Das Rheingold. Wagner. Oviedo

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Teatro Campoamor. 17 de septiembre.

Lanzarse a programar la tetralogía wagneriana –una parte cada año- parece una tarea imposible que sólo la pueden llevar a cabo Bayreuth y los grandes teatros del mundo. Sin embargo merece todo nuestro aplauso cuando un teatro de medios reducidos como es el Campoamor de Oviedo se lanza a esta aventura.

Pero además el público ha disfrutado a tope como lo demostró con sus aplausos finales y sus bravos.

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Michal Znaniecki , de gran reputación e ideas originales, firmaba una producción de gran belleza plástica especialmente en imágenes fijas.  Utilizó el método escenográfico de moda , mapping con el técnico Antonio Diego. Si hubo momentos grandiosos como la imagen del gran árbol seco, sin embargo la excesiva abundancia de imágenes no ayudó a la concentración del público. Sobraron los textos proyectados que nada añadía. La solución final utilizando la sala como Wahalla muy adecuado –difícilmente se podría hacer de otra manera que no resultara ridícula- y llena de simbolismo. De todas forma la narración fue clara y limpia aunque demasiado estática.  El vestuario bello excepto el de los gigantes. Hay otras soluciones mejores.

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 Vocalmente se contó con un muy buen reparto. Con un solo lunar, el tenor César Gutiérrez en el papel de Loge; realmente malo, sin paliativos. El resto mantuvieron un buen nivel. El bajo Kurt Rydl cantó un Fafner imponente. El Wotan de Tomas Tómasson tuvo momentos magníficos  unidos a otros más débiles. Jorge Rodríguez-Norton se mostró adecuado y en buena línea, quizá un poco al límite. Thomas Gazheli encarnaba a Alberich mostrado un registro central poderoso y bello. El Mime de Daniel Norman tuvo una buena actuación si más.  Felipe Bou cantó muy bien el Falsot  pero le faltó presencia. Quizá lo mejor globalmente fe la actuación de David Menéndez por potencia y afinación y autoridad escénica. El «»Heda! Heda! Hedo!» fue unos de los momentos mas impresionantes.

Las mujeres se llevaron la mejor parte. Elena Zhidkova mantuvo una línea de canto mágnífica y muy expresiva. La Freia de Maite Alberola fue discreta. En cajas cantó la Urda Birgit Remmert de atractivo color vocal. Las tres hijas del Rhin cantaron con diferente fortuna. La mezzo Piar Vázquez posee una voz poco agradable, ronca. Eugenia Boix cumplió; y destacó Sandra Ferrández por el bello color vocal, los agudos limpios y pianos estupendos.

La Orquesta Sinfónica del Principado no es una orquesta wagneriana; le falta color, amplitud, potencia, encaje pero cumplió, más teniendo en cuenta que el foso no permite una orquesta completa para Wagner.

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El maestro Guillermo García Calvo dirigió con pulcritud. Nada estuvo fuera de su sitio ni hubo caídas de tensión. Lpo llevó todo de forma magnífica consiguiendo lo que sólo es posible con esa formación: una visión casi camerística que no es rechazable en absoluto. La atención a los cantantes demostró una vez más que es un importante director de ópera como lo viene demostrando en Viena y Berlín entre otros lugares. Sus gestos austeros fueron muy eficaces y elegantes.

Un buen comienzo de temporada de la Opera de Oviedo.

Francisco García-Rosado