Deutsche Oper: Un Rigoletto marrado por la producción y la cancelación del protagonista

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Deutsche Oper: Un Rigoletto marrado por la producción y la cancelación del protagonista
Deutsche Oper: Un Rigoletto marrado por la producción y la cancelación del protagonista. Foto: B. Stöss

Este nuevo viaje a Berlín tiene como objetivo principal asistir a la representación de Hugonotes, con el debut de Juan Diego Flórez en la parte de Raoul, sobre cuya adecuación me asaltan serias dudas. A esto hay que añadir una Tosca con la presencia de Anja Harteros acompañada de Jorge de León, una ópera desconocida, como es Peter Pan, y, como aperitivo, un Rigoletto con la presencia como protagonista de Markus Brück, que siempre me ha parecido un estupendo barítono. Lamentablemente, ha cancelado y hemos asistido a un Rigoletto infumable escénicamente, un tanto modesto en lo vocal y a buen nivel en lo puramente musical.

La producción es del alemán Jan Bosse , habiéndose estrenado en este teatro en Mayo de 2013. Su trabajo es uno más de los que pueden considerarse como originales y rompedores, además de absurdo y aburrido. Ya al entrar en la sala, no nos encontramos con el telón que siempre cierra el escenario, sino con una reproducción (a escala reducida) del propio teatro, con dos niveles: butacas en la parte inferior, donde se ha ido colocando el coro, como si espectadores fueran, y arriba el primer piso del teatro con presencia de figurantes. Hasta ahí llega el factor sorpresa. Va a ser en estas butacas donde se desarrollará la acción, con un Duca un tanto mafioso y moderno y un bufón que entra en escena como un conejo lleno de lentejuelas, como si de una Drag Queen se tratara. La escena de Rigoletto y Sparafucile se desarrolla también en el patio de butacas y entramos en la casa del bufón, haciendo que se suban las butacas de atrás para dejar en su lugar un reducido espacio, que se supone es la casa donde vive Rigoletto con Gilda. El espacio es tan estrecho que no permite movimientos y me recuerda a los cubículos japoneses, a los que los periódicos se referían estos días. Vuelven todas las butacas en el segundo acto, mientras que en el tercero los figurante dan la vuelta a las butacas para hacer figurar (hay que tener mucha imaginación) la casa de Sparafucile, que desaparecerá totalmente con la tormenta, dejando un espacio desnudo, donde se desarrolla la muerte de Gilda en brazos de Rigoletto.

Hace tiempo que he dejado de preguntarme los motivos que asisten a los registas para hacer determinadas interpretaciones y la verdad es que no me interesa más que el resultado, por mucho que el programa de mano ofrezca una larga entrevista con Jan Bosse. El resultado final no puede ser más triste. Es una de las peores producciones de Rigoletto que he visto, junto con la de Doris Dorrie (Rigoletto en el país de los simios) y la de Arpad Schilling, que ofrecía gradas en lugar de butacas para el coro. Para el archivo diré que la escenografía era de Stephane Laimé y el vestuario de Kathrin Plath.

Si escénicamente hemos asistido a uno de los peores Rigolettos que yo recuerdo, musicalmente las cosas han funcionado mucho mejor. Al frente de la dirección estuvo el joven (32) venezolano Diego Matheuz, que ha refrendado la positiva impresión que me dejó el año pasado en el Don Pasquale del Liceu de Barcelona. Su lectura ha tenido siempre vida y dramatismo, controlando el volumen del foso y ayudando a los cantantes. Es un director muy interesante y que tiene una importante carrera por delante. Buenas las prestaciones de la Orquesta y el Coro de la Deutsche Oper Berlín.

Como digo más arriba, el mayor interés de este Rigoletto era la presencia de Markus Brück como protagonista. Lamentablemente, canceló y fue sustituido por el italiano Francesco Landolfi, un barítono más bien modesto, que no pasó de salvar la situación con cierto decoro. La voz no tiene excesiva calidad ni volumen, quedando además corta en la parte de abajo, no faltando sonidos sucios en las notas altas, que procuraba evitarlas, cuando eran muy expuestas. Tampoco como intérprete es un dechado de perfección.

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Lo mejor del reparto fue la soprano australiana Siobhan Stagg en la parte de Gilda. Su atractiva voz va muy bien al personaje, acompañada por una atractiva figura y buena desenvoltura escénica. Había tenido oportunidad de verla en este teatro el año pasado como Sophie (Rosenkavalier) y Blondine y la he encontrado más madura, habiendo desaparecido algunos sonidos un poco ácidos que ofrecía entonces en las notas altas. Va a hacer una carera importante.

El tenor coreano Yosep Kang es una especie de todo terreno en Berlín, que tiene un muy amplio repertorio. La voz tiene calidad y está bien emitida, pero me temo que su carrera empieza a resentirse del amplio repertorio que ha venido ofreciendo. Las notas altas están claramente más apretadas que hace simplemente un año, hasta el punto de tener problemas con el Si de La donna è mobile. Obviamente, la cabaletta del segundo acto la terminó abajo. Me temo que, a pesar de su juventud, sus mejores años hayan quedado atrás.

El bajo ucraniano Ievgen Orlov fue Sparafucile y lo hizo bien, sin relieve especial. En estas fechas estaba también anunciado en Bilbao como Alidoro y, obviamente, ha cancelado. Creo que no se ha perdido mucho, ya que no me parece que sea un bajo para cantar Rossini. La voz tiene cierta amplitud y resuelve bien la parte aquí.

La mezzo-soprano Judit Kutasi dobló como Giovanna y Maddalena. Pasó sin pena ni gloria por el primero de los personajes, mejorando en el segundo, mostrando una voz amplia y atractiva.

El bajo Dong-Hwan Lee fue un Monterone un tanto modesto y apretado. Sonoro el Conde Ceprano de Ben Wagner. Adecuados, Matthew Newlin (Borsa) y Thomas Lehman (Marullo). Lo hizo bien Adriana Ferfezka como Condesa Ceprano.

El teatro mejoró su aspecto en lo que a público se refiere con la venta de entradas de última hora, que debían de ser a precio reducido, ya que las colas eran bastante largas. Con todo ello, no pasaría del 80 % del aforo, estando los mayores huecos en los pisos altos. No hubo entusiasmo a escena abierta. En los saludos finales los mayores aplausos fueron para Siobhan Stagg.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 2 horas y 29 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 1 hora y 53 minutos. Seis minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 97 euros, habiendo butacas de platea desde 55 euros. La localidad más barata costaba 31 euros.

José M. Irurzun