Die Zauberflöte en Berlín: Una tradicional y agradable representación

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Die Zauberflöte en Berlín
Die Zauberflöte en Berlín. Foto: Bettina Stöss

El principal interés de este viaje a Berlín estriba en la nueva producción de Tristan und Isolde que se ofrece en la renovada Ópera de la Unter den Linden bajo la dirección de Daniel Barenboim. A esto todavía se añade la oportunidad de ver L’Arlesiana de Cilea, de la que apenas conocemos más que el precioso Lamento de Federico. Como aperitivo se ofrecía en la Deutsche Oper una Flauta Mágica, que ha resultado un espectáculo agradable, con una producción atractiva y buenos complementos musicales y vocales.

La producción ofrecida por la Berlín Deutsche Oper es la de Günther Krämer que se estrenara en este teatro hace ya 27 años y que llega con ésta a sus 338 representaciones en este teatro. La producción resulta atractiva y no pretende sino narrar un cuento, lo que hace perfectamente. La escenografía de Andreas Reinhardt apenas tiene otros elementos fijos que un árbol en la parte delantera del escenario, siendo todo lo demás elementos móviles, bien manejados por figurantes, desde la aparición de la gran serpiente hasta las pruebas del fuego y del agua. El vestuario se debe al mismo escenógrafo y resulta muy tradicional y adecuado. Cuenta la producción con un notable trabajo de iluminación, aunque lamentablemente, el programa no dice quién haya sido su responsable. Estamos ante una producción atractiva puesta al servicio de la ópera y que cuenta además con buenos actores en escena.

La dirección musical corría a cargo del joven (30) director alemán Nikolas Maximilian Nägele, a quien no había tenido oportunidad de ver dirigir hasta ahora. La impresión es positiva, demostrando un gran conocimiento de la obra, llevada con buen ritmo y sacando un buen partido de la Orquesta de la Deutsche Oper. Correcto el Coro de la Deutsche Oper.

El joven (30) tenor Attilio Glasser fue Tamino y tuvo una buena actuación. Su voz es atractiva, resultando adecuado para el personaje y ofreciendo una convincente actuación escénica.

Pamina fue interpretada por la soprano australiana Siobhan Stagg, que resultó una atractiva y adecuada Pamina, cantando con gusto sus arias y moviéndose bien en escena.

La parte de Papageno tenía que haber sido interpretada por Simon Pauly, pero canceló, siendo sustituido por el joven (25) becario Philipp Jekal, que resultó un sorprendente intérprete, ya que mostró una madurez escénica y vocal más que notable. Oiremos hablar de él.

Die Zauberflöte en Berlín. Foto: Bettina Stöss

La soprano americana Heather Engebretson fue una muy convincente Reina de la Noche, resolviendo sus dos arias con brillantez, mostrando además buena coloratura. Sus dos arias fueron muy aplaudidas y merecidamente.

El bajo alemán Tobias Kehrer sustituía a Ante Jerkunica en la parte de Sarastro y volvió a mostrar su importante voz, perfectamente adecuada a las exigencias de la partitura, con graves perfectamente colocados.

Resultó adecuado también el barítono Seth Carico como Sprecher, así como Meechot Marrero como Papagena. Menos convincente vocalmente el Monostatos del tenor James Kryshak..

Impecables las Damas de la Reina de la Noche, que lo bordaron. Eran la soprano Kim- Lilian Strebel y las mezzo-sopranos Jana Kurucová y Ronita Miller. Intachables también los 3 Genios, interpretados por solistas de los Knabenchor de Dortmund.

Los dos sacerdotes estuvieron bien servidos por Thomas Lehman y Gideon Poppe. Finalmente, los dos Hombres Armados eran Clemens Bieber y Andrew Harris, ambos perfectamente a punto.

El teatro estaba casi lleno con gran presencia de gente joven en el público. La audiencia disfrutó con la representación, siendo las mayores ovaciones para Heather Engebretson.

La representación comenzó puntualmente y tuvo una duración de 2 horas y 58 minutos, incluyendo un intermedio.

El precio de la localidad más cara era de 97 euros, habiendo butacas de platea desde 55 euros. La localidad más barata costaba 31 euros.

José M. Irurzun