Die Entführung aus dem Serail en el Teatro Schiller de Berlín

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Die Entführung aus dem Serail en el Teatro Schiller de Berlín
Escena de Die Entführung aus dem Serail en el Teatro Schiller de Berlín

La Berlín Staatsoper lleva ya 4 temporadas fuera de su ubicación habitual en la Unter den Linden. Lo que en principio iba a ser para una temporada, se sigue prolongando, aunque todo parece indicar que pronto se va a volver a la localización de siempre.

Esta versión de Die Entführung aus dem Serail en el Teatro Schiller se ha ofrecido en una supuesta producción escénica de Michael Thalheimer, que se estrenó por la Berlin Staatsoper en el año 2009. Es decir, que van ya 6 años de sufrir una de las producciones más absurdas que he podido ver. El absurdo comienza por el hecho de que no se trata de una producción escénica propiamente dicha. De hecho, he visto muchas óperas en versión de concierto que merecían más considerarse como producciones escénicas que la que nos ocupa. Más bien habría que considerarla como una versión de concierto con vestuario grotesco en algunos casos.

La supuesta escenografía se debe a Olaf Altman y no consiste sino en unas paredes lisas, añadiéndose una pasarela elevada, para que la supuesta acción pueda desarrollarse en dos niveles.. El vestuario de Katrin Lea Tag es blanco para Konstanze y Belmonte, grotesco para Pedrillo, Blondine y Osmin y no existe para el coro, que simplemente usan las ropas que se ponen en los conciertos. La dirección escénica no es distinta a la que se puede ofrecer en una versión de concierto, con los cantantes totalmente estáticos, llegando al punto de que el cuarteto de los europeos en el segundo acto lo cantan cada uno en un esquina, aunque – eso, sí – utilizando para Belmonte y Konstanze la pasarela elevada.

La dirección musical estuvo en la batuta de Christopher Moulds, cuya actuación tampoco llegó a convencerme, faltando delicadeza y sobrando volumen. Los tiempos fueron vivos, pero aquello no me sonaba a música del divino Mozart. La Staatskapelle Berlín no estuvo tampoco a la altura que le he escuchado en otras ocasiones. Correcto el Staatsopernchor en sus breves intervenciones.

Escena de Die Entführung aus dem Serail en el Teatro Schiller de Berlín
Escena de Die Entführung aus dem Serail en el Teatro Schiller de Berlín

El reparto vocal no pasó de la mediocridad, encabezado por la soprano americana Laura Aikin, que resultó una Konstanze adecuada en el centro, con el problema de que en la parte alta de la tesitura resulta estridente y por abajo es casi inaudible. Anda bien en coloratura, pero hace falta una Konstanze más completa.

El tenor Pavol Breslik fue el mejor cantante del reparto en la parte de Belmonte. Mostró una voz adecuada, atractiva y bien manejada, acompañada de una figura muy creíble.

El bajo Wilhelm Schwinghammer era el intérprete de Osmin. Tengo que decir que este cantante nunca me ha gustado y tenia curiosidad por volver a escucharle, ya que veo que sigue estando programado por teatros de opera importantes. Pues bien, una vez más tengo que decir que sigue sin gustarme. Le falta amplitud para la parte de Osmin y además no tiene ni la más mínima vis cómica. Respecto de su canto de agilidades más vale que corramos un tupido velo.

La joven soprano portuguesa Sonia Grané tampoco me resultó una convincente Blondine. La voz no está sobrada de calidad, bastante reducida y muy ligera. Tuvo que aguantar el vestuario que le pusieron encima y hacer algunas tonterías en escena por imposición de la regía.

El tenor Manuel Günther pasó sin pena ni gloria por la parte de Pedrillo, llevándose la palma del peor vestido del cast.

Die Entführung aus dem Serail en el Teatro Schiller ofrecía una ocupación de alrededor del 85 % de su aforo. El público se mostró bastante frío durante la función y tampoco hubo entusiasmo en los saludos finales, con aplausos algo más cálidos para Pavol Breslik.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 2 horas y 6 minutos, sin interrupción. Para hacerlo se cortaron muchos diálogos, lo que en este caso es de agradecer. Algo menos de cinco minutos de aplausos.

El precio de la localidad más cara era de 68 euros, habiendo butacas de platea desde 39 euros. La entrada más barata costaba 22 euros.

José M. Irurzun