Crítica: Serena Sáenz y Vespres d’Arnadí en Valencia

OW  Por Pedro Valbuena Crítica: Serena Sáenz Vespres Valencia

Ha comenzado la quinta edición del ciclo Les Arts és Barroc i Música Antiga, que viene teniendo una excelente acogida de crítica y, sobre todo, de público desde su inicio. Se trata de cuatro conciertos que se celebran en el teatro de cámara Martín y Soler del complejo de Les Arts, con la excepción del segundo, que tendrá lugar en la bellísima iglesia de San Nicolás, marco incomparable, con buena acústica, pero algo ruidoso por su ubicación en pleno centro de Valencia. Dependiendo de cómo se consulte la programación del Palau, uno puede ver cómo el número de eventos relacionados con este ciclo oscila notablemente, y es que aquellos conciertos o representaciones de temática barroca que forman parte de la temporada operística o que se encajan en la agenda a posteriori no forman, en esencia, parte de este ciclo. Me estoy refiriendo concretamente al Orlando y al Giulio Cesare de Hänndel. Sea como fuere, lo cierto es que el ciclo se consolida y el público responde.

En esta ocasión, la encargada de abrir ha sido la formación catalana Vespres d’Arnadí, dirigida desde el clave por uno de sus fundadores, Dani Espasa, y con la participación de la soprano barcelonesa Serena Sáenz, que ya tuvo oportunidad de brillar sobre las tablas de la sala principal en la memorable versión de La flauta mágica que dirigió McBurney hace dos años. El programa de hoy, bastante manido, por cierto, recurría a los grandes éxitos del periodo tardo-barroco que cantantes de la talla de Bartoli ya han acercado al gran público con resultados difícilmente superables. Los compositores convocados, Vivaldi, Rameau y Haendel, constituían asimismo un reclamo irresistible.

Serena Sáenz / Foto: Pablo Piquero

Vespres d’Arnadí es una orquesta que sigue el esquema de idealización rayana en el falso histórico, por el cual se establece una plantilla de seis violines, dos violas, dos cellos, un contrabajo y el cémbalo, tal como establecieron las agrupaciones pioneras del revisionismo histórico, como I Musici o I Solisti Veneti. A esta distribución se sumaron archilaúd, traverso, oboe y fagot para enriquecer cromáticamente el conjunto, con un muy buen resultado sonoro. Aprovechamos para resaltar el delicado trabajo del laudista. Crítica: Serena Sáenz Vespres Valencia

Comenzó el concierto con la conocidísima obertura de Dorilla in Tempe del Prete Rosso, que resultó algo corta de energía. Sobre los acordes finales, que citan el celebérrimo ritornello de La Primavera, apareció en escena la señora Sáenz, que atacó sin solución de continuidad el aria «Sposa son disprezzata» (que, por cierto, no es de Vivaldi, sino de Giacomelli). Fue cantada con una afinación prácticamente perfecta y adornada con un Da Capo elegante y contenido. Los fraseos fueron de una gran finura, pero la orquesta aún no había despertado del todo, o quizá aún no era conscientes de la sequedad del espacio en el que estaba tocando. A continuación comenzaron los fuegos de artificio de la endiablada aria de bravura «Alma oppressa», que fue interpretada por la barcelonesa con pasmosa facilidad. El momento más lucido para la orquesta vino de la mano de Rameau y su suite de Les Indes Galantes. Aquí quedó demostrada la disciplina y calidad de los intérpretes, especialmente en los furiosos pasajes rápidos escritos en unísono, en los cuales el más mínimo fallo queda inmediatamente en evidencia. No fue el caso.

A renglón seguido se interpretaron dos arias, de melancólica belleza y algo soporíferas —para qué nos vamos a engañar—, que pudieron salvarse merced al gracejo de la cantante y el buen hacer de la concertino. Cerrando el programa y garantizando el buen sabor de boca final, aparecía Haendel con tres de sus más famosas arias (aunque no de las mejores) y un concerto grosso. Tu del ciel ministro eletto fue cantada con una maestría incomparable y la orquesta respondió con un acompañamiento preciso y ligero: probablemente, el momento más sublime de toda la velada. La arcaizante y hermosa melodía de «Lascia la spina» también sonó preciosa, pero, desgraciadamente, una señora sentada detrás de mí la reconoció de inmediato y decidió canturrearla paralelamente, hasta que decidí fulminarla con una mirada de desaprobación que tuvo un efecto inmediato.

Tal fue el éxito del recital que los intérpretes se vieron impelidos regalar al respetable una obra fuera de programa, y no tuvieron idea más temeraria que recurrir a otro tópico del repertorio: la dificilísima «Agitata da due venti». Sáenz, cuya técnica y musicalidad están fuera de toda cuestión, se las vio y se las deseó para mantenerse a tempo, y hubo de podar ligeramente algunas agilidades con el saludable propósito de respirar en algún sitio. Crítica: Serena Sáenz Vespres Valencia

Llevada por la emoción, vino a derribar un atril que a punto estuvo de caer sobre el maltrecho pie de la concertino, que no había podido levantarse ni a saludar porque lo llevaba vendado. Más aplausos, más vítores y más propinas. En este caso, un aria di carattere que es una escena en sí misma, «Piangerò la sorte mia», en la que, por agotamiento o desconcentración, se produjo el único fallo reseñable de todo el programa: una entrada en falso que supongo que pasó bastante inadvertida.

Éxito clamoroso y aplausos largamente mantenidos para despedir una velada de barroco facilón, pero de extrema dificultad.


Valencia (Palau de les Arts), 9 de abril de 2025.  Ciclo Les Arts és barros i música antiga.   Obras de Vivaldi, Rameau, Händel.

Serena Sáenz, soprano.   Vespres d’Arnadí, Dani Espasa (director).