El cascanueces del English National Ballet vuelve a brillar en el London Coliseum

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Erina Takahashi y Francesco Gabriele
Erina Takahashi y Francesco Gabriele

Tamara Rojo continúa, hasta el 5 de enero, con la tradición inseparable de la compañía que dirige, cuando celebra su 70º aniversario esta temporada, desde que Alicia Markova y Anton Dolin la fundaran en 1950

Cristina Marinero

En sus 70 años de historia, han sido diez las producciones de El cascanueces que ha estrenado el English National Ballet (ENB) desde su presentación oficial en agosto de 1950. Fundado de forma privada por los grandes bailarines que Diaghilev había fichado en Inglaterra en los años 20 para sus Ballets Russes, Alicia Markova y Anton Dolin, el hoy ENB nació al albor del importantísimo Festival of Britain de 1951 y Markova le dio, por ello, el nombre de London Festival Ballet. El nombre de la compañía cambió al actual hace treinta años, en 1989.

Ya en su función de estreno de 1950, ofreció el acto segundo de este ballet navideño -estrenado en el Mariinsky en 1892- que Marius Petipa había dejado en manos de Lev Ivanov para su coreografía, al encontrarse enfermo, después de haber trabajado mano a mano con Tchaikovsky en su argumento y estructura, basado en el cuento de E.T.A. Hoffman, El cascanueces y el rey de los ratones

Su popularidad en el mundo se iniciaría en los años cincuenta gracias a la producción completa estrenada por el London Festival Ballet –con gran eco en Europa- y las realizadas en EEUU por el San Francisco Ballet, en 1944, y por Georges Balanchine, diez años después, para el New York City Ballet, cuya emisión por televisión popularizó definitivamente la tradición en Estados Unidos.

Este Cascanueces con coreografía y dirección de Wayne Eagling, director del ENB a quien sustituyó Tamara Rojo en 2012, fue estrenado en 2010 y cuenta con diseños de Peter Farmer, sobre un argumento con variantes personales del coreógrafo. En él, el Rey de los ratones -interpretado con picaresca por el español Daniel Kraus- no muere en la batalla frente al Cascanueces y sus soldados, sino que permanece vivo y sigue en su viaje a los protagonistas, Clara, el Príncipe y Drosselmeyer, donde tendrá su final.

Es destacable que Eagling ponga el foco durante el primer acto, la fiesta de Navidad, en los protagonistas niños, con una dramaturgia muy intensa: cada uno de los invitados tiene su personalidad propia, otorgando a la escena un dinamismo intenso. Clara y su hermano están interpretados por jovencitos estudiantes de ballet, como el resto de los niños. 

Daniel Kraus como ratón

El cambio de bailarina se produce durante el sueño de Clara, cuando ya aparece una de las estrellas de la compañía, Erina Takahashi, con el también principal Francesco Gabriele Frola como su pareja. Como novedad añadida, además, el viaje en globo que les lleva hacia el País de las Nieves donde se encuentran, ya enorme, con el teatro de marionetas que había llevado a la fiesta Drosselmeyer, interpretado por James Streeter, . 

Es en el contexto de este escenario vintage en el que tienen sentido las danzas nacionales que se muestran durante ese segundo acto, pues la esencia de su origen está en ser bailes y danzas de exhibición fuera de la narración. Los espectadores de este espectáculo dentro del ballet somos los mismos espectadores. En las partes de conjunto, se apreció también el talento de la norteamericana Precious Adams, junto a español Aitor Arrieta, quien ya es uno de los primeros solistas de la compañía, y a quienes auguramos muchas noches en papeles protagonistas.  

La coreografía de la Danza Española es una de las más cercanas al espíritu original de pasos y formas de las que hemos visto en las diversas producciones de este clásico. Está diseñada con tejidos en oro, rojo y negro, y pone el énfasis en saltos y quiebros, dos de los emblemas del baile español luego llamado Escuela Bolera, aquí sin los amaneramientos percibidos en otras versiones. Sus intérpretes, el norteamericano de origen hispano, Daniel McCormick, la española Adela Ramírez, y la coreana Jung ah Choi, se mostraron compenetrados, marcando cadencias y acentos con elegancia.

Como en esta versión Clara es quien baila el paso a dos de Sugar Plum Fairy, pudimos apreciar el amplísimo rango dramático y técnico de Erina Takahashi, cuyo preciso solo –con el sonido de la deliciosa celesta, el instrumento que Tchaikovsky descubrió en París cuando componía El cascanueces– completó de forma excelente el magnífico paso a dos interpretado junto a un impecable Francesco Gabriele Forla.