Daniel Barenboim triunfa en el Mozarteum Argentino

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Daniel Barenboim triunfa en el Mozarteum Argentino
Daniel Barenboim triunfa en el Mozarteum Argentino

En una nueva presentación para el fantástico ciclo que el Mozarteum Argentino está llevando a cabo en este 2017, pudimos disfrutar a la Orquesta del West-Eastern Divan dirigida por el maestro Daniel Barenboim.

Las obras elegidas para el concierto fueron dos monumentos orquestales que nos permitieron apreciar el profundo trabajo que el maestro argentino-israelí está llevando a cabo no solo con la orquesta sino con el público. Y menciono esto último porque colocar al notable poema sinfónico “Don Quijote” de Richard Strauss es realmente exigir y dar, paralelamente, a los espectadores la posibilidad de viajar por una obra compleja y de muchas lecturas.

Don Quijote, variaciones fantásticas sobre un tema de carácter caballeresco, obra de 1897 con la fuerte presencia solística del violoncello (que asume el rol musical del Caballero de la Mancha) y de la viola (Sancho Panza), nos traslada a un mundo increíble de colores que ya se había podido vislumbrar dentro de la creación straussiana en su poema sinfónico anterior: Así habló Zaratustra.

La personalidad, el mundo interior de Don Quijote, así como varias de sus aventuras son narradas en música a través de notables recursos musicales y orquestales, creaciones tímbricas e interacciones entre los instrumentos, todo esto sumado a las intervenciones solísticas de cello y viola que nos trasladarán al espíritu del Caballero de la Triste Figura, a su drama personal y psicológico y a la incapacidad de conectar con la “cordura”, con lo “correcto”. El manejo de los materiales musicales es francamente descomunal en Strauss y nos pasea permanentemente entre lo tonal (lo esperable, lo conocido) y lo cuasi atonal (el desequilibrio), permitiéndonos adentrarnos en la psiquis del personaje y su mirada sobre la realidad.

Daniel Barenboim triunfa en el Mozarteum Argentino
Daniel Barenboim triunfa en el Mozarteum Argentino

El desempeño de los solistas: Kian Soltani, en cello y Miriam Manasherov, en viola fue estupendo. Ya habíamos tenido la posibilidad de escuchar a Soltani en su versión “camarística” y esta vez, como solista, dejó en claro que es un instrumentista comprometido, expresivo, sin divismos sino focalizado en el arte y la comunicación emocional. Manasherov impresionó además con un sonido pulidísimo y de gran belleza.

La segunda parte del programa estuvo íntegramente dedicada a la Sinfonía Nº5, Op. 64 de Piotr Illich Chaicovski, otro maestro en la creación orquestal. Es poco lo que se puede agregar a lo que se ha ya dicho sobre la inspiración puesta de manifiesto en esta magnífica obra del maestro ruso. El melodismo, la imaginación tímbrica, una rítmica compleja y al mismo tiempo natural y en apariencia “sencilla”, hacen de esta obra un número seguro para llegar a las emociones del espectador. Y esto que parece tan obvio, no lo está siendo tanto en los últimos tiempos en donde parece ser la norma más el “impresionar” que el “conmover”.

La excelente versión que nos brindó la Orquesta del West-Eastern Divan de la mano de Daniel Barenboim apuntó justamente a eso: a poder conmovernos sin edulcoramientos (la personalidad de Barenboim está muy lejos de eso) y a poder dar rienda suelta a la emoción de una obra incomparable admirando el aceitado funcionamiento del organismo orquestal pero sin que lo técnico tome la primacía.

En suma, un bello concierto-despedida (por este año) de una magnífica orquesta y un gran conductor que nos deleitó con dos bises: al final de la primera parte con una versión para cello y orquesta de cuerdas de “El cisne” del Carnaval de los animales de Camille Saint-Säens para admirar una vez más el bello sonido y expresividad de Soltani. Y la siempre encantadora Polonesa de la ópera Eugenio Onegin en el final.

Una mención aparte: las estupendas notas de programa a cargo de Claudia Guzmán, que todos los abonados del Mozarteum debieran leer atentamente antes del concierto. Un plus muy enriquecedor e imperdible.

Prof. Christian Lauria