas más importantes (la de Euskadi y la de Bilbao) y a dos de las más prestigiosas agrupaciones corales de la capital gipuzkoana, el Orfeón Donostiarra y la Coral Easo. Crítica Requiem Berlioz Quincena Musical

Pero lo que en Mahler es emoción, en Berlioz suena más a exhibicionismo vacío. Se podría juzgar que el presunto ateísmo del autor jugó en su contra, pero ¿cuántos compositores hay que, definiéndose de igual manera, nos regalaron misas y réquiems de gran impacto emocional? Pensemos en Schubert, por ejemplo, o en el ámbito directo de los réquiems, en Verdi o en Brahms. Berlioz, uno de los presuntos padres de la música programática, no consiguió entrar aquí en el programa de su música. Podría argumentarse igualmente que la obra, más que una misa litúrgica, es una ceremonia de exaltación patria. Pero, de nuevo, Berlioz no pasa de efectista: el Dies Irae/Tuba Mirum suena contundente por el uso apabullante de metales y percusión, pero no suena terrorífico como Verdi o reverente como Mozart, suena ruidoso. El Hosana no tiene ni la pompa de una ceremonia patriótica ni el recogimiento de una acción de gracias a dios de una ceremonia religiosa. Mucha vistosidad pero poco contenido. Crítica Requiem Berlioz Quincena Musical
Pero claro, si hay mucha vistosidad, los intérpretes tiene lugar para lucirse… o para fracasar absolutamente. Y más teniendo en cuenta la necesidad de unir varias agrupaciones diferentes bajo una misma batuta: conseguir que suenen como un todo conjunto es un reto mayúsculo, y Erik Nielsen (quien fuera director titular de la sinfónica de Bilbao entre 2015 y 2024) consiguió unificar a las dos orquestas y que sonaran como un todo. Siempre atento a cada parte (desde el coro hasta las diferentes fanfarrias de metales que se distribuían por el auditorio), marcando las entradas con precisión, dirigiendo la obra con energía y sentido dramático. Las cuerdas sonaron compactas y robustas (repito, siendo de dos agrupaciones diferentes, es todo un mérito), mientras los metales distribuidos por la sala sonaron afinados y bien timbrados. La percusión fue contundente, aunque raro hubiera sido que no lo fuera con 16 timbales y 2 bombos. Nielsen supo dar contundencia a los momentos que lo requerían, pero también jugar con las diferentes texturas orquestales en los pasajes de mayor lirismo. Crítica Requiem Berlioz Quincena Musical
Algo similar sucedió con las dos agrupaciones corales: consiguieron sonar como una única, moviéndose con absoluta solvencia entre los pasajes más recogidos y los más exuberantes. El sonido de las voces femeninas consiguió en no pocos momentos esa ligereza casi etérea en el registro agudo que caracteriza a ambas formaciones, mientras los bajos lucieron una rotundidad que llenaba el auditorio. Las agrupaciones corales fueron, sin duda y merecidamente, las grandes triunfadoras en los aplausos finales.
El estadounidense John Matthew Myers fue el encargado de cantar la parte solista del tenor en el Sanctus. La tesitura imposible que Berlioz le escribe le hizo pasar apuros y le provocó algún accidente vocal, pero aún así se pudieron apreciar sus virtudes: voz clara, limpia, bien emitida, de volumen más que suficiente y con buen gusto en el fraseo. La tesitura era suficiente, pero claro, cuando Berlioz te hace cantar todo el rato en esa zona de paso casi al límite, es muy difícil superar todas las notas.
Como es habitual cuando cantan las agrupaciones corales, el auditorio Kursaal estaba completamente lleno, y el público aplaudió con satisfacción. Al margen del buen hacer de los músicos, es obvio que el efectismo todavía funciona entre el público, aunque algunos nos quedáramos con ganas de más emoción sincera. Ojalá la tengamos en las próximas citas corales de esta edición de la Quincena Musical.
San Sebastián (Auditorio Kursaal), 19 de agosto de 2026
Programa: Héctor Berlioz: Grande Messe des morts/Requiem, op. 5, sobre el texto tradicional de la misa de difuntos del rito católico, estrenado en la Iglesia de San Luis de los Inválidos de París el 5 de diciembre de 1837.
Orquesta Sinfónica de Euskadi/Euskadiko Orkestra y Orquesta Sinfónica de Bilbao/Bilbao Orkestra Sinfonikoa: director: Erik Nielsen.
Coro: Orfeón Donostiarra (director: Txomin Maidagan) y Easo Abesbatza (director: Gorka Miranda).
Tenor: John Matthew Myers.Crítica: Réquiem Berlioz Quincena Musical













