El Bach de Daniel Lozakovich: madurez en estado puro

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El Bach de Daniel Lozakovich: madurez en estado puro
El Bach de Daniel Lozakovich: madurez en estado puro

Como en el pasado, hoy en día siguen apareciendo niños prodigio en el mundo de la música. Ese es el caso de Daniel Lozakovich (Estocolmo, 2001), el violinista de 17 años que está asombrando al mundo entero con sus interpretaciones, plenas de madurez y rigor en las salas de concierto de todo el mundo. Al fin materializa su talento en este álbum debut en el sello Deutsche Grammophon, con el que firmó contrato en 2015, convirtiéndose en el intérprete más joven con el que graba esta discográfica en la actualidad.

Lozakovich, que empezó a tocar con casi siete años, toca un “ex Baron Rothschild” Stradivarius de 1713, y ha sido Johann Sebastian Bach el autor que ha elegido para debutar en disco, junto al acompañamiento de la Kammerorchester des Symphonieorchester des Bayerischen Rundfunks (la orquesta de cámara de la Sinfónica de la Radio de Baviera) bajo la dirección de Radoslaw Szulc, y con Olga Watts al clave, en los dos conciertos para violín BWV 1041 y 1042 del compositor de Eisenach, así como con la arriesgada Partita nº 2 para violín solo en re menor BWV 1004, en registros efectuados el año pasado en Grünwald y Berlín.

Pese a lo aventurado que podría parecer el hecho de afrontar el universo bachiano a tan corta edad, huelga decir que el talento innato del jovencísimo violinista sueco demuestra una pasmosa madurez interpretativa, una exquisita musicalidad y un conocimiento perfecto y absoluto de las piezas que ejecuta, y eso se aplica en cuanto a la técnica que demandan estas obras, y que Lozakovich salva sin reservas.

Secundado por la estupenda orquesta bávara, en los conciertos comprobamos un impecable manejo de la línea melódica y una fluidez natural en las florituras que Bach coloca aquí y allá, sobre todo en los movimientos rápidos, a pesar de que en los lentos la finura cantabile apenas se recrea en largas frases, quizá debido a los muy ligeros y vivos tempi que han sido elegidos. Escuchando estas lecturas violinísticas plenas de maestría, no se perciben pirotecnias personalistas más allá del virtuosismo en sí mismo del discurso, sino que las líneas fluyen con entera naturalidad, sin necesidad de añadidos accesorios que emborronen los enunciados melódicos.

Si el convencimiento ya es manifiesto en las partituras concertantes, en la obra para violín solo el oyente tiene que rendirse a la genialidad irreprochable del bisoño intérprete. La claridad discursiva, la pureza de la línea y la luminosidad que irradia el instrumento son asombrosas en cada una de las cinco piezas de la Partita, de las cuales las dos últimas pueden calificarse como milagrosas. Si el impulso rítmico de la Giga es modélico, en la extensa Chacona, que el propio Lozakovich considera la mejor pieza de todas, consigue erigir la arquitectura por medio de un escrupuloso control de la técnica contrapuntística, sabiendo gestionar los silencios, sin hacer decaer la tensión ni el ritmo por medio de sus arpegios, dobles, triples cuerdas y variados trinos. Ejecución precisa, exacta y mensurada en todo instante, y siempre con esa profunda calidez y dulzura que transmite su arco, un candor juvenil que consigue el éxito ante tan dificultosa y riesgosa prueba. De Daniel Lozakovich ya se habla y se seguirá hablando mucho en el futuro, porque ha nacido una estrella del violín.

Germán García Tomás