Don Giovanni en París con dirección de Michael Haneke

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Don Giovanni en París con dirección de Michael Haneke
Escena de la producción de Haneke del Don Giovanni en París

El debut operístico del oscarizado Michael Haneke fue con este propuesta escénica, completamente en su línea, de Don Giovanni en París. Fue creada para la Ópera Garnier en 2006 y se ha repuesto en 2007 y 2012. En este año se adecuó al espacio de la Ópera Bastilla (ambos espacios son parte del ente Opéra national de Paris). Algunas cosas debieron cambiar, porque lo que he visto esta noche no lo reconozco como aquel trabajo tan aplaudido por crítica y público. El planteamiento de Haneke estaba bien asentado. Don Giovanni es un ejecutivo de alto nivel en una gran empresa. Leporello es otro ejecutivo de menor rango. El Comendador es el jefe de la empresa y su hija Anna es la “princesa de papá”. Ottavio es el heredero de una empresa asociada a la del Comendador. Elvira es una trabajadora de la empresa en otra sede en provincia (quizá trabajó con Giovanni). Zerlina y Masetto son miembros del equipo de limpieza que labora en las flamantes oficinas. La realista escenografía (Christoff Kanter) nos muestra una oficina en un lujoso edificio. Desde allí podemos ver otros grandes edificios. La iluminación (André Diot) cumple adecuadamente con su objetivo de subrayar el fantasmagórico ambiente en que se mueven estos personajes pero se olvida del espectador. Muchas veces es imposible saber de quien es aquella silueta que se va hacia el fondo o trata de esconderse en algún vericueto de la oficina. En este sentido, el vestuario (el traje oscuro para los ejecutivos y anodinos vestiditos para las dos mujeres nobles) sin grandes diferencias en el color, tampoco ayuda mucho. En esta aséptica visión, que teatralmente funciona, no hay cabida para lo sobrenatural. El juego de amo y criado pierde peso y otros pasajes entran casi a la fuerza en el ritmo de la música y texto que Mozart y Da Ponte construyeron.

Don Giovanni en París con dirección de Michael Haneke
Escena de la producción de Haneke del Don Giovanni en París

Con todo ello, la propuesta es válida. Tiene calidad teatral y nada está al azar. Los recitativos lentos y los silencios, algunos hasta la incomodidad, fueron utilizados por el cineasta en su propuesta de Così fan tutte que se estrenó en el Teatro Real de Madrid en 2013. Quizá por eso no me sorprendió en su lectura de Don Giovanni y pude digerirlos sin problemas. El elenco reunido para esta recuperación tuvo algunos elementos de gran valía, especialmente las tres féminas. Tatiana Lisnic fue una Donna Anna de gran valía. Realizó todas las acrobacias vocales con facilidad, buen gusto y precisión. La soprano francesa Marie-Adeline Henry, un poco ajustada en el registro agudo, puso su bien timbrado instrumento al servicio de Donna Elvira y la mezzosoprano Serena Malfi, cada vez mejor asentada en su registro, delineó a una cálida Zerlina. El bajo-barítono Erwin Schrott fue, en el pasado, un memorable Don Giovanni. Le recuerdo en unas funciones hace unos siete años en Sevilla, cuando aún no se tomaba las libertades increíbles (en los tempi, en la emisión y hasta en las notas) que hoy desconciertan al espectador. La voz es de muy buena calidad, logra matizar, da intención a los recitativos y se desenvuelve estupendamente sobre la escena aunque su canto sea tosco. El bajo Adrian Sâmpetrean (Leporello) fue escénica y musicalmente a la sombra de su amo. La voz es bella aunque el registro grave no tenga la misma consistencia que el resto. El tenor Stefan Popp dio vida a un apocado Don Ottavio con una voz falta de proyección, agudos nasales y temblorosos. Alexandre Duhamel hizo un Masetto creíble, bien cantado y actuado. Destacó el bajo chino Liang Li (el Comendador) por su potente y bella voz. Alain Altinoglu buscó compensar la lentitud de los recitativos con la rapidez con que despachó algunas arias. De forma global esta solución dio textura al desarrollo dramático global. La orquesta titular de la Ópera de París tiene un sonido potente y a la vez transparente. La obertura fue uno de los varios momentos de lucimiento.

Federico Figueroa