Der Rosenkavalier en Munich: cancela la Mariscala y la sustituye la Emperatriz

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Der Rosenkavalier en Munich. Foto: W. Hösl
Der Rosenkavalier en Munich. Foto: W. Hösl

No cabe duda de que la Ópera de Munich es una de las más importantes del mundo, si es que no es la primera de todas ellas en términos absolutos. Varias veces cada año se juntan atractivos suficientes en unos pocos días para volver a la capital bávara. En esta ocasión en tres días se han programado un Rosenkavalier con Kirill Petrenko en el foso, una nueva producción de Semiramide con Joyce DiDonato como protagonista, y para terminar una Elektra con Nina Stemme como la hija de Agamenón. ¡Como para resistirse!

Suelen decir, y yo creo que con razón, que la categoría de los teatros de ópera se demuestra en las sustituciones. El caso es que nada más llegar a Munich voy a la taquilla a recoger mis entradas y me encuentro con un cartel anunciando la cancelación de Anne Schwanewilms como Marschallin y sus sustitución por nada menos que Anja Harteros. Aquí la categoría es tal que podemos decir que cuando cancela la Mariscala le sustituye la Emperatriz. Confieso que tuve que volver a leer el aviso, ya que no daba crédito a lo que leía.

Como si lo anterior no fuera suficiente atractivo, en el foso del Nationaltheater estaba de nuevo el director musical de la Bayerische Staatsoper, es decir el ruso Kirill Petrenko, uno de esos escasísimos directores que justifican por sí solos cualquier visita a un teatro de ópera, en la seguridad de que será una ocasión especial. Una vez más, su dirección ha sido magnífica, particularmente en el último acto de la ópera, donde ha alcanzado cotas de calidad inolvidables. Sus tiempos han sido tan vivos como nos tiene acostumbrados, prácticamente igual que en la última vez que le vi dirigir esta ópera en el pasado mes de Julio. Si entonces no me entusiasmó su acompañamiento en las escena de amor del primer acto entre la Mariscala y Octavian, esta vez ha sido plenamente convincente. A partir del Monólogo de la Marschallin, su dirección fue gloriosa. Quizá lo menos espectacular de su dirección vino en el segundo acto, una vez pasada la impresionante Presentación de la Rosa que nos ofreció. La Bayerische Staatsorchester es una formación espléndida siempre, pero a las órdenes de Kirill Petrenko es de las de no olvidar y su nivel esta noche volvió a ser excepcional.

Al frente del reparto, aunque no sea el personaje que da título a la ópera, hay que colocar a la Mariscala (Emperatriz en este caso) de Anja Harteros. No es que sea la mejor hoy en el personaje (creo que he visto a todas las importantes), es que admite comparación con las mejores de la historia y eso que siempre los vivos son desfavorablemente comparados con los ya desaparecidos. Yo no quiero entrar en comparaciones históricas. Simplemente, diré que no se puede cantar mejor que lo que lo hace Anja Harteros en este personaje. Desde la primera vez que la vi la Mariscala (hace más de 5 años) quedé impresionado con su interpretación y sigo estándolo. A mis amigos no puedo sino aconsejarles que no se la pierdan si tienen la ocasión de hacerlo. A nuestros teatros de ópera les diré que apenas es concebible que Anja Harteros no haya cantado ópera en nuestro país sino en una ocasión y fue en Sevilla hace ya casi 10. Era una Donna Anna en Don Giovanni y además cantó enferma.

Octavian fue interpretado de manera convincente por la mezzo-soprano americana Angela Brower, que forma parte de la Bayerische Staatsoper desde hace casi 6 años y lleva una carrera ascendente. Se trata de una muy notable cantante, con una voz fresca y atractiva, muy bien manejada y que sabe expresar perfectamente. La única pega que se le pueden poner, y no es importante, es que su volumen puede resultar un pelín reducido para un teatro de ópera moderno, pero no para uno tradicional a la italiana.

Günther Groissböck repetía como Barón Ochs. Me sigue costando entrar en su interpretación, ya que tengo que luchar con el recuerdo de los que le han precedido en el personaje en los últimos años. Me estoy refiriendo a Kurt Moll, Kurt Rydl y Peter Rose. Los tres eran más maduros que Groissböck y con voces más amplias, de auténticos bajos. Gunther Groissböck es bastante más joven que lo que estamos acostumbrados en el personaje y es más bien un bajo–barítono que un auténtico bajo, al que le falta sonoridad en las notas más bajas, que se escuchan con dificultad.

Hubo otra sustitución en el personaje de Sophie. Estaba anunciada Hanna- Elisabeth Müller, que la cantara de manera intachable en el pasado Festival de Julio, siendo sustituida por la sudafricana Golda Schultz, que fue otro ejemplo de perfecta sustitución por parte del teatro. La actuación de Golda Schultz fue magnífica en todos los sentidos, ofreciendo una voz preciosa y con más cuerpo que lo que suele ser habitual en el personaje. Derrochó calidad, musicalidad y buen gusto en todas sus intervenciones.

Der Rosenkavalier en Munich. Foto: W. Hösl
Der Rosenkavalier en Munich. Foto: W. Hösl

El barítono Markus Eiche fue un intachable Faninal, muy adecuado para el personaje. Como Cantante Italiano lo hizo Andrej Dunaev, que ofreció una voz atractiva, pero me resultó poco elegante en su preciosa aria del primer acto.

Los personajes secundarios fueron perfectamente cubiertos en todos los casos. Repetían como intrigantes italianos la pareja formada por Ulrich Ress (Valzacchi) y Heike Grötzinger (Annina). Sonoro Peter Lobert como Comisario de Policía. Adecuada también Christianne Kohl como Marianne, un poquillo apretada por arriba. Bien también los dos Mayordomos: Matthew Grill para la Mariscala y Kevin Conners para Faninal.

Una vez más tuvimos ocasión de disfrutar de la bellísima producción de Otto Schenk, que tiene ya 45 años de vida. Desde entonces sus reposiciones nunca han faltado a la cita en Munich, como tampoco lo han hecho las otras dos producciones que hizo Otto Schenk de Rosenkavalier para Viena y Dusseldorf, que son muy similares y siguen gozando de buena salud, a juzgar por sus continuas reposiciones escénicas.

La escenografía y el vestuario son obra de Jürgen Rose y ambos son tan espectaculares y bellos como cabe esperar de este artista. Una bellísima habitación de la Mariscala en el primer acto, una espectacular mansión de Faninal en el segundo, que siempre arranca aplausos espontáneos del público al levantarse el telón, mientras que el tercer acto pierde bastante en belleza y espectacularidad. En la dirección escénica de Otto Schenk no hay relecturas, sino buen gusto y puesta permanente al servicio del texto y de la partitura.

El teatro estaba completamente lleno y el público se mostró entusiasmado con el resultado de la representación, dedicando ovaciones y bravos a todos los artistas, especialmente a Kirill Petrenko y Anja Harteros.

La representación comenzó con el aviso de sustituciones ya señalado, recibido con alborozo por el público. Tuvo una duración de 4 y 24 minutos, incluyendo dos largos intermedios, seguramente inevitables habida cuenta de las dificultades de movimiento de la producción. Duración musical de 3 horas y 3 minutos. Nada menos que 14 minutos de ovaciones, incluyendo el Happy Birthday dedicado por la orquesta a Kirill Petrenko.

El precio de la localidad más cara era de 163 euros, habiendo butacas de platea desde 91 euros. La entrada más barata con visibilidad costaba 39 euros.

Jose M. Irurzun