DVD. L’elisir d’amore. Donizetti

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escena

Villazón juega a indios y vaqueros

DONIZETTI: “L’Elixir d’amore”. Miah Persson, Rolando Villazón, Roman Trekel, Ildebrando D’Arcandelo, Regula Mühlemann. Coro y orquesta Balthasar-Neumann. Dirección musical: Pablo Heras-Casado. Dirección escénica: Rolando Villazón. Elementos escénicos: Johannes Leiacker, Davy Cunningham. Vestuario: Thibault Vancraenenbroeck. Dirección de vídeo: Nele Münchmeyer. Grabación en vivo: Baden-Baden, Festspielhaus, 2014. Deutsche Grammophon (1 DVD).

El sello Deutsche Grammophon, en colaboración con arte, SWR y Euroarts, edita en DVD el vídeo de una representación en directo de L’Elixir d’amore de Gaetano Donizetti, que tuvo lugar en el Festspielhaus de Baden-Baden (Alemania). Se trata de un proyecto personal de célebre tenor mexicano Rolando Villazón quien esta vez, además de interpretar el rol titular, firma la dirección escénica.

La acción transcurre en el Hollywood de los años 40, en un estudio cinematográfico en el que se rueda la típica película del spaquetti western. De esta manera, todos los personajes excepto Nemorino interpretan varios papeles. Este no distingue entre lo que ocurre en el set de rodaje y la realidad. De esta manera, Villazón consigue en su personaje una novedosa y potente carga poética, presentando al simple enamorado como un adalid del amor romántico, en el sentido más exacto. Para ello, se inspira en los grandes cómicos del siglo XX, sobre todo Cantinflas, aunque encontramos claros guiños a Peter Sellers, Buster Keaton o Charles Chaplin.

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El conocimiento que Rolando Villazón tiene de este título donizetiano, que ha interpretado por todo el mundo en multitud de ocasiones, se ha traducido a una visión escénica que destaca por su minuciosidad, la estudiada dirección de actores, el cuidado por el texto y el respeto a la partitura. Fue un gran acierto contar con la colaboración de Nola Rae, la mítica mimo y coreógrafa australiana, que ha entrenado a los cantantes para conseguir la limpieza de movimientos propia de los grandes cómicos del cine del siglo pasado. Villazón recurre sin rubor a los tópicos, y presenta un catálogo de clichés acorde con la desinhibida personalidad del director. Así, Dulcamara (Ildebrando D’Arcangelo) es, además del director de rodaje, un chamán indio; y no faltan las bailarinas de cabaret, la mina, el saloon, o el banco con sus atracadores con traje de presidiario. El vestuario, firmado por el diseñador belga Thibault Vancraenenbroeck, incluye detalles como revólveres de la guerra de secesión americana y es fiel a la estética de los 40 y el Lejano Oeste.

Sin embargo, puede que lo peor de esta novedosa producción donde todo encaja escénicamente es lo musical. Encontramos en el foso a un Pablo Heras-Casado rutinario y poco inspirado, aunque eficaz, al mando de la Balthasar-Neumann-Ensemble. La orquesta suena dispersa, y no llega a convencer plenamente. Los cantantes solistas cosecharon en Baden-Baden un éxito que se debía más a las posibilidades interpretativas de la versión escénica que a su acierto vocal. Destacaron positivamente una afinadísima Miah Persson en el papel de Amina e Ildebrando D’Arcangelo, que sigue encontrando nuevas facetas para Dulcamara. También hay que subrayar el trabajo de Regula Mühlemann (Giannetta), de gran solvencia técnica y voz pequeña, que fue una excelente bisagra entre gags escénicos. Menos acertado estuvieron el propio Rolando Villazón, con una voz muy disminuida y una emisión de brocha gorda, cuando no calante y engolada; abusa, como siempre, de los sonidos abiertos en la zona aguda. Tampoco es el mejor trabajo del barítono alemán Roman Trekel, que dibujó un Belcore poco musical y de feo timbre, fuera de sitio también en lo actoral.

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Merece la pena acercarse a esta espléndida grabación, que permite perderse con deleite en el detalle de la abigarrada e hilarante puesta en escena de Rolando Villazón. El conjunto es un espectáculo honesto, trabajado y creíble; y, por tanto, digno interés.

Carlos Javier López

@CarlosJavierLS