Crítica: La Metropolitan Opera estrena temporada con «Dead Man Walking»

Por Carlos J. López Rayward

La apuesta de la Metropolitan Opera de Nueva York por la ópera contemporánea se pone de manifiesto en el primer título de su nueva temporada, Dead Man Walking.

Joyce DiDonato, Ryan McKinny, Latonia Moore y Susan Graham son los protagonistas en la exitosa ópera de Jake Heggie, Dead Man Walking, basada en el libro homónimo de la religiosa católica Hermana Helen Prejean, que cuenta su experiencia en el corredor de la muerte acompañando a dos condenados a la pena capital en Estados Unidos. Una temática que se hizo mundialmente conocida a partir de la película de Tim Robbins en 1995, con Susan Sarandon y Sean Penn como protagonistas.

Dead Man Walking en la Metroplotitan Opera. Foto: Dead Man Walking. Foto: Karen Almond / Met Opera
Dead Man Walking en la Metropolitan Opera. Foto: Dead Man Walking. Foto: Karen Almond / Met Opera

La ópera, estrenada en San Francisco en el 2000, es, como el libro de Prejean, un relato humano en contra de la pena de muerte en el que todos son víctimas. El libreto corre a cargo de Terrence McNally, que condensa la obra de Prejean en un texto equilibrado, tan dramático como interesante, respetando el tono y la idea originales. Es admirable el elocuente tratamiento de la dicotomía entre lo humano y lo espiritual, y de la idea de la irreversibilidad de la muerte eje del dilema moral entorno a la pena capital.

La música de Jake Heggie nos transporta al centro geográfico y cultural de los Estados Unidos, con sus enormes distancias y la religión como elemento cohesivo e identitario de una población diversa y dispersa.  Heggie no teme a las voces, permite que el canto despliegue el vuelo, y desarrolla momentos de belleza lírica, con notables números como This journey, el aria central de la protagonista, o el demoledor sexteto You don’t know what it’s like, tan simple en su estructura musical como efectivo dramáticamente, en el que los padres de las víctimas y del asesino confrontan a la hermana Helen, que se ve progresivamente sepultada por la insoportable carga anímica de todos ellos.

Se trata de una música sin pretensiones intelectualizantes, al servicio del drama, tan genial como descarnada, muy operística, que ha hecho de Dead Man Walking uno de los títulos más representados en la ópera contemporánea americana.

Dead Man Walking en la Metropolitan Opera. Foto: Dead Man Walking. Foto: Karen Almond / Met Opera
Dead Man Walking en la Metropolitan Opera. Foto: Dead Man Walking. Foto: Karen Almond / Met Opera

La propuesta escénica de Ivo van Hove supone una novedad con respecto a la escenografía original de Joe Mantello, que diera a conocer el título en su estreno en 2000 el la San Francisco Opera. Van Hove lleva el drama por terrenos más psicológicos que Mantello; espirituales, si se quiere. Muy parco en elementos escénicos, se vale de la iluminación (Jan Versweyveld), proyecciones (Christopher Ash) y una cámara que graba primeros planos de los cantantes. Este vacío en escena genera, sin embargo, alguna dificultad para acomodar el libreto de McNally. Con todo, van Hove configura una alegoría sensorial que potencia la fuerza del drama, crea momentos íntimos pese a lo diáfano de los espacios, y refuerza la universalidad de la temática, al llevar más allá de las coordenadas geográficas y temporales de la obra de Prejean.

En estas noches de estreno en la Metropolitan Opera, la gran triunfadora está siendo Joyce DiDonato, en un exitoso regreso como prima donna en el papel de la monja en el corredor de la muerte. Pese a que hace tiempo que DiDonato renunció al canto natural de mezzo plena, sigue siendo efectiva en sus creaciones gracias a una musicalidad insuperable y una técnica que, si bien imposta la voz hasta hacerla carente de toda personalidad tímbrica, le permite cincelar la psicología de sus personajes con gran precisión.

Dead Man Walking en la Metropolitan Opera. Foto: Dead Man Walking. Foto: Karen Almond / Met Opera
Dead Man Walking en la Metropolitan Opera. Foto: Karen Almond / Met Opera

El resultado es una Hellen Prejean descarnada y creíble, envuelta en un torvellino de desesperación y búsqueda espiritual, con su personaje en el vórtice que atrae y sublima todo lo que acontece en escena.

Compitiendo con DiDonato por el favor del público encontramos a la mezzosoprano americana Susan Graham, en el papel de Mrs. De Rocher, la madre del condenado Joseph De Rocher. Graham fue la encargada del papel protagonista en el estreno absoluto en San Francisco, formando dupla con mítica Frederica von Stade, por lo que su aparición en Nueva York como Mrs. De Rocher contó con un interés especial. El resultado fue sobresaliente. Graham cantó realmente bien, con una verdad vocal que brillaba en contraste con su compañera de cuerda.

Dead Man Walking. Foto: Karen Almond / Met Opera
Dead Man Walking. Foto: Karen Almond / Met Opera

El timbre de Graham combina la calidez y la oscuridad de las mezzos maduras, en un instrumento que la cantante maneja a placer, para representar de manera impecable a una mujer devastada, atravesada por la culpa, la pérdida y la vergüenza de su hijo asesino. Sin duda, vale la pena acercase a este Dead Man Walking del Met, aunque solo sea por disfrutar de una Susan Graham en un momento dorado de su carrera.

La soprano Latonia Moore, muy querida en Nueva York por su gran personalidad artística y su caleidoscópica variedad de registros, también dejó un gran sabor de boca como la Hermana Rose. Moore desplegó un canto asertivo y en estilo, con pegada lírica y sensibilidad artística, saliendo al paso de sus mermadas cualidades vocales, que la alejan un tanto de las grandes divas del belcanto y la van acercando cada vez más a papeles breves de lírica plena en estas óperas contemporáneas.

El bajo barítono californiano Ryan McKinny interpretó al hermético y atormentado Joseph De Rocher, sentenciado a pena de muerte por el asesinato de una pareja de adolescentes. El canto de McKinny nos suena entubado y algo hueco, si bien sus notas oscuras y metálicas, su apostura varonil y su peso escénico dieron el resultado esperado.

Dead Man Walking en la Metroplotitan Opera. Foto: Dead Man Walking. Foto: Karen Almond / Met Opera
Dead Man Walking en la Metropolitan Opera. Foto: Dead Man Walking. Foto: Karen Almond / Met Opera

También merecieron el aplauso del público Rod Gilfry, Wendy Bryn Harmer, Krysty Swann y Chauncey Parker, que interpretaron a los padres de los asesinados. Los cuatro cantantes brillaron es su importante labor de expresar, a pesar de la brevedad de sus roles, un abanico complejo y exhaustivo de reacciones dramáticas, posiciones políticas y religiosas, y ante todo contradicciones morales que difuminan la frontera entre víctimas y victimarios. Y lo hicieron con la ayuda de un Yannick Nézet-Séguin muy comprometido con la ópera.

Hemos dejado para el final el comentario sobre la orquesta del Met, que aparece en un gran momento artístico al comienzo de la temporada. Su director Yannick Nézet-Séguin sigue intratable en estos títulos de la ópera actual, que entiende y asume como propios, haciéndose cargo de su exégesis a través de una orquesta que siempre aparece energética y motivada en ellos. Confiamos en que la irregularidad que tuvimos que sufrir la temporada pasada sea tan solo un recuerdo pasajero. Bastará con que el director canadiense haga que la orquesta respire con Verdi como lo hace con Heggie.

OW


Metropolitan Opera de Nueva York, 3 de otubre de 2023. Dead Man Walking, ópera en dos actos con música de Jake Heggie y libreto en inglés de Terrence McNally, basado en el libro de la Hermana Helen Prejean.

Dirección Musical: Yannick Nézet-Séguin, Escenografía: Ivo van Hove, Iluminación: Jan Versweyveld, Vestuario: An D’Huys, Proyecciones: Christopher Ash, Diseño de Sonido: Tom Gibbons.

Reparto: Joyce DiDonato, Ryan McKinny, Latonia Moore, Susan Graham, Helena Brown, Briana Hunter, Magdalena Kuźma, Matteo Omoso Castro, Alexa Jarvis, Justin Austin, Chad Shelton, Raymond Aceto, Christopher Job, John Hancock, Patrick Miller, Jonathan Scott, Earle Patriarco, Ross Benoliel, Tyler Simpson.