Crítica: «Roméo et Juliette» con Ismael Jordi y Julia Muzychenko

OW                                Crítica: «Roméo et Juliette» Jordi                       Por María Pardo

Roméo et Juliette en el Teatro Real: elenco de altura para una producción tan fascinante como controvertida

Las funciones del segundo elenco de Roméo et Juliette, han permitido comprobar que el éxito de la nueva producción del Teatro Real no depende exclusivamente de los nombres del reparto de estreno. La propuesta escénica de Thomas Jolly mantiene intacta su capacidad para deslumbrar visualmente y para generar imágenes de gran impacto, aunque también deja al descubierto algunos de sus excesos.

Una escena de «Roméo et Juliette» en el Teatro Real / Foto: Javier del Real

La producción impresiona desde el primer momento por la riqueza de sus recursos visuales. Todo está cuidadosamente diseñado para crear un universo reconocible, estilizado y profundamente teatral. El vestuario de Sylvette Dequest combina elementos de inspiración renacentista con otros claramente contemporáneos —botas militares, camisetas sin mangas y diversos detalles modernos— que construyen una estética deliberadamente atemporal. La paleta cromática, dominada por el rojo, el negro y el blanco, aporta una gran coherencia visual a todo el espectáculo. Por ello resulta especialmente eficaz la aparición del veneno en un verde brillante que rompe de forma radical el esquema de colores y concentra inmediatamente la atención del espectador en la trama.

Sin embargo, la propuesta también acusa cierta tendencia al exceso. Thomas Jolly parece decidido a que siempre ocurra algo sobre el escenario. Figurantes, bailarines, movimientos simultáneos y constantes estímulos visuales convierten especialmente el primer acto en una experiencia de enorme densidad escénica. Como ocurre en determinadas producciones cinematográficas contemporáneas, la acumulación de imágenes termina por saturar la atención y, en algunos momentos, el foco se desplaza de los intérpretes y el desarrollo dramático hacia la propia maquinaria visual del espectáculo, en la que, como espectador, uno se queda con la sensación de que se ha perdido muchas acciones. La producción está además llena de referencias visuales que evocan otros grandes títulos del teatro musical. La escena de máscaras en la escalinata recuerda inevitablemente a la escena de Masquerade de The Phantom of the Opera, así como las escenas que incluyen la barca; algunas secuencias colectivas remiten por momentos a West Side Story; y el tratamiento escénico del coro en determinadas escenas hace pensar en la fuerza visual de Les Misérables. Son referencias que el espectador reconoce con facilidad y que contribuyen a la espectacularidad del conjunto. Crítica: «Roméo et Juliette» Jordi

A ello se suma un diseño de iluminación firmado por Antoine Travert que, pese a su indudable belleza, abusa de la penumbra durante largos pasajes de la representación. La oscuridad contribuye a la atmósfera trágica de la obra, pero en ocasiones dificulta la percepción de la acción y resta claridad a determinados momentos dramáticos. Aún así, esa oscuridad contiene muy bien elegidos los puntos de luz sobre los que destacar la acción. Uno de los mayores aciertos de la producción es la coreografía de Josepha Madoki. Los bailarines dejan de ser un mero elemento decorativo para convertirse en parte esencial del discurso dramático. La utilización del waacking, con sus movimientos expresivos y su poderosa teatralidad, encaja sorprendentemente bien con el universo visual concebido por Jolly. El resultado es hipnótico en numerosos momentos y genera algunas de las imágenes más memorables de la representación. No todos los aspectos escénicos alcanzan el mismo nivel. Las escenas de lucha, dirigidas por Ran Arthur Braun, fundamentales en una historia marcada por la violencia entre Capuleto y Montesco, resultan algo deslucidas. La sensación es la de unos combates ejecutados con cierta cautela y escasa convicción, faltos de la tensión física y dramática que exige la trama.

En el apartado musical, el segundo elenco ofreció un rendimiento sobresaliente. Julia Muzychenko, nacida en San Petersburgo, compone una Juliette de gran categoría, segura vocalmente, expresiva y siempre comprometida con el personaje. Su interpretación evoluciona con naturalidad desde la ingenuidad juvenil del primer acto hasta la intensidad trágica del desenlace, construyendo además una relación plenamente creíble con Roméo. A su lado, Ismael Jordi afronta el exigente papel protagonista con inteligencia y experiencia. Conoce perfectamente las exigencias del rol y administra sus recursos con admirable criterio, manteniendo siempre la elegancia de la línea de canto y evitando cualquier exceso. Su Roméo resulta sincero, estilísticamente adecuado y musicalmente muy sólido. La química entre ambos cantantes sostiene buena parte de la representación y permite que el drama alcance una notable intensidad emocional. Entre los secundarios destacó especialmente Fray Laurent, del bajo francés Jean Teitgen, magnífico por la redondez de su emisión, la calidad de su proyección y la autoridad que imprimió al personaje. También brilló el Mercutio de Carles Pachón, dueño de una voz siempre presente y de una notable prestancia escénica que hizo especialmente atractivas todas sus intervenciones. El paje Stéphano de la mezzosoprano donostiarra Carmen Artaza fue otro de los triunfos de la noche. Su interpretación de la célebre aria de la tórtola recibió una de las ovaciones más cálidas de la función, plenamente merecida por su musicalidad, frescura y excelente presencia escénica. Crítica: «Roméo et Juliette» Jordi

Una escena de «Roméo et Juliette» en el Teatro Real / Foto: Javier del Real

Muy buen nivel mostró también Jean-Fernand Setti, mientras que Tomeu Bibiloni firmó un excelente Pâris. David Lagares cumplió con oficio como Duque de Verona. Menos destacado resultó David Alegret, correcto, pero algo por debajo del nivel general del reparto. Aunque algunas de sus intervenciones quedaron parcialmente cubiertas por la orquesta, Sonia Ganassi compuso una nodriza de gran verdad teatral, convirtiendo a Gertrude en una figura entrañable y plenamente creíble. El resto del elenco —Josep-Ramón Olivé, Pablo Martínez, Javier Castañeda, Laura Suárez, Elena Castresana y Bartomeu Guiscafré— contribuyó eficazmente a la solidez general de la representación. Mención especial merece el Coro del Teatro Real, auténtico protagonista de algunos de los momentos más emocionantes de la velada. Su intervención en “Ô jour de deuil!” alcanzó una intensidad extraordinaria, combinando potencia sonora, homogeneidad y una admirable capacidad expresiva.

Precisamente en esos grandes conjuntos se percibió una dirección musical especialmente inspirada por parte de Carlo Rizzi. Resulta llamativo que algunas crónicas del estreno señalaran una supuesta falta de impulso dramático en su lectura. Al menos en la función del 3 de junio, la impresión fue muy distinta. Rizzi condujo la partitura con firmeza, sensibilidad teatral y una atención constante a los contrastes emocionales de la obra. La respuesta del público pareció confirmarlo: lejos de los abucheos de la noche del estreno, el maestro fue recibido con una cálida y prolongada ovación al reaparecer en el foso tras el intermedio.

Una escena de «Roméo et Juliette» en el Teatro Real / Foto: Javier del Real

Esta Roméo et Juliette es, en definitiva, una producción tan fascinante como discutible. Su exuberancia visual y su poderosa imaginación escénica conviven con ciertos excesos que a veces distraen de lo esencial. Pero cuando la escena, la música y unos intérpretes de tan alto nivel consiguen alinearse, el resultado alcanza momentos de auténtica emoción teatral. Y eso, al final, es lo que permanece en la memoria del espectador.


Madrid (Teatro Real), 3 de junio de 2026    Roméo et Juliette   

Dirección musical Carlo Rizzi                                        Dirección de escena Thomas Jolly

Escenografía: Bruno de Lavenère. Vestuario: Sylvette Dequest. Iluminación: Antoine Travert. Coreografía: Josépha Madoki. Dirección de lucha: Ran Arthur Braun. Dirección del coro: José Luis Basso

Elenco: Julia Muzychenko, Ismael Jordi, Jean Teitgen,Carles Pachon, Carmen Artaza, Jean-Fernand Setti, David Alegret, Sonia Ganassi, David Lagares, Tomeu Bibiloni, Josep-Ramón Olivé, Pablo Martínez, Javier Castañeda, Laura Suárez, Elena Castresana, Bartomeu Guiscafré. Crítica: «Roméo et Juliette» Jordi 

Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real