Der Rosenkavalier sigue triunfando en Munich

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Der Rosenkavalier sigue triunfando en Munich. Fotos: W. Hösl
Der Rosenkavalier sigue triunfando en Munich. Fotos: W. Hösl

Es éste un corto viaje a Munich para ver la nueva producción de Vísperas Sicilianas, además del siempre bien recibido Caballero de la Rosa con la dirección de Kirill Petrenko. Cronológicamente, comenzamos con la ópera de Richard Strauss, que ha tenido un destacado resultado artístico, especialmente en los apartados musical y escénico, quedando de forma más irregular el resultado vocal.

Munich nos ofrece una vez más la tradicional producción de Otto Schenk, lo que no es sino auténtica garantía de belleza escénica, aparte de buen gusto. Esta producción se estrenó en este teatro en 1972, es decir hace ya 46 años y fue entonces dirigida por Carlos Kleiber. La escenografía y el vestuario son obra de Jürgen Rose y ambos son tan espectaculares y bellos como cabe esperar de este artista. Una bellísima habitación de la Mariscala en el primer acto, una espectacular mansión de Faninal en el segundo, que arrancó – como siempre – aplausos espontáneos del público al levantarse el telón, mientras que el tercer acto pierde bastante en belleza y espectacularidad.

En la dirección escénica de Otto Schenk no hay relecturas, sino buen gusto y puesta permanente al servicio del texto y de la partitura. Muchos considerarán que estas producciones están anticuadas, pero yo no comparto esa idea. Lo bello nunca queda anticuado. Él día que retiren esta producción sería bueno que no la destruyeran y que se pudiera ver en algún museo de la ópera. Donde menos me ha convencido la dirección de Otto Schenk ha sido en el tercer acto, en el que todo el juego de las máscaras me ha parecido excesivamente infantil. En cualquier caso, una producción del agrado del público, con el que cada vez cuentan menos los directores de escena y de los propios teatros.

Recordaré que hay otras 2 producciones de Der Rosenkavalier del mismo Otto Schenk, muy similares todas ellas, y que, como ésta de Munich, se siguen representando asiduamente en Viena y Düsseldorf.

Como en las dos últimas ocasiones que he visto esta ópera en Munich, la dirección musical ha corrido a cargo del todavía director titular de la compañía, Kirill Petrenko, uno de los pocos directores por los que nunca tengo pereza en viajar, si está él en el foso. De este director uno siempre espera lo mejor y así ocurre una y otra vez, cuando vengo a Munich ý él dirige, En esta ocasión, su dirección no ha alcanzado los niveles de excepcionalidad que suelen ser la regla en sus actuaciones. Como en ocasiones anteriores, lo mejor fue su dirección en el último acto de la ópera, donde ha alcanzado cotas de muy alta calidad. Sus tiempos han sido más rápidos que los habitualmente vivos en este director, lo que ha podido restar emoción a su lectura en algunos momentos. Hubo ocasiones en las que el sonido que salía del foso era excesivo, teniendo en cuenta las voces que había en el escenario. Esto fue particularmente notorio en la escena inicial de la Mariscala y Octavian, volviendo a repetirse en algún momento aislado del segundo acto. La Bayerische Staatsorchester es una formación espléndida siempre, pero a las órdenes de Kirill Petrenko es de las de no olvidar y su nivel esta noche volvió a ser magnífico.

Octavian fue interpretado de manera convincente por la mezzo-soprano americana Angela Brower. Se trata de una buena cantante, con una voz fresca y atractiva, muy bien manejada y que sabe expresar perfectamente. Su mayor problema radica en el hecho de que su volumen vocal resulta un tanto reducido, lo que fue notorio en el primer acto de la ópera.

La Marschallin fue interpretada por la soprano canadiense Adrienne Pieczonka, a quien no había visto en este personaje desde que lo cantara en Bilbao hace nada menos que 18 años. Su actuación fue convincente en todos los sentidos, ofreciendo una voz adecuada y bella, bien manejada, como siempre.

Una vez más el Barón Ochs fue interpretado por el bajo Peter Rose, que se encuentra en el personaje como pez en el agua en la parte escénica. No diré lo mismo de su prestación vocal, que me ha parecido menos interesante que en ocasiones anteriores. Su voz se queda siempre corta en las notas más bajas y mi impresión es que su volumen vocal es más reducido que hace un par de años.

La soprano alemana Hanna-Elisabeth Müller fue nuevamente Sophie y volvíó a repetir su magnifica actuación de hace un par de años. Difícil encontrar hoy en día una intérprete mejor en este personaje, que lo borda tanto vocal como escénicamente.

Markus Eiche fue un adecuado Faninal, algo más modesto en su prestación vocal que en otras ocasiones anteriores.

Petrenko dirige un Rosenkavalier de la nouvelle génération: la Sophie d'Hanna-Elisabeth Müller et l'Octavian d'Angela Brower. Magique!
Der Rosenkavalier sigue triunfando en Munich. Fotos: W. Hösl

Lo hizo bien el tenor americano Lawrence Brownlee como Cantante Italiano en el primer acto.

Los personajes secundarios fueron bien cubiertos, comenzando por la pareja de intrigantes italianos, formada como tantas veces por Ulrich Ress (Valzacchi) y Ulrike Helzel (Annina). Sonoro y muy adecuado el Comisario de Peter Lobert. Correcta la actuación de Miranda Keys como Marianne. Los dos Mayordomos lo hicieron bien. Eran Manuel Günther y Kevin Conners, Correcto también el Notario de Christian Rieger.

El teatro estaba repleto. El público se mostró muy complacido con el resultado de la representación, ofreciendo ovaciones y bravos a los artistas, especialmente a las 3 intérpretes femeninas, así como a Kirill Petrenko. Inesperadamente, salió a saludar también el veterano Otto Schenk, recibido con muestras de cariño y entusiasmo.

La representación comenzó con los tradicionales 5 minutos de retraso en Munich y tuvo una duración de 4 horas y 18 minutos, incluyendo dos largos intermedios. Duración musical de 2 horas y 58 minutos, es decir la más rápida que me ha tocado vivir hasta ahora, siendo 5 minutos más rápida que las anteriores lecturas de Kirill Petrenko en este teatro. La diferencia estuvo en los dos primeros actos. Trece minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 163 euros, habiendo butacas de platea desde 91 euros. La localidad más barata costaba 39 euros.

José M.irurzun