Die Frau ohne Schatten. Strauss. Munich

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Nationaltheater de Munich. 3 Julio 2014.

Esta magna obra de Richard Strauss fue la que inauguró la reapertura del Nationaltheater de Munich, que quedara casi totalmente destruido durante la guerra. La reapertura tuvo lugar en Noviembre de 1963. Para conmemorar el 50 aniversario de dicha efemérides la Bayerische Staatsoper ofrecíó una nueva producción de La Mujer Sin Sombra, que fue recibida en autentico triunfo. Nada mejor que conmemorar ahora el 150 aniversario del nacimiento del compositor con la reposición de la misma producción, que ha ofrecido novedades en el podio y en el reparto vocal. Si el resultado de las representaciones del pasado otoño supuso un gran triunfo, lo mismo se puede decir ahora, con una espectacular interpretación musical, una magnífica producción escénica y un reparto adecuado, con alguna sombra de importancia.

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La producción se debe al polaco Krzysztof Warlikowski, que hace seguramente el mejor de todos sus trabajos hasta ahora. No hay relecturas del libreto, sino una gran incidencia en el aspecto fantástico de la ópera y su carácter en cierto modo onírico, llevando la acción a tiempos modernos – años 60 – con claras referencias al psicoanálisis desde el arranque, con 4 minutos de imágenes del film El Año Pasado en Marienband. La acción se desarrolla en una especie de clínica psiquiátrica, que ofrece un escenario con dos partes: a la izquierda la parte lujosa de los seres fantásticos, y a la derecha, los humanos con una simple cama y unas lavadoras industriales. Ambas partes del escenario (Malgorzata Szczesniak) tienen una mesa en común usada por ambos mundos, uniéndose a través de un lujoso ascensor en la izquierda y un montacargas a la derecha. Esta simple escenografía, unida a proyecciones de video muy adecuadas, resultan muy imaginativa y bellísima, además de perfectamente adecuada para la narración de la historia. El vestuario, de la propia Malgorzata Szcaesniak resulta brillante en los seres fantásticos y adecuado en los humanos. El tercer acto se desarrolla en un amplio espacio abierto y está tratado con gran mimo y emoción, haciendo aparecer en la última parte a numerosos jovencitos (los niños no nacidos), que dan gran vida y colorido a la escena.

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La dirección escénica es estupenda, mostrando Warlikowski un gran cuidado en el detalle, no habiendo elementos provocadores ni fuera de contexto por ningún lado. La escena final con los 4 personajes principales reunidos en una mesa y todos los niños por detrás es de una gran plasticidad, no faltando proyecciones curiosas de auténticos iconos como King Kong, Ghandi, Siegmund Freud o la misma Marilyn Monroe. En resumen, una bellísima producción, el mejor trabajo que recuerdo de Warlikowski. Si mi información es correcta, se podrá ver en la temporada 2015-2016 en el Teatro Real y puede ser un éxito.

En Noviembre del pasado año debutaba en sus funciones de director musical de la Bayerische Staatsoper Kirill Petrenko y pocas veces ha habido tanta unanimidad y entusiasmo ante una lectura musical como la que él ofreció. En esta ocasión hemos tenido cambio en el podio, ya que Petrenko está en Bayreuth ocupado en los ensayos del Anillo del Nibelungo. Su puesto ha sido ocupado por Sebastian Weigle, el actual director musical de la Ópera de Frankfurt. No puedo comparar ambas versiones, ya que no pude asistir al estreno de Noviembre, pero puedo decir que el resultado musical ha sido espectacular, sin duda la mejor dirección que he tenido la suerte de disfrutar de Sebastian Weigle. Sea por su dirección, por el hecho de tener la ópera perfectamente trabajada con Kirill Petrenko o, simplemente, porque llevan los músicos munieses a Richard Strauss en sus genes, lo cierto es que el sonido que salía del foso no ha tenido nada que ver con lo que hemos escuchado los días anteriores en Macbeth y Guillaume Tell. Die Frau Ohne Schatten es un auténtico monumento musical, que pide a gritos un extraordinario maestro y una orquesta espectacular. Todo ello se ha dado en Munich en esta ocasión para disfrute de los espectadores, que hemos salido encantados del teatro. El solo de violín del tercer acto, acompañando a la Emperatriz, fue un momento inolvidable, bellísimo y emocionantísimo. Uno no puede sino pensar con nostalgia en el hecho de que Sebatian Weigle fue director musical del Liceu de Barcelona. Cualquier tiempo pasado fue mejor.

La Mujer Sin Sombra no es otra sino la Emperatriz, personaje complejo donde los haya y de grandísimas dificultades vocales, con una tesitura complicadísima. La soprano canadiense Adrianne Pieczonka lo hizo magníficamente. Voz bellísima y cantante de gran sensibilidad, es una auténtica referencia en el personaje.

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La mujer de Barak, es decir la Tintorera, exige una soprano dramática con grandes dosis de expresividad en su canto. La rusa Elena Pankratova no me resultó particularmente convincente en el primer acto, pero en los dos últimos demostró una perfecta adecuación al personaje y salió claramente triunfante de la prueba.

La tercera mujer en la ópera (no podría ser de otra manera con Richard Strauss) es la Nodriza, cuya actuación es casi permanente en los dos primeros actos de la ópera. Aquí se produjo el único punto verdaderamente oscuro del reparto, ya que Deborah Polaski no es sino una sombra de lo que fue, con una voz reseca y envejecida y un tercio agudo que resulta imposible hasta en una parte de mezzo soprano. Su brillante actuación escénica no puede compensar una prestación vocal como la suya, que pide a gritos pasar a la reserva. Una cosa es que interprete la Zia Principessa en Suor Angelica y otra muy distinta un personaje tan exigente e importante como la Nodriza.

La única novedad en el reparto respecto del estreno en Noviembre era la presencia del barítono John Lundgren como Barak en lugar de Wolfgang Koch, quien también está en ensayos en Bayreuth. La actuación de Lundgren fue buena, aunque a la voz le falta mayor amplitud y proyección, pero transmitió bien la nobleza que requiere el personaje.

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La parte del Emperador es tan imposible de cantar como otras cuantas que Richard Strauss escribió para tenores. Es el personaje menos relevante de los cinco principales, pero tiene una tesitura endiablada como pocas. Johan Botha es uno de los pocos capaz de enfrentarse a las exigencias vocales del personaje y lo hizo francamente bien, aunque dramáticamente el personaje casi no existe ni resulta creíble.

Los personajes secundarios fueron francamente bien cubiertos. Los hermanos de Barak (el Cojo, el Manco y el Jorobado) aquí no son tales, sino un par de depravados y un epiléptico. Lo hicieron bien Tim Kuypers, Christian Rieger y Matthew Peña. Buena también la actuación de Sebastián Holecek como Mensajero de Keikobad.

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El resto de personajes cantaban fuera de escena, siendo doblados por actores. Las prestaciones vocales de Eri Nakamura (Halcón), Hanna Elisabeth Müller (Guardián del Templo) y Okka von der Damerau (Voz de lo alto) fueron muy buenas. Cumplió bien Dean Power como la voz del Joven Aparecido.

Nuevamente el Nationaltheater ofrecía un lleno total, aunque había abundante oferta de entradas en los alrededores del teatro. El público demostró de manera indudable su satisfacción con la representación, dedicando una recepción triunfal a los artistas, particularmente a Sebatian Weigle y la Orquesta.

La representación comenzó con 5 minutos de retraso y tuvo una duración de 4 horas y 20 minutos, incluyendo dos intermedios. Duración musical de 3 horas y 11 minutos. Once minutos de aplausos y bravos.

El precio de la localidad más cara era de 164 euros, habiendo butacas de platea por 92 euros. La localidad más barata costaba 40 euros, habiendo entradas de pie por 12 euros.

José M. Irurzun