Crítica: The English Concert llena el Carnegie con el «Hercules» de Handel

 Por Carlos J. López Rayward

The English Concert de Harry Bicket regresa al Carnegie Hall de Nueva York en su esperada matinée handeliana. En esta ocasión lo hace con Hercules de Handel (1744), una de esas joyas infrecuentes del repertorio barroco que, cuando aparece en programa, permite redescubrir la asombrosa modernidad dramática del compositor. A medio camino entre oratorio y tragedia operística, la partitura —tan rica en matices psicológicos como en invención coral— encuentra en estos intérpretes el canal ideal para brillar como debe.

Ann Hallenberg y Hilary Cronin con The English Concert en el Carnegie Hall. Foto: Richard Termine
Ann Hallenberg y Hilary Cronin con The English Concert en el Carnegie Hall. Foto: Richard Termine

Desde el primer compás, Bicket mostró un dominio absoluto del estilo, con una dirección viva, flexible y profundamente teatral, siempre desde el clave, disfrutando visiblemente de la música. Esa complicidad se transmitió a una orquesta que rindió al más alto nivel: articulación precisa, equilibrio cuidado y un continuo atento que sostuvo con elegancia el discurso dramático.

Pero si hubo un protagonista colectivo de la velada, ese fue el The Clarion Choir, preparado por Steven Fox. Su intervención fue sencillamente espléndida: una línea de tenores particularmente brillante, una enunciación prístina y una musicalidad que elevó cada intervención coral a un plano superior. El célebre “Jealousy! Infernal pest” se convirtió en uno de los momentos culminantes de la tarde, resuelto con una mezcla de precisión, energía y un delicioso éxtasis barroco que puso en pie al público. No es exagerado afirmar que su actuación confirmó, una vez más, el extraordinario nivel de los conjuntos corales en Nueva York.

En el apartado vocal, la gran sorpresa llegó con la Iole de Hilary Cronin. La soprano americana firmó una interpretación sobresaliente, apoyada en un timbre hermoso, un vibrato justo y agradable, y un centro carnoso y bien sostenido. Su línea de canto, imaginativa y siempre musical, encontró su mejor expresión en “Ah! Think what ills the jealous prove”, donde desplegó ataques agudos bellísimos, limpios, fáciles pero plenos, con un squillo luminoso y lleno de color. Su Iole, lejos de ser un personaje secundario, se erigió en una de las grandes bazas de la función.

William Guanbo Su con The English Concert en el Carnegie Hall. Foto: Richard Termine
William Guanbo Su con The English Concert en el Carnegie Hall. Foto: Richard Termine

No sorprendió —pero sí volvió a impresionar— la Dejanira de Ann Hallenberg, una de las grandes maestras actuales del repertorio barroco. Su interpretación fue una auténtica lección de canto: afinación impecable, precisión milimétrica y una capacidad única para enhebrar la voz en la orquesta, manteniendo la musicalidad y el control del fraseo. Es cierto que el instrumento muestra signos naturales de madurez o acaso cansancio —una ligera pérdida de brillo y flexibilidad, cierta turbidez en la zona grave y un vibrato algo más oscilante—, pero estos detalles quedan soslayados por su inteligencia expresiva, su fraseo incisivo y una capacidad de conexión inmediata con el público. Su retrato de la mujer devorada por los celos fue, como cabía esperar, tan convincente como emocionante.

El joven bajo William Guanbo Su asumió el rol titular con gusto y solvencia. Su voz, aún en desarrollo, ya apunta maneras: homogénea, dúctil y apoyada en una técnica sólida que evita artificios como el sobreoscurecimiento del sonido. El timbre, todavía algo plano —algo natural en un bajo joven—, no impidió que su Hércules resultara convincente, especialmente en la escena de la muerte, donde supo sostener la intensidad dramática pese a la inverosímil dramaturgia del personaje, que sale a cantar su aria final cuando su muerte ya había sido proclamada.

Menos satisfactorio fue el Hyllus de David Portillo, que pareció incómodo a lo largo de la función. Las agilidades resultaron inseguras y los agudos en ocasiones forzados y de calidad irregular. Todo ello sugiere que el rol puede resultar excesivamente exigente para un instrumento de estas características, más ligero de lo que la parte parecería requerir.

En cambio, el contratenor Alexander Chance cosechó un éxito notable como Lichas. Su canto, bien articulado y exento de amaneramientos, destacó por una afinación impecable, un apoyo natural y un sonido siempre sano y proyectado. Por ello, cada una de sus intervenciones permitió una escucha amable.  Por su parte, en el breve papel del sacerdote de Júpiter, el bajo-barítono Jonathan Woody dejó también una impresión muy positiva, con excelente dicción y un estilo irreprochable.

Harry Bicket y The English Concert en el Carnegie Hall. Foto: Richard Termine
Harry Bicket y The English Concert en el Carnegie Hall. Foto: Richard Termine

En Hercules, como en todos los grandes títulos del género, Handel nos hace reflexionar sobre las pasiones humanas desde el pesimismo existencial o la idea de la redención típicas del siglo XVIII, pero también desde la ironía, el humor o la esperanza de que el amor y la justicia salen vencedores. Los celos, el orgullo o los remordimientos aparecen sublimados entre la mejor música, en ese caleidoscopio cínico y fatalista que es el barroco. Cuando es servida por grandes intérpretes, la experiencia tiene el interés suficiente para llenar el Carnegie Hall y satisfacer a las audiencias más exigentes.

OW 


★★★★★

Carnegie Hall, a 15 de marzo de 2026. Hercules, oratorio de George Frideric Handel en versión de concierto.

The English Concert. Harry Bicket, director. The Clarion Choir. Steven Fox, director del coro.
Solistas: William Guanbo Su, Ann Hallenberg, Hilary Cronin, David Portillo, Alexander Chance.