Destacado reparto de La Favorite en Munich para una deficiente producción

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La Favorite en Munich
La Favorite en Munich. Foto: W. Hösl

Esta ópera de Donizetti se ha convertido en un título de los llamados raros, ya que pocas son las ocasiones en que los teatros de ópera la programan en los últimos años. Casi se puede decir que ha desaparecido de las programaciones desde los tiempos de Alfredo Kraus. Evidentemente, se necesitan muy buenos cantantes para poder representarla y eso precisamente hemos tenido en Munich, aunque la producción escénica haya dejado que desear, cumpliendo bien la musical.

Se ha vuelto a ofrecer la producción de Amélie Niermeyer, que se estrenara durante el pasado mes de Octubre y el resultado ha dejado bastante que desear. Para empezar trae la acción a tiempos actuales, con lo que todo empieza a perder sentido. Evidentemente, lo de la amante o favorita no tiene sentido en estos tiempos, ni tampoco esas llamadas al honor del tercer acto y mucho menos las intervenciones amenazadoras de la Iglesia.. Basta con echar un vistazo de vez en cuando al Hola para darse cuenta de que esto no se tiene de pie. Lo único interesante de su trabajo me ha parecido el ballet, que no ha consistido sino en la música, con Alfonso y Leonora como si vieran una película, con un comportamiento niñato, pero muy bien hecho, por parte del monarca.

La escenografía de Alexander Müller-Elmau es única para los cuatro actos, consistente en unos módulos metálicos móviles, cambiando de posición para las distintas escenas. Estos módulos, cuando se iluminan, permiten ver un Cristo y unas Vírgenes vivientes, que son de lo más hortera. Por lo demás, siempre hay sillas en la parte delantera del escenario. Para todo sirven las sillas, que se convierte en involuntarias protagonistas de la ópera. . El vestuario de Kirsten Dephoff parece pensado para resaltar la figura de Elīna Garanča. La iluminación, como habitualmente en Munich, se debe a Michael Bauer. Es una producción con ínfulas y sin interés.

La Favorite en Munich. Foto: W. Hösl

La Favorite en Munich. Foto: W. Hösl

La dirección estuvo encomendada a Karel Mark Chichon, que a nadie se le escapa es el marido de la protagonista de estas representaciones. Su labor ha sido correcta, aunque hubo exceso de volumen orquestal en más de un momento. Estos excesos no molestaron a los cantantes, pero se podían haber evitado. En belcanto se necesita siempre el apoyo del maestro a los cantantes y esto ha existido siempre. La Orquesta de la Bayerische Staatsoper funcionó bien. Buena, como siempre, la actuación del Coro.

Elīna Garanča había debutado en escena el pasado mes de Octubre en la parte de Leonor de Guzmán, aunque anteriormente la había cantado en versión de concierto. Su actuación fue digna de ser destacada. Vocalmente, irreprochable, con agudos poderosos, y escénicamente en buena forma, haciendo creíble el personaje, salvo la escena final, pero eso no es culpa de ella. Se encuentra en un gran momento vocal y todo indica que su salto al gran repertorio verdiano es un hecho y buena falta hace.

Matthew Polenzani fue Fernand y su interpretación me resultó un tanto blanda y almibarada, con una voz un tanto ligera para algunos pasajes de la ópera. Canta bien, indudablemente, pero no puede compararse a los grandes Fernandos de la historia. La paleta de colores de su voz no es muy rica y eso da una cierta monotonía a sus interpretaciones vocales.

Mariusz Kwiecien fue un estupendo Alfonso, cantando y actuando. Este es otro cantante que está en plena sazón y da gusto verle en un escenario. Se entregó a la visión que del personaje ofrece la producción, es decir un joven poco maduro y caprichoso, y lo hizo francamente bien.

Mika Kares fue un autoritario y sonoro Balthazar. Me produjo buena impresión la soprano Elsa Benoit como Inés. Muy ligero y de volumen limitado, aunque bien actuado, el Don Gaspar de Joshua Owens Mills.

El teatro había agotado sus localidades. El público se mostró cálido con los protagonistas en los saludos finales, especialmente con Elīna Garanča.

La representación comenzó con 5 minutos de retraso y tuvo una duración de 2 horas y 56 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 24 minutos. Nueve minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 163 euros, habiendo butacas de platea desde 91 euros. La localidad más barata con visibilidad costaba 39 euros

José M. Irurzun