Crítica: «The Ring Without Words» Nathalie Stutzmann dirige la NY Philarmonic

 Por Carlos J. López Rayward

El pasado jueves, la New York Philharmonic The Ring Without Words, la versión sinfónica de Der Ring des Nibelungen de Richard Wagner orquestada por Lorin Maazel. La dirección estuvo a cargo de Nathalie Stutzmann, quien se enfrentó al siempre peliagudo encargo de condensar los universos mitológicos, filosóficos y emocionales de Wagner en poco más de una hora de música. La sala del David Geffen Hall vibró con la intensidad, la épica y la profundidad wagnerianas, en una tarde desprovista de voces, pero no de interés.

Nathalie Stutzmann dirige la New York Philharmonic. Foto: Chris Lee.
Nathalie Stutzmann dirige la New York Philharmonic. Foto: Chris Lee.

Desde el comienzo, con los sombríos acordes del Rheingold, fue evidente que Stutzmann tenía una visión clara de la obra. Su dirección no se limitó a transmitir el inmenso drama del ciclo wagneriano; en su lectura hubo una búsqueda genuina de la humanidad que subyace en el mito. Los pasajes fluyeron con naturalidad, entrelazando momentos de tensión, con episodios de gran cuidado lírico. El motivo del anillo, con su fatídica omnipresencia, y el tormentoso Siegfried’s Tod, dominaron por su arrolladora fuerza melódica, servidas con claridad por la orquesta.

Más allá de algunos borrones de metalería, algunas secciones de línea plana y huérfana de pulsión romántica, la interpretación de la New York Philharmonic tuvo ligazón, espectacularidad y continuo interés. Las imprecisiones, aunque excepcionales, distrajeron del núcleo orquestal y restaron relieve en momentos en los que el conjunto sonó deshilbanado, con una Stutzmann que parecía contentarse con mantener el tempi y recomponer a los díscolos.

La New York Philharmonic respondió por lo demás con precisión y expresividad. La sección de cuerdas, con un gran Carter Brey al frente de los violonchelos, capturó tanto el fulgor brillante del oro del Rin. Los vientos, liderados por una atenta sección de flautas y clarinetes evocadores dieron sostén a la línea orquestal. El colosal clímax de la Cabalgata de las Valquirias estimuló al público de Nueva York, aunque Stutzmann no permitió que el momento rompiera la continuidad narrativa.

Nathalie Stutzmann dirige la New York Philharmonic. Foto: Chris Lee.
Nathalie Stutzmann dirige la New York Philharmonic. Foto: Chris Lee.

Una de las mayores virtudes de Maazel al orquestar este compendio fue su capacidad para preservar el espíritu del Ring mientras transformaba la ópera en una obra autónoma. Y, sin embargo, esta transformación plantea un desafío interpretativo monumental: ¿es el contexto musical suficiente para justificar el resumen del Anillo? Stutzmann, con su enfoque sensible y su innegable conexión con la orquesta, consiguió llenar ese vacío de buena música, si bien la obra no tiene el tuétano artístico de la tetralogía. Los amantes de la obra de Wagner, por tanto, vieron su apetito satisfecho más en el aspecto sensible que en el semántico. Lo que no es poco en una temporada de ópera en Nueva York, extensa pero sin rastro del genio de Lepzig.

Nathalie Stutzmann, cuya carrera como contralto la ha acercado a la riqueza expresiva de la voz humana, trajo a esta interpretación un lirismo que no siempre se encuentra en directores más preocupados por el puro virtuosismo. Su conexión emocional con el material era palpable, y el público, que ovacionó de pie al final, apoya a la directora con un interés constante.

Nathalie Stutzmann dirige la New York Philharmonic. Foto: Chris Lee.
Nathalie Stutzmann dirige la New York Philharmonic. Foto: Chris Lee.

La velada fue un caramelo wagneriano que, pese a su irregular factura, fue disfrutado por el auditorio y servido por una Nathalie Stutzmann generosa y entregada que aún tiene por delante grandes conciertos al frente de la New York Philharmonic.

OW


★★★★☆

David Geffen Hall, a 16 de enero de 2025. Orquesta Filarmónica de Nueva York, dirigida por Nathalie Stutzmann.