El dominó azul. Arrieta. Madrid

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Con una diferencia de tres años se estrenó la trilogía que estos días puede verse en el Teatro de la Zarzuela de Madrid y que homenajea a tres de sus fundadores Gaztambide con su “Catalina” ya reseñada en esta publicación, “El diablo en el poder” de Barbieri y “El domino Azul” de Emilio Arrieta.

La obra de Arrieta ha sido mimada en los últimos tiempos más allá de su archiconocida “Marina, pudiéndose escuchar en versión de concierto dos de sus óperas en el Teatro Real “Ildegonda” y “La Conquista de Granada” que tanto éxito obtuvieron en un principio y que le catapultaron para Italia.

Pero la realidad se impone y lo que el público de Madrid quería era el género de la zarzuela de ahí que con “El dominó azul” comenzará la carrera en este género del compositor navarro y que seguiría con otros muchos títulos que esperemos poder escuchar y ver en el escenario tanto los de corte más serio como los que escribió a instancias de los bufos madrileños en un futuro no muy lejano.

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Un enredo palaciego, celos amorosos y una prenda que juega con el honor de una dama serían los pilares básicos de la obra que acaba, como no, con la intervención real para poner las cosas en su sitio y rescindir honores ultrajados.

En esta apuesta semiescénica del dramaturgo Álvaro del Amo nos conduce a través del magnífico sastre de la corte, Juanma Cifuentes, personaje inventado que va uniendo junto con pequeños retazos de diálogos originales y adaptados el libreto de Francisco Camprodón con bastante acierto en esta obra.

Los momentos musicales fueron concertados con gran entrega por Jose María Moreno que supo estar atento a cantantes y coro aunque en algunos momentos, bien por falta de ensayos o de concentración el balance no fue el adecuado y la afinación sobre todo del viento metal estuvo por debajo de lo escuchado en otras obras.

Las dos sopranos fueron un verdadero lujo para esta partitura. Mónica Campaña sorprendió a todos por su dominio técnico, timbre aterciopelado en sus diversas intervenciones destacando su romanza “Es sombra de mi sueño” y en los dúos con Sonia de Munck que abordó a la Marquesa de San Martín con temple y riqueza de matices. La parte masculina fue correcta destacando el tenor Mikeldi Atxalandabaso en su papel de Herman tal vez el que más canta de toda la partitura en dúos, concertantes, y sobretodo en su romanza del segundo acto “Cuando sus ojos lánguidos” de exigente fraseo y amplia tesitura, que supo matizar en la mayor parte de las ocasiones. Muy gracioso las diferentes intervenciones pero destacada la del “Coro de la murmuración” de Cesar San Martín y tal vez hubiéramos preferido un bajo, como marca la partitura, para el personaje de Felipe IV en vez de la voz baritonal de Fernando Latorre que cumplió correctamente pero con carencias en la parte más grave de su intervención.

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El coro funcionó desde la grada con empaque, si bien el estar pendiente de la partitura produjo una distancia y friald
ad a la que no nos tiene acostumbrados, y con el peligro de algún desajuste con la batuta.

Felicitaciones por la recuperación y esperemos que alguien se anime a completar esta versión semiescénica con una escénica ya que la música lo merece.

 

Robert Benito