La Metropolitan Opera volvió a convertirse en escaparate del talento emergente con el concierto final de la Laffont Competition Grand Finals Concert, una cita de enorme interés para quienes desean anticipar los nombres que, en pocos años, poblarán los grandes escenarios internacionales. Bajo la batuta de Carlo Rizzi, colaborativo y atento a las necesidades de los cantantes, la velada discurrió con fluidez y permitió a cada finalista presentar sus credenciales en condiciones óptimas.

Como es habitual, la gala contó con la participación de antiguas ganadoras del certamen. La soprano Lisette Oropesa ejerció de maestra de ceremonias con elegancia y cercanía, mientras que Tamara Wilson ofreció, durante la deliberación del jurado, una lucida versión de In questa reggia que, por momentos, superó a algunas de las intérpretes que han afrontado recientemente este aria en el propio teatro.
La mezzo de Kentucky Sophia Baete, de tan solo 23 años, se mostró algo nerviosa en sus páginas. Con todo, dejó entrever un timbre muy agradable y un registro homogéneo, con una línea dulce y musical que, eso sí, podría beneficiarse de una mayor carga expresiva. Hay en Baete una base sólida que, con mayor soltura escénica, puede dar resultados muy interesantes.
La soprano de Virginia Shannon Crowley hizo gala de una gran madurez artística pese a sus 25 años. En No word from Tom de The Rake’s Progress, elevada por la espléndida orquesta del Met, mostró una técnica muy bien asentada, con dicción clara y una línea flexible y ajustada. La voz suena acaso algo hueca en el registro medio, pero Crowley se desenvuelve en el escenario con sorprendente apostura, elegancia al cantar y buena afinación. Fue muy aplaudida. Tras el descanso volvió con Da tempeste in legno infranto de Giulio Cesare, donde también dio la talla, con una coloratura muy lucida, aunque algo mecánica, en una propuesta elevada y elegante.
La soprano de Alabama Elizabeth Hanje canta con un bonito color, aunque el instrumento está aún por pulir. En Io son l’umile ancella de Adriana Lecouvreur hizo disfrutar al público con un agudo generoso y expansivo, y un centro muy cubierto, todavía en desarrollo. En My man’s gone now de Porgy and Bess volvió a conectar con la sala, que ya sueña con ver a la Hanje del futuro en estos papeles.

La soprano coreana Song Hee Lee fue, sin duda, una de las estrellas de la velada. Su versión de Tornami a vagheggiar de Handel resultó incontestable. La voz es más bien pequeña, pero la técnica es sobresaliente y el dominio del instrumento, absoluto. Mostró una gran capacidad para la coloratura, con una presentación muy estética y elegante. El agudo y sobreagudo refulgen limpios y brillantes arriba, con squillo y carne, atacados con facilidad y llenando el Met. Con delicados trinos y escalas escalofriantes, desató una enorme ovación tras su primera intervención. Tras el descanso volvió con À vos jeux, mes amis del Hamlet de Thomas, donde dejó constancia de nuevo de su sólida técnica, con un soberano control de la línea vocal y una superioridad técnica aplastante. Su paso por el certamen apunta al inicio de una carrera muy prometedora.
El barítono puertorriqueño Gabriel Natal-Báez presentó una voz de timbre agradable, buen tamaño y línea adusta. En Vedrò mentr’io sospiro de Le nozze di Figaro hizo muy buen uso de los reguladores, cantando con expresividad y gusto, dejando frases en estilo muy bien dibujadas. Tras el descanso regaló una sobresaliente versión de O Carlo, ascolta de Don Carlo, con un gran canto legato, un precioso agudo y una interpretación muy emocionante que fue ampliamente aplaudida.
La soprano Anna Thompson tuvo un comienzo irregular en Dis-moi que je suis belle de Thaïs, pero se resarció tras la pausa con Ernani, involami de Ernani, donde dejó que la voz se desplegara sin miedo, segura en todo el registro y con bonitos adornos.
La soprano Gabrielle Turgeon comenzó con el aria de Il corsaro de Verdi (Egli non riede ancora…), muy bien construida, de soprano lírica con medios y buenos recursos. La línea es algo pedestre, pero se despliega perfumada y llena el Met sin problemas. Aún debe desarrollar el registro de pecho. En Deh vieni, non tardar de Le nozze di Figaro ofreció un canto legato adecuado, llenando la línea mozartiana de un sonido carnoso y atractivo, si bien la colocación y la entonación pueden mejorar.
La soprano Dejah Watts, de solo 22 años, ya cuenta con una voz apreciable, de agradable timbre y estilosa línea. Estuvo convincente en Come scoglio de Così fan tutte y en Tu che di gel sei cinta de Turandot. Nos gustó en ambas: otra voz joven que invita a soñar con su futura plenitud.
El barítono Robert Wente demostró su arte y versatilidad en la escena de Moby-Dick de Jake Heggie y en el Gianni Schicchi de Giacomo Puccini. En la primera cantó con un sonido algo comprimido, pero con un bellísimo timbre y luminosos tonos metálicos que hacían brillar su amplio abanico de colores. Mostró resistencia y buena proyección. En Puccini ofreció un canto muy expresivo e interesante, con muy buen italiano y enorme gusto declamativo: todo un artista a sus 26 años.
Por último, la soprano china Shiyu Zhuo, de enorme personalidad y carisma en escena, interpretó Non, monsieur mon mari de Poulenc con buen francés, adecuada sensualidad y un centro vocal cremoso, con pujanza en el agudo. Su segunda pieza, O quante volte de I Capuleti e i Montecchi, confirmó a la cantante-actriz, con recursos técnicos notables como una buena messa di voce y graciosos grupetos. Con la complicidad de Rizzi, su instrumento —de dimensiones modestas— dejó uno de los momentos belcantistas más logrados de la tarde.
Estos conciertos finales de la Laffont Competition tienen un enorme interés como ventana abierta al futuro de la ópera. Es cierto que la presencia casi exclusiva de sopranos limita la variedad de registros, pero la selección del repertorio y el nivel general —notablemente alto para una competición de este tipo— hicieron de la velada un auténtico acontecimiento musical.
Nueva York puede considerarse afortunada: pocas ciudades tienen acceso directo a este momento tan fascinante, ese en el que las voces aún están en construcción, pero ya dejan entrever el brillo de lo que está por venir.













