OW Por Bernardo Gaitán
Pensar en Turandot, el canto del cisne de Giacomo Puccini, implica inevitablemente evocar Oriente —y más concretamente China—, no solo por su trama, sino sobre todo por su universo sonoro. La premisa de la producción que aquí nos ocupa resulta particularmente interesante precisamente porque nace del encuentro entre Oriente y Europa. Se trata del fruto de una colaboración internacional entre el Centro Nacional de las Artes de Kaohsiung (Weiwuying), en Taiwán, y la Deutsche Oper am Rhein de Düsseldorf. Crítica: «Turandot» Dusseldorf
La producción de esta Turandot se estrenó en Alemania en diciembre de 2015 y fue presentada posteriormente en la Ópera de Weiwuying en 2019. A una década de distancia, esta puesta regresa periódicamente al escenario de la Deutsche Oper am Rhein, y este febrero no fue la excepción. Todo el equipo creativo es íntegramente asiático, un conjunto que, de manera consciente, recurre a elementos escénicos de clara influencia occidental, dando lugar a una propuesta que termina resultando confusa. Se trata, en esencia, de una propuesta tradicional enriquecida con elementos modernos que generan más desconcierto que curiosidad. Varias de las decisiones adoptadas por el director de escena Huan-Hsiung Li y su equipo fueron audaces hace una década y probablemente funcionaron muy bien entonces; hoy, por desgracia, ya no.

Al alzarse el telón, una proyección de vídeo diseñada por Jun-Jieh Wang sitúa la acción en septiembre de 2014, durante la conocida “Revolución de los Paraguas” de Hong Kong: aquel episodio de protesta en el que los manifestantes se protegían del gas pimienta con paraguas, elemento que reaparece de forma silente a lo largo de la obra mediante paraguas abiertos dispuestos en las esquinas del escenario. Tras esta breve proyección, las cinco míticas notas que abren la partitura (La–Mi♯–Si–Do♯–Fa♯) resuenan en la sala mientras el espectador se encuentra con una escenografía de corte marcadamente tradicionalista.
El escenógrafo Jo-Shan Liang propone la silueta de la Ciudad Prohibida de Pekín, dominada por una larga rampa central que permanece inmutable durante los tres actos. Esta escena clásica entra en contradicción con la localización sugerida por la proyección inicial, contradicción que se acentúa con el vestuario de Hsuan-Wu Lai: trajes orientales clásicos, casi estereotipados, bien realizados, pero claramente ajenos a cualquier referencia a Hong Kong en 2014. Todo el vestuario tradicional funciona correctamente, pero el emperador constituye otro de los elementos que no encuentran sentido en este universo: aparece vestido con traje y bombín, evocando los años veinte del siglo pasado, sin relación alguna con el contexto propuesto. Una bailarina (Yasha Wang), vestida de un blanco atemporal, aparece y desaparece de la acción sin una lógica clara, realizando movimientos escénicos que ni ayudan ni entorpecen el desarrollo dramático. Y en la escena final, mientras Calaf y Turandot se juran amor, surge la figura —¡nada menos!— de Giacomo Puccini en medio de la rampa, añadiendo aún más confusión. ¿Ocurre todo en un sueño de Turandot? ¿En la mente del compositor? ¿En algún tipo de multiverso? La respuesta, solo el regista la conoce.

En el foso, la Orquesta Filarmónica de Duisburg, bajo la batuta de Antonino Fogliani, sonó con más fuerza y vigor que sensibilidad. La orquesta evidenció una falta de experiencia en el acompañamiento del repertorio operístico; resulta claro que su terreno natural es el sinfónico y que la lírica no forma parte habitual de su repertorio. Bajo la dirección del concertador siciliano, el conjunto acompañó el título sin pasión ni matices, alternando prácticamente entre dos dinámicas: forte y fortissimo. El sonido resultó plano y los cantantes quedaron casi siempre cubiertos. Fogliani dirigió con mano segura una versión quasi academica, cuyo resultado no fue el idóneo para apreciar la meticulosidad de la orquestación y el refinado tratamiento tímbrico que Puccini consideraba esenciales en Turandot. Como es habitual en Fogliani —especialmente en el belcanto—, propuso tempi particularmente interesantes en la escena de los enigmas, aportando mayor dramatismo. El Coro de la Deutsche Oper am Rhein, bajo la dirección de Albert Horne, ofreció un buen desempeño, destacando por su seguridad escénica y una dicción clara y bien articulada.
La parte vocal tuvo mejor fortuna. La soprano rusa Olga Maslova, quien debutó el rol epónimo en la Arena de Verona en 2024, suma ya ocho producciones del personaje en distintos teatros del mundo. Demostró poseer todas las herramientas necesarias para afrontar con éxito el exigente papel de Turandot. Su voz, suntuosa y potente, se impone con autoridad en el registro agudo y exhibe una notable profundidad sonora. Dominó la escena con solvencia, abordando con acierto «In questa reggia» y desplegando un sutil juego de colores y acentos en la escena de los enigmas.

Cuando se anuncia una Turandot, el público acude al teatro con “la esperanza” de estremecerse con una de las arias más famosas del repertorio. En este caso, parafraseando a la propia Turandot, «la speranza che delude sempre» fue el Calaf de esta producción. El desempeño de Eduardo Aladrén como el príncipe desconocido dejó mucho que desear. Su actuación resultó acartonada, sin intención actoral ni rastro del heroísmo característico del personaje. Se limitó a cantar estático y aburrido. Vocalmente, el resultado fue aún más decepcionante: sin matices, sin intención expresiva y con notorias dificultades de afinación en el registro agudo. Curiosamente, los sobreagudos —cuando no quedaban cubiertos por la violencia orquestal— pasaban sin problemas de volumen, pero desconectados del resto de la frase. La pronunciación del italiano fue correcta; sin embargo, los agudos calados y la pobre actuación deslucieron el conjunto. Increíblemente, «Nessun dorma» pasó sin pena ni gloria, sin siquiera suscitar un intento de aplauso. En el dúo final con Turandot, su desempeño vocal resultó algo mejor, impulsado probablemente por la presencia de Maslova. La soprano alemana Anke Krabbe ofreció una Liù intensa, sostenida por la ductilidad de la emisión, un fraseo preciso y una línea de canto finamente matizada. Su voz parece reclamar personajes más líricos; aun así, sin ser ideal para el rol, construyó una Liù muy convincente. El uso generoso del piano y de los pianissimi embelleció una interpretación que provocó el primer aplauso espontáneo del público tras Signore, ascolta. Krabbe apostó decididamente por el refinamiento, exhibiendo filati y pianissimi bien resueltos.

El trío de máscaras se mostró bien integrado, con un conjunto vocal equilibrado y homogéneo. Las tres voces, de buena factura, evidenciaron seguridad escénica y cohesión. Destacó Ping, encarnado por el barítono rumano Constantin Moței, por su voz y personalidad interpretativa, junto al sólido y potente Pang del tenor alemán Florian Simson; el delicado Pong del tenor suizo Cornel Frey resultó en ocasiones algo inaudible. Una grata sorpresa fue el Timur del bajo rumano Beniamin Pop, quien ofreció un personaje decidido y vocalmente resuelto, con dicción clara, buen timbre, sonido redondo y fraseo cuidado. El tenor ruso Sergej Khomov, con apenas unas pocas líneas, cumplió su cometido de manera relativamente decorosa: exageró su intervención para imitar la voz de un anciano, pero terminó delineando correctamente su breve participación.
A pesar de lo confuso de la producción y del desempeño del tenor, el público alemán se mostró particularmente animado y aplaudió con entusiasmo. Los protagonistas recibieron aplausos prolongados.
Dusseldorf (Opernhaus / Deutsche Oper am Rhein), 6 de febrero de 2026. Turandot
Dirección escénica: Huan-Hsiung Li. Diseño de escenografía: Jo-Shan Liang. Vestuario: Hsuan-Wu Lai. Diseño de video: Jun-Jieh Wang. Iluminación: Volker Weinhart.
Dirección musical: Antonino Fogliani. Duisburger Philharmoniker.
Director del coro: Albert Horne. Coro de la Deutsche Oper am Rhein. Directores del coro infantil: Justine Wanat y Sabina López Miguez.
ELENCO: Olga Maslova, Eduardo Aladrén, Anke Krabbe, Constantin Moței, Florian Simson, Cornel Frey, Sergej Khomov, Beniamin Pop, Žilvinas Miškinis.













