Desdemona salva a Otello en Valladolid

107
Desdemona salva a Otello en Valladolid
Desdemona salva a Otello en Valladolid

Encontrar tenor para el complejo papel epónimo en este título verdiano es el difícil punto de partida para montarla. Este Otello en Valladolid contó con Fabio Armiliato para encarnar al celoso moro. Sobre el papel ya tuve dudas de que el tenor italiano pudiera estar a la altura del afanoso papel y se confirmaron desde su primera comparecencia en escena con el engorroso “Esultate!”. Antes de subir el telón se anunció una dolencia del cantante. La cuestión debió ser seria pues las condiciones vocales que exhibió fue penosa. Afortunadamente salió al quite una Desdemona de muy buenos mimbres. La soprano Isabel Rey debutaba el personaje y lo hizo con las precauciones debidas, llevándolo a su terreno para no forzar en ningún momento a su instrumento. Cantó con elegancia, inteligencia musical y depurada técnica; y su convincente actuación, con acentos intensos en la gestualidad, reforzó el trazo firme en el dibujo de la desdichada mujer. Otro resbalón en la elección del elenco fue el personaje de Iago. El barítono Rodrigo Esteves es un buen cantante pero no es un barítono verdiano. Eché de menos esa maldad retorcida que se debería palpar en la voz. Su prestancia en el escenario es notable y eso lo impulsó para que el resultado, en conjunto, no quedara mal situado. Porque en esta producción, firmado de Paco Azorín y procedente del Festival de Peralada, el artífice de todo lo que pasa en escena es Iago y su grupo de secuaces (figurantes) que pueden ser interpretados como parte de su alma maligna.

Desdemona salva a Otello en Valladolid
Desdemona salva a Otello en Valladolid

Partiendo de una sencilla escenografía (también firmada por Azorín) de tres muros que van articulándose en varias formas para formar diversos espacios, atemporales y descontextualizados de cualquier enclave geográfico, Azorín construye sobre una dirección de actores precisa y afortunada. Las proyecciones (Pedro Chamizo) ayudan a fijar a un lugar concreto el argumento (el mar, el símbolo del león veneciano) y el vestuario (Ana Garay) aportan suntuosidad y atemporalidad a la vez. Una iluminación muy cuidada (Albert Faura) es el broche final de una propuesta escénica suculenta. El tenor Alejandro del Cerro fue un destacado Cassio y a la mezzosoprano Mireia Pintó (Emilia) le faltó volumen para hacerse notar. Los personajes comprimarios estuvieron muy bien servidos por el tenor Pablo García López (Roderigo), el bajo Randall Jakobsh (Lodovico) y el barítono Germán Olvera (Montano). La dirección musical de Sergio Alapont fue sólida, ajustada en lo posible a los cánones y siempre al servicio de los cantantes. La Orquesta Sinfónica de Castillo y León hizo bien los deberes. El coro dio su mejor esfuerzo pero el encargo les quedó un poquito grande. Hubo problemas en el buen empaste entre las voces desde el principio hasta el final.

Federico Figueroa