Por Daniel Lara Crítica: Puértolas Flórez traviata” Real
Como broche final de su exitosa temporada 2024-25, el Teatro Real de Madrid subió a escena la popular ópera verdiana La traviata convocando un reparto vocal de rutilantes estrellas de la lírica actual y presentando por primera vez en la casa la promocionada y controvertida producción escénica del afamado director alemán Willy Decker. En esta ocasión, las mayores satisfacciones provinieron de las voces. Reemplazando a último momento a la soprano estadounidense Nadine Sierra originalmente prevista, con un gran triunfo se alzó la soprano aragonesa Sabina Puértolas quien asumió con gran mérito el desafío de la sustitución saliendo victoriosa “cum laude” de su cometido. Lo que no fue poco, teniendo en cuenta que, a las exigencias vocales propias de la implacable parte protagonista, se sumaron las de la puesta en escena que la obligó a saltar, bailar, tirarse al suelo, subir y bajas sillones, etc., y además a cantar el segundo y tercer acto de corrido sin descanso. En la piel de la descarriada Violetta, Puértolas hizo un muy buen primer acto, destacando por el lirismo e intensidad que su canto en un “È strano, è strano!…” de manual y al que coronaría luego con una cabaletta “Sempre libera” resuelta con coloraturas ágiles y agudos seguros. En el segundo acto y con los motores calientes, sus crispadas interacciones con Giorgio Germont y su apasionado “Amami Alfredo” le sirvieron para meterse al publico en el bolsillo. A medida que avanzó la noche, su interpretación ganó en profundidad e intensidad, pero también, seguramente a causa del cansancio, hizo que su voz se tornase más metálica y acusara un ligero vibrato que afectó la calidad de su canto. Cargada de dramatismo y generosa en matices, su aria “Addio dal passato…” la hizo acreedora a una ensordecedora ovación que casi la obligó a un bis.

Adorado por el público madrileño, gran expectativa generó la presencia del carismático tenor Juan Diego Flórez a como Alfredo Germont. Artista de indiscutible talla y prestigio, Flórez ofreció una caracterización correcta de un rol donde no se lo escuchó del todo cómodo y cuyas exigencias dramáticas lo llevaron al límite de sus posibilidades. Con una voz lozana y fresca, el tenor peruano ofreció una interpretación muy honesta, sin nunca forzar ni intentar ofrecer un color de voz que no fuese el suyo. Destacó por su canto natural, dúctil y refinado, que proyectó con efectividad y apabullante dominio técnico. Su mayor lucimiento lo obtuvo -gracias a la complicidad del director de orquesta en cuanto a tiempos y volumen de la orquesta- en los pasajes más liricos, donde su cuidada línea de canto, su perfecto legato y su fraseo cincelado con gran refinamiento convirtieron en oro cuanta nota cantó. Sus dúos con la soprano “Un dî felice…” y “Parigi, o cara…” interpretados con una emotividad a flor de piel hubiesen conmovido incluso a una piedra. En el aria “Lunge da lei…” sin embargo su labor pasó sin pena ni gloria. Cumplió y fue muy festejado en los saludos finales, aunque claramente este no sea el repertorio donde pueda sacar el mayor partido de sus medios vocales. Como su padre, Giorgio Germont, el joven barítono albanés Gëzim Myshketa exhibió una voz potente, cálida y bien esmaltada que, aunque algo monocorde y con algún problema en la emisión de sus agudos, mostró su buena escuela y dejó una grata impresión. Crítica: Puértolas Flórez traviata” Real

Desafortunadamente, el trabajo de los cantantes secundarios -todos sólidos y efectivos- se perdió en medio de toda La muchedumbre que vestida -hombres y mujeres- de riguroso smoking se lo pasó moviéndose de un lado al otro del escenario. Únicos identificables: el veterano y oficioso bajo italiano Giacomo Prestia quien fue un lujoso y sonoro Doctor Grenvil y la mezzosoprano catalana Gemma Coma-Alabert, remarcable Annina de gran sólidez vocal y sensibilidad interpretativa. El coro de la casa, que dirigió con pulso firme el argentino José Luis Basso, no sólo salió ileso al atlético desempeño que le impuso la regie, sino que además se lo oyó en muy buena forma. Desde el foso, el director de orquesta húngaro Henrik Nánási obtuvo un muy buen rendimiento de los músicos, en especial en los preludios al acto primero y tercero donde ofreció momentos de exquisito, cuidado y bellísimo lirismo. En el resto de la ópera, su dirección fue equilibrada, detallista, contrastante y bien concertada, aunque demasiado complaciente a las necesidades de los solistas vocales. Estrenada en el festival de Salzburgo en el 2005, la conceptual producción escénica del director alemán Willy Decker, cuyo estreno en Madrid fue previsto originalmente para el 2020 y que debió ser suspendido por la pandemia, siguió dando tanta tela para cortar como el primer día. Promocionada hasta el hartazgo con el pretexto de darle un aire renovador a la ópera, Decker sirvió un espectáculo que hizo focus en el inevitable paso del tiempo, en el amor frente a las imposiciones sociales y en el mundo machista y patriarcal al que debe hacer frente la protagonista. El resultado fue un espectáculo con interesantes recursos teatrales, coherente y atractivo con si mismo, que preservó en líneas generales la esencia de la trama, pero manipulándola a su antojo y generando incoherencias entre lo que se decía y lo que se veía. En esta línea y sólo por citar algunos ejemplos: Violeta asistió al momento en que Annina reveló a Alfredo la venta de sus bienes; el Doctor Grenvil deambuló por la escena simbolizando a la muerte y una “drag queen”, vestida como Violeta, fue la encargada de amenizar la fiesta del segundo acto. Todas estas ideas del director de escena funcionaron a la perfección con el universo estético que buscó imponer, pero se dieron de patadas tanto con el libreto de Piave como el libro de Dumas sobre el que se basa la trama de la ópera.

La escenografía, que firmó Wolfgang Gussmann, también responsable del vestuario, situó la acción en un espacio casi vacío donde unos pocos elementos resolvieron mínimos requerimientos del libreto, lo que no incluyó una cama donde la pobre Violeta pudiese morir dignamente ¡como Dios y el libreto manda! Ayudaron a superar el mal trago, el atractivo vestuario de Gussmann, la siempre adecuada iluminación de Hans Toelstede y las impecables coreografías de Athol John Farmer. Al finalizar la ópera, un público entusiasta y ávido por aplaudir a cualquier precio, hizo que ninguno de los intérpretes regresara a casa sin su correspondiente ovación. Crítica: Puértolas Flórez traviata” Real
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Madrid (Teatro Real), 20 de julio de 2025. Giuseppe Verdi: La traviata Produccion de la Dutch National Opera & Ballet.
Dirección de musical: Henrik Nánási. Dirección del coro: José Luis Basso
Direccion de escena: Willy Decker.
Elenco: Sabina Puértolas, Karina Demurova, Gemma Coma-Alabert, Juan Diego Flórez, Gëzim Myshketa, Albert Casals, Tomeu Bibiloni, David Lagares, Giacomo Prestia, Joan Laínez, Ihor Voievodin. OW Crítica: Puértolas Flórez traviata” Real
Orquesta y coro titulares del Teatro Real.













