Un decepcionante Otello con Jonas Kaufmann en Londres

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Un decepcionante Otello con Jonas Kaufmann en Londres
Un decepcionante Otello con Jonas Kaufmann en Londres

Este viaje a Londres tiene como objetivo fundamental asistir al debut de Jonas Kaufmann en el Otello de Verdi, habiendo un complemento interesante, consistente en un segundo reparto con la presencia de Gregory Kunde en el Moro de Venecia y a ello se añaden unas representaciones de Tutandot, una de ellas con la feliz y quizá empalagosa pareja formada por Alagna y Kurzak.

El caso es que no he podido asistir sino a la última de las funciones en que actúa el tenor alemán, de cuyo debut en Otello se ha escrito con profusión y además se ha retransmitido en directo en la gran pantalla el pasado día 28. Así que me temo que nada de nuevo voy a poder contar a mis amigos.

Si el objetivo fundamental del viaje es el debut de Kaufmann en personaje tan difícil como Otello, me saltaré el orden establecido y comenzaré hablando de la actuación del divo.

No estará de más hacer un par de comentarios previos. En primer lugar tengo que decir que uno no viene a Londres a ver a Kaufmann como si fuera una representación más, sino que hay una labor importante por delante para conseguir entradas hace muchos meses y eso significa que las expectativas no son las habituales en una representación de ópera. Por el contrario, las expectativas son máximas, no en balde hablamos del tenor lírico–spinto más importante del momento. También creo que es bueno recordar que Kaufmann ha atravesado unos meses de problemas vocales que le han obligado a mantenerse en el dique seco, aunque hubiera reaparecido en ópera hace unos 3 meses.

El balance global que yo hago de su actuación es de una cierta decepción o, si quieren ustedes, de un trabajo sin terminar. Trataré de explicarme. En primer lugar, mi impresión es que la voz de Jonas Kaufmann no corre como hace un año, por citar una lapso de tiempo amplio, lo que puede deberse tanto a rastros de sus problemas vocales anteriores como al hecho de su debut en un personaje tan icónico como Otello, con los correspondientes nervios e inseguridades. Me resultó decepcionante su Essultate, al que le faltó fuerza y brillo y donde uno llegaba a la conclusión no sorprendente de que su voz no es la de Otello. Tampoco consiguió emocionarme en el precioso dúo con Desdémona en el primer acto, del que esperaba más. Me sorprendió su interpretación escénica del personaje, que para mi gusto queda alejada de lo que hace años podíamos disfrutar con Plácido Domingo, mucho más interiorizado y convincente en escena que Kaufmann. Su mejor momento vino en el tercer acto, donde brilló de manera indiscutible en Dio mi potevi scagliar, cantado con un gusto exquisito, aunque corto de proyección al final. Para mi gusto se quedó corto en la escena de la llegada del embajador veneciano, mientras que claramente elevó la calidad de su canto e interpretación en el último acto, donde me resultó muy convincente. En resumen, una actuación un tanto decepcionante, habida cuenta de las expectativas que Kaufmann siempre despierta, la sensación de que su voz no es la del Otello dramático al que estamos acostumbrados (no me refiero a Supermán), y dudas sobre su estado vocal, ya que la proyección no es la misma de antes y hubo sonidos más engolados que lo habitual, especialmente en la primera parte de la ópera.

Su Desdémona era la soprano italiana Maria Agresta, cuya voz lírica hay que decir que llegaba al vasto auditorio del Covent Garden con más facilidad que la de su compañero de reparto. La italiana es una consumada soprano, que brilla en el repertorio puramente lítico, cantando siempre con gusto y afinación, aunque para mí siempre le falta ese algo más que convierte a una buena soprano en una cantante excepcional. Lo hizo bien, cantando con gusto su gran escena del último acto.

La parte de Iago fue interpretada por el barítono italiano Marco Vratogna, que sustituía al francés Ludovic Tezier, quien por cierto fue rechazado por el teatro por retrasar su llegada a los ensayos por enfermedad justificada. No me cabe la menor duda de que los aficionados a la ópera hemos salido perdiendo con el cambio en términos vocales, ya que la diferencia de calidad entre Tezier y Vratogna es evidente. En cambio, en términos escénicos, tengo que decir que la interpretación de Vratogna fue excelente, dando un sentido preciso a cada uno de sus frases y convirtiéndose en el auténtico motor de la representación. Vaso medio lleno o medio vacío, como quieran.

El tenor canadiense Frederic Antoun cumplió con su cometido en la parte de Cassio, con una voz de formato un tanto reducido y sin mayor brillo.

En los personajes secundarios lo mejor corrió a cargo del bajo In Sung Sim en la parte de Ludovico, con una voz amplia y pastosa. Lo hicieron bien Thomas Atkins en Roderigo y Simon Shibambu en Montano. Correcta y maltratada por la producción Kai Rüutel como Emilia. Sonoro el Heraldo de Thomas Barnard.

Maria Agresta y Jonas Kaufmann
Maria Agresta y Jonas Kaufmann

El otro punto de máximo interés de este Otello era la presencia de Antonio Pappano en la dirección musical, puesto que estamos hablando de un magnífico maestro, que forma parte hoy en día del podio de directores verdianos más destacados. A eso habría que añadir que hace 5 años nos brindó un Otello verdiano en este mismo teatro de los de no olvidar. También aquí hay que hablar de expectativas máximas y también hay que decir que no se han llegado a cumplir, aunque tengo el convencimiento de que la causa ha tenido que residir justamente en que se trataba del debut de Kaufmann, a quien había que cuidar y mucho. Lo cierto es que la tempestad que abre la ópera y el Essultate posterior me resultaron decepcionantes, Esperaba también más de Pappano en el segundo acto, aunque hubo algunos momentos destacados. Para mí gusto mejoró claramente su interpretación musical en los dos último actos, donde volví a reencontrarme con el excelente Antonio Pappano, a quien había echado en cierto modo en falta en la primera parte de la ópera. A sus órdenes estuvo una estupenda Orquesta de la Royal Opera House y un muy afinado Coro de la Royal Opera.

Para ocasión tan señalada se ha recurrido a una nueva producción de Keith Warner, cuyo trabajo me ha resultado decepcionante. Aquí no solo por las expectativas, sino por la pura realización y cortedad en la dirección escénica. La escenografía de Boris Kudlicka resulta poco atractiva, aunque fácil de movimiento para cambios de escena, mientras que el vestuario de época tradicional se debe a Kaspar Glarner y resulta adecuado. El ambiente de la producción es muy oscuro, excesivo me atrevo a decir, y la iluminación de Bruno Poet saca buen partido de la situación, aunque no siempre. Me llamó la atención que en la llegada de los venecianos sacaran un gran león alado, al que no hicieron sino pasarlo y con rapidez de una lado al otro del escenario. Podían haberlo ahorrado, ya que su coste no sería precisamente mínimo.

La dirección de escena de Keith Warner me resultó particularmente pobre, resolviendo, como casi siempre, de manera poco brillante la escena de Otello espiando a Iago y Cassio. La escena final iluminando la cama donde mueren los protagonistas me pareció una auténtica horterada. La dirección de masas fue totalmente inexistente. Ni se preocupó de mover al coro ni en el Fuoco di giogia ni en la escena de los embajadores venecianos.

El Covent Garden había colocado el cartel de Sold Out, como ha ocurrido en todas las representaciones. El público dedicó los mayores aplausos en los saludos finales a María Agresta, aunque no faltaron bravos para Kaufmann, Vratogna y Pappano.

La representación comenzó con 4 minutos de retraso y tuvo una duración total de 2 horas y 57 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 21 minutos. Seis minuto de ovaciones, como suele ser habitual en el Covent Garden.

El precio de la localidad más cara era de 270 libras, habiendo butacas de platea desde 216 libras. La localidad más barata con visibilidad costaba 43 libras.

José M. Irurzun