Crítica sobre Otello en el Teatro Argentino de La Plata

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Crítica sobre Otello en el Teatro Argentino de La Plata
Escena de Otello en el Teatro Argentino de La Plata

Una interesante y aclamada versión de Otello en el Teatro Argentino de La Plata. 

Para muchos, Otello es la ópera italiana más perfecta del siglo XIX, pero más allá de definiciones tan categóricas es indudable que Verdi rozó con ella alturas poco frecuentes.

La existencia de un libreto en el que Boito supo recrear el drama shakesperiano sin restarle riqueza al original del bardo inglés, despertó en el compositor sus mejores cualidades alcanzando el tan ansiado drama musical en el que texto y música se funden complementándose de manera tal de saldar el tradicional dilema sobre la primacía de alguno de los dos componentes.

Verdi decide romper su aislamiento y su retiro de la creación operística (recordemos que su último estreno había sido Aida, en 1875) y esta vuelta al ruedo da cuenta de cuánto impactó la obra en su sensibilidad.

En el libreto de Boito se produce una alteración de la centralidad de los personajes, volviendo a Iago el Deus ex Machina de esta tragedia al manipular a Otello producto de su propia esencia maligna más que por las razones “racionales” del argumento y probablemente, en un compositor fascinado siempre por los “tipos”, por los “caracteres”, por la psicología de los personajes, esta era una ocasión difícil de rechazar para expresar en música el misterio del alma humana.

El Teatro Argentino de La Plata conoció esta obra desde su nacimiento, ya que con ella se inauguró en 1890, a pocos años del estreno mundial (Milán, 1887) y, aunque su presencia en las programaciones de la sala bonaerense no ha sido muy frecuente, cada aparición en su escenario genera una ansiosa expectativa.

En la ocasión que reseñamos, el regisseur Pablo Maritano nos presentó un drama de profundas -e ineludibles- referencias shakesperianas subrayadas por la escenografía de Enrique Bordolini, que se asociaba espacialmente al diseño del célebre teatro El Globo de Londres, donde el poeta-actor desarrolló gran parte de su carrera; y por el vestuario diseñado por Sofía Di Nunzio – de una belleza impactante- que señalaba indubitablemente la época acorde a los deseos del autor.

Escena de Otello en el Teatro Argentino de La Plata
Escena de Otello en el Teatro Argentino de La Plata

Su visión de esta pieza centró el foco en Iago, resaltando su carácter de factotum haciendo girar en torno suyo la ventura y desventura de los restantes personajes. Esta elección que puede resultar en detrimento del carácter protagónico de Otello, reafirmó el tema central del drama que es el mal más que los circunstanciales celos de los que este te vale para actuar.

Muy acertadas resultaron la resolución de dos momentos de difícil plasmación escénica de la obra como lo son el coro “Fuoco di gioia” y la escena de la ofrenda a Desdémona, la primera a través de un juego de máscaras cabezudas -propias de la dramaturgia popular de la época- representando la lucha del moro contra el infiel; y la segunda con una pantomima del nacimiento de Venus con claras referencias isabelinas.

Profundo impacto causó, por su parte, en la escena final, la huída de Iago previo desgarro del telón negro que cubría el fondo del escenario dejando a los protagonistas en el centro del patio del Globo londinense.

El celoso moro halló en José Azócar un buen intérprete, muy lucido en lo vocal y correcto en lo actoral. En este último punto se aprovechó cierta inmovilidad para destacar la “fragilidad” de la psicología del personaje. En lo vocal, hizo gala de potencia, colores oscuros y una intensidad dramática que llegó a su punto culminante en un memorable final.

Daniela Tabernig compuso una interesante Desdémona en su Otello en el Teatro Argentino de La Plata, con una bella intervención en el dúo del primer acto y una encantadora “canción del Sauce”. Su “Ave María” conmovió sin ambages. Un tanto desigual en los actos restantes. Se impuso con una voz que corre sin fisuras y matiza con gusto.

Sergio Spina nos brindó un muy buen Cassio, comprometido en lo escénico y bien cantado. Otro tanto puede decirse de los Montano de Mario De Salvo, del Lodovico de Carlos Esquivel y del Rodrigo de Maximiliano Agatiello.

Mariana Carnovali supo sacarle el jugo al corto papel de Emilia al que sirvió con buena voz y clara dicción a la par de una teatralidad convincente.

Un párrafo aparte merece el barítono Fabián Velóz quién compuso un antológico Iago rico en matices, cínico, manipulador, despreciable y a la par con esa doble cara imprescindible para que sus planes lleguen a buen puerto. Cantó con una voz pareja y de buen caudal que sabe responder a los deseos expresivos del intérprete sostenido en un fraseo elegante, buen fato y grato color. Su trabajo recibió la ovación más sostenida y contundente de la velada. Bravo!

Destacada fue la labor del Coro Estable del Teatro, bajo la dirección de Hernán Sánchez Arteaga, que reafirmó una vez más sus cualidades que son muchas a la hora del canto y en el compromiso actoral.

La dirección sapiente del Maestro Carlos Vieu logró muy buenos resultados de una orquesta que sirvió a una partitura tan rica como difícil de cumplimentar.

Una sala colmada retribuyó este Otello en el Teatro Argentino de La Plata, satisfecha de un trabajo que conservaremos por mucho tiempo en nuestro recuerdo.

Prof. Christian Lauria