OW Crítica «Winterreise» Schubert Donostia-San Sebastián Por Natan González
La oferta cultural en provincias es a veces bastante más amplia de lo que cabría imaginar, gracias en muchos casos a pequeñas asociaciones e incluso a individuos que, con poca o ninguna financiación, se aventuran a ofrecer conciertos, conferencias y otras actividades que enriquecen enormemente la vida cultural de sus ciudades. Este es, desde luego, el caso de Donostia Musika y de su cabeza visible, Carlos Benito, que suelen ofrecer desde conciertos solistas o de cámara hasta obras escenificadas (recordamos en los últimos años Adiós a la bohemia, Trouble in Tahiti o la recuperación de la olvidada zarzuela de Sorozabal La isla de las perlas), a menudo de enorme interés. El concierto que nos ocupa, patrocinado por la Asociación Cultual Eragin, era de formato más modesto, pero en un marco incomparable: el actual salón de plenos del ayuntamiento, que en su época fuera el gran salón de baile del casino.
Y en ese ambiente majestuoso, ante el público se presentaban un tenor, una pianista y una música dolorosa, de esas que te rompen por dentro. Schubert compuso su segundo ciclo de lieder (y en realidad último, ya que “Schwanengesang” no fue pensado como tal, aunque hoy día lo incluyamos) en 1827 (y publicados en 1828), cuando su fatal enfermedad apuntaba ya a su trágico destino (murió en 1828, a los 31 años). En 1827 moría también el poeta autor de los versos, Wilhelm Müller a los 32 años (aunque en ese caso de manera más inesperada). La obra tiene sus momentos alegres, es cierto, pero va sucumbiendo cada vez más a un ambiente funesto, terminando con la desoladora “Der Leiermann”. Afortunadamente, para el concierto se dispusieron dos pantallas de televisión en las que aparecían las traducciones de los textos al euskera y al castellano, lo que facilitó poder seguir el hilo de la obra. Crítica «Winterreise» Schubert Donostia-San Sebastián

El joven tenor gipuzkoano Aitor Garitano tuvo ocasión de lucir todas sus virtudes canoras e interpretativas. La voz, que podría calificarse de “contraltino”, sonó ancha, potente y perfectamente proyectada. La emisión de la voz es impecable: sin forzar, sin tratar de sonar oscura; simplemente deja que fluya, con ataques siempre precisos, sin portamentos. El centro sonaba ancho, y el grave, por lo general, más que suficiente (quizá algo incómodo en “Irrlicht”), mientras el agudo era brillante, lleno de squillo. Pero al mismo tiempo supo hacer un buen uso de los reguladores, destacando algunos finales agudos a media voz; en ese sentido, la frase final de “Der Linderbaum” fue quizá el momento más hermoso del concierto. El fraseo fue igualmente impecable, transmitiendo las diversas emociones de cada canción. Porque no sólo cantó: interpretó. Sus gestos, sus miradas eran otras formas de contarnos la historia. Y así, al llegar al número final, “Der Leiermann”, salió, con la vista perdida, como si alguien lo llevara de la mano, atravesando las filas de butacas hasta desaparecer de los ojos del público. Es bien sabido que, en los lieder de Schubert, el piano no se limita a acompañar a la voz: participa en el desarrollo de la trama, nos describe efectos sonoros o contribuye a generar determinadas emociones. La pianista Amaia Zipitria fue una espléndida acompañante del tenor, con quien se mostró compenetrada en todo momento, pero también supo sacar partido a sus pasajes solistas con el suficiente dramatismo.
El concierto terminó con un bis de “Die Post”, uno de los números más alegre del ciclo, quizá para dejar al público un sabor de boca algo más positivo. Un público, por cierto, no muy numeroso, y eso que el concierto era de acceso libre. Desgraciadamente, nuestro entorno prefiere escuchar a regetoneros que son el máximo exponente de masculinidad tóxica en lugar de a esos héroes románticos, melancólicos, enfermizos, que tras ser rechazados por su amor, en lugar de actuar con violencia, simplemente desaparecen. Eso es lo que ha “progresado” nuestra sociedad.
Donostia-San Sebastián (Salón de plenos del Ayuntamiento), 11-06-2026,
Winterreise (D.911)”, ciclo de 24 lieder con música de Franz Schubert sobre textos del poeta Wilhelm Müller (1824).
Aitor Garitano, tenor; Amaia Zipitria, piano.












