Die Walküre en Dresde con una impresionante Nina Stemme

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Die Walküre en Dresde con una impresionante Nina Stemme
Die Walküre en Dresde con una impresionante Nina Stemme

Como decía el día pasado, era esta representación de Die Walküre el centro de interés de este viaje a Dresde. Las altas expectativa iniciales se han cumplido solamente en parte. Hemos asistido a una versión musical con momentos espectaculares, aunque con algo de falta de continuidad, junto con una producción escénica que podríamos calificar de decepcionante, si no fuera por ser de sobra conocida, y finalmente, un reparto vocal irregular, con alguna actuación sobresaliente.

La producción escénica se debe a Willy Decker y es una coproducción con el Teatro Real, donde se pudo ver en el año 2003, habiendo tenido aquí su estreno absoluto en el año 2001. Uno entiende y acepta (aunque cada vez resulta más aburrido) la idea de una representación de teatro dentro del teatro, pero en este caso resulta una auténtica pesadez. La idea de que Wotan ha organizado toda esta representación y que él mismo es el director de escena, moviendo los personajes según sus deseos, no está mal traída, pero resulta pesada y aburrida en su desarrollo y eso que aquí no estamos sino ante la primer jornada del Anillo del Nibelungo.

En el Acto I se nos presenta un patio de butacas y al fondo la sala de la morada de Hunding, con unos paneles desnudos de madera y una columna representando al fresno. El único elemento decorativo es una fotografía en la pared con la boda de Hunding y Sieglinde. Al entrar la primavera, se levanta el panel del fondo y ¿qué creen que aparece? Pues ni más ni menos que más butacas, quedando la escena reducida a una simple pasarela. En la primera escena del Acto II volvemos a la pasarela con sus dos grupos de butacas delante y detrás, ocupando la escena maquetas y estatuas. El cambio de decorado para la escena segunda se hace simplemente corriendo una cortina negra, de modo que la escena entre los dos hermanos-amantes que huyen se desarrolla de nuevo en las butacas. El enfrentamiento con Hunding tiene lugar fuera del escenario y la muerte de Siegmund y Hundnig, en la pasarela. En el Acto III ya no hay pasarela ni escenario, sino que todo es butacas, por donde corretean las Walkyrias. Al final sale al fondo algo que quiere ser una roca y consigue el Fuego Mágico poniendo las butacas más rojas. Creo que se entenderá fácilmente que la obsesión por las butacas es mucho mayor que la de Alberich o Wotan por el Anillo. Yo insisto una vez más en que las producciones son de dos clases: buena y malas. Ésta en particular corresponde sin la menor duda a la segunda categoría.

La llamada escenografía (butacas y más butacas) y el vestuario son obra de Wolfgang Gussmann. El vestuario es moderno y no tiene nada de particular. El único punto positivo de la puesta en escena me pareció la presencia de Wotan en el primer acto, como el director de escena que dirige la acción según sus deseos, aunque la cosa no le funcione, lo que entra perfectamente en la trama del Anillo.

Si la producción dejó mucho que desear, uno podía esperar que la redención viniera de la interpretación musical, no en balde al frente de la misma estaba Christian Thielemann. Efectivamente, hubo redención, aunque confieso que esperaba más del gran director alemán, especialmente después de haber asistido el año pasado en Munich al Anillo dirigido por Kirill Petrenko. La dirección de Thielemann tuvo momentos espectaculares, entre los que destacaría el Monólogo de Wotan y el Anuncio de la muerte de Siegmund (en general, todo el segundo acto), al que habría que añadir el Adiós de Wotan a Brünnhilde y el Fuego Mágico en el tercer acto. En estos pasajes la dirección de Thielemann fue la que puede esperarse de uno de los grandes directores wagnerianos de hoy. No diré lo mismo de su dirección en el primer acto, que me resultó decepcionante. Tengo la impresión de que los gemelos welsungos fueron la causa de esta dirección corta de vida. Lo que no se puede negar de ninguna manera a Thielemann es haber conseguido un sonido verdaderamente suntuoso por parte de la Staatskapelle Dresden, que demostró que a las órdenes de su director titular poco tiene que envidiar a cualquier otra orquesta en el mundo.

Die Walküre en Dresde con una impresionante Nina Stemme
Die Walküre en Dresde con una impresionante Nina Stemme

La protagonista que da nombre a la ópera no es otra que Brünnhilde, que fue interpretada por Nina Stemme, que tuvo una actuación inmejorable. Lo tuvo todo, comenzando por un timbre bellísimo, siguiendo con un poderío a prueba de bomba y terminando con unas dosis de emotividad en su canto dignas de todo elogio. Hoy no hay muchas Bruñnhildes disponibles, pero, cuando se comparan con la sueca, podemos decir que no hay ninguna. Espectacular, Nina Stemme.

Como Wotan tuvimos al barítono de la casa, Markus Marquardt, al que le falta poderío y amplitud para ser uno de los grandes intérpretes del personaje. Dentro de sus limitaciones, fue un Wotan convincente como actor y como cantante, aunque podría decir que la ocasión merecía otro intérprete más importante, que no hay que salir de Alemania para encontrarlo.

En los gemelos welsungos tuvimos que lamentar la cancelación de Johan Botha, de cuyo estado de salud me llegan noticias muy pesimistas. Su sustituto como Siegmund fue el tenor británico Christopher Ventris, que ofreció una prestación bastante modesta durante el primer acto. La voz no corría muy bien, mostraba limitaciones por arriba y tampoco estaba sobrado de facultades, como pudo observarse claramente en sus Wälse, walse, entre los más cortos que he tenido ocasión de escuchar en un teatro. La cosa mejoró en el segundo acto y estuvo bien en la escena del anuncio de su muerte.

Sieglinde era Petra Lang y sobre su presencia en este reparto pongo muchos interrogantes. La voz de esta cantante no tiene el brillo necesario para hacer frente a este personaje. Ella es una gran Ortrud o Kundry, roles que poco tienen que ver con Sieglinde. La voz sonaba particularmente mate y hasta envejecida y creo que mejor haría en seguir centrada en los personajes que le van mucho mejor a sus características vocales.

Christa Mayer lo hizo bien en la parte de Fricka, con voz adecuada y cantando siempre con intención. Georg Zeppenfeld fue un Hunding adecuado, mejor que el día anterior en Sarastro.

El grupo de Valkyrias dejó que desear. Más de una ofrecía una voz excesivamente reducida, especialmente Sonja Mühleck (Gerhilde) y Christiane Kohl (Helmwige). El resto de sus hermanas eran Irmgard Vilsmaier (Ortlinde), Christina Bock (Waltraute), Julia Rutigliano (Siegrune), Simone Schröder (Rossweisse), Constance Heller (Grimgerde) y Nadine Weismann (Schwerleite).

El teatro ofrecía una ocupación de algo más del 95 % de su aforo, con oferta de entradas a la puerta de teatro. El público dedicó un triunfo a Nina Stemme y a Christian Thielemann.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 4 horas y 45 minutos, incluyendo dos intermedios. Duración musical de 3 horas y 41 minutos, es decir 10 minutos más lenta que la de Kirill Petrenko en Munich. Nueve minutos de aplausos, a los que habría que añadir otros 3, en los que público – todavía numeroso – seguía reclamando la aparición de nuevo de los artistas, lo que no tuvo lugar. Me pareció una desconsideración por su parte.

El precio de la localidad más cara era de 120 euros (palco central). Las butacas de platea oscilaban entre 74 y 99 euros. La entrada más barata costaba 22 euros.

José M. Irurzun