El Centro Coreográfico María Pagés de Fuenlabrada extiende su arte en Veranos de la Villa

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Por Cristina Marinero. Quienes no hayan podido asistir a una de las tres funciones de Siete golpes y un camino, ofrecidas del 14 al 16 de agosto en el festival veraniego del Ayuntamiento de Madrid por el Centro Coreográfico María Pagés de Fuenlabrada, fundado por la artista y su co-director creativo, El Arbi El Harti, en 2018, podrán ver la representación de la noche de estreno en Telemadrid, el sábado 22 de agosto por la noche. Celebramos esta iniciativa entre el consistorio de la capital de España y la televisión autonómica para que la danza, como las demás propuestas de este festival, tenga ese añadido de difusión en el canal público.

Un momento de la presentación en Madrid del Centro Coreográfico María Pagés. Foto: Lucask Michalak
Un momento de la presentación en Madrid del Centro Coreográfico María Pagés.                                 Foto: Lukasz Michalak

Siete golpes y un camino se estrena en Madrid después de su presentación, en 2014, en la Bienal de Flamenco de Sevilla. María Pagés lo creó entonces para celebrar el veinticinco aniversario de su compañía, que ya cumple tres décadas, y recogía momentos de su trayectoria a modo de recopilación. Una propuesta auténtica y de gran belleza asentada en la tradición con la energía expresiva de hoy, sin acudir a fórmulas que quieran epatar, sino a las raíces que te mantienen asido a la tierra y dan la libertad necesaria para dejarse mecer por el viento creativo.

Es un sólido montaje sin argumento ni hilo narrativo, muy eficaz para ser modificado según cambian los tiempos, como hemos visto en la función inaugural en Madrid. Aquí, ese “golpe” o escena titulada Tango del abrazo, donde María Pagés recita-canta con su gracia personal y abanico en mano (“¡Ay, qué caló!), ha estado protagonizado por la mascarilla: bailarines, músicos y cantaoras lo han representado llevándola.

Ante todo, la sensación general que produce esta creación es la reconfortante visión de estar ante una compañía como las que presidían los escenarios en las pasadas décadas. Se palpa la sintonía entre todos los intérpretes; María Pagés es la primera figura, por supuesto, y sus apariciones poseen el halo de grandeza consecuente. Al mismo tiempo, cada uno de los bailarines es un solista, se expresa en el baile conjunto con su individualidad y denota esa libertad de matices que tanto enriquece la coreografía de grupo. Aunque pasos y variaciones sean los mismos, José Barrios, Julia Gimeno, Marta Gálvez, Virginia Muñoz, Rafael Ramírez y Juan Carlos Avecilla los pasan por su tamiz personal para ofrecernos un movimiento diferente a través de cada una de sus personalidades, siempre vivo y con la energía inédita del instante.

Es la voz grabada de José Saramago, que recita letras suyas y de Antonio Machado entre las notas del guitarrista Isaac Muñoz, la que inicia la noche con Una rosa en el camino abrazando el baile de María Pagés de braceo infinito y continuo, potenciado por el diseño de iluminación de Pau Fullana. Con ello, un deleite de baile, cante y música que preside todo el montaje de sólida factura. En él se suman también la sensibilidad flamenca de Rubén Levaniegos, director musical y guitarrista, que impregna cada composición de magia, acompañado del citado Muñoz, también del violinista David Moñiz, Sergio Menem, al chelo, y Chema Uriarte, a la percusión, además del cante electrizante de Ana Ramón y Sara Corea, dos voces de diferentes texturas y ambas de cinco estrellas, mimados todos por el diseño de sonido de Kike Cabañas.

Con esta segunda propuesta de danza, volvemos a subrayar que el director de Veranos de la Villa, Angel Murcia, manifiesta una coherencia indispensable para este arte porque cada una de las compañías en el cartel de esta edición extraordinaria en tiempos de pandemia ha sido programada por más de una función, decisión que celebramos ya que rompe esa inercia, sin sentido, de dar solo un día a propuestas de danza con enjundia para más, “norma” inexplicable en otras programaciones de teatros o festivales. La danza (de calidad) necesita tiempo de escenario que le han ido restando en los últimos años.

Si la Compañía Nacional de Danza, que inauguró Veranos de la Villa 2020 el 29 de julio, ofreció en el escenario al aire libre de Conde Duque cinco funciones –piensen que lo máximo que se les programa en Madrid es once o doce representaciones en el Teatro de La Zarzuela, donde, incluso con su gran aforo, siempre agotan las entradas, por lo que podrían estar allí mucho más tiempo-, el Centro Coreográfico María Pagés de Fuenlabrada ha actuado durante tres días y Dani Pannullo DanceTheatre Co estará dos, los próximos 26 y 27 de agosto, con ATLAS Map of Moves. Será Aracaladanza, con dos funciones cortas de Summertime cada día (29 y 30 de agosto), pensadas para toda la familia, los que den cierre a la programación.