El dúo Pastrana con un programa Haendel y Bocherini

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El dúo Pastrana con un programa Haendel y Bocherini
El dúo Pastrana con un programa Haendel y Bocherini

El concierto que acogió el Auditorio de Castelló del dúo de los hermanos Sandra y Guillermo Pastrana, acompañados de la Orquesta de Cambra de la Comunitat Valenciana regida por Daniel Abad, tuvo acierto en el repertorio y dignidad en la interpretación.

Se contaba con una soprano, de buena voz y bien emitida, fácil en las complejas escalas de melismas arpegiales, típicas del barroco y el primer clasicismo, aunque en ocasiones la afinación no fuera todo lo rigurosa que deba exigirse a este complicado repertorio. El cellista era poseedor de un sonido amplio, sobre todo en el registro agudo, que se puso de manifiesto en la cadencia que cierra el primer tiempo del concierto de Boccherini casi toda interpretada sobre el final del mástil y en el melódico tema del segundo tiempo en el que llegó a fagocitar a los primeros y segundos violines que le acompañaban en su  exposición. La orquesta, con algún desajuste en la segunda de las arias de Haendel, regida por una batuta precisa, aunque en ocasiones tendiera a conceder excesiva velocidad a los tiempos, pese a cierta escasez de sonido, tenía una evidente intención en el decir y, sobre todo carácter. Es un grupo que tiene muchas posibilidades por la calidad de sus instrumentistas, pero que para estabilizarse requiere de más actuaciones que puedan cuajar más su conjunción.

 Se abrió la audición con la obertura de la ópera «Giulio Cesare in Egitto» de Haendel, con un inicio de resolutiva presencia de las escalas en las fusas que le concedieron intensidad y vehemencia militar como si quisieran relatar el carácter del protagonista. Se la misma obra se ofrecieron dos arias «da capo» de Cleopatra del acto III «Da tempeste il legno in franto» y «Piangerò la sorte mia». La primera con abundantes melismas, que consintieron a la soprano —que compareció vestida escénicamente a la moda barroca del XVIII— lucir sus agilidades en la coloratura. La segunda, con una primera parte de hermosa y serena melodía, permitió a Sandra Pastrana patentizar su exquisitez y sensibilidad en el decir. La Sinfonía en re mayor G 490 de Boccherini (autor en el que la agrupación estuvo más cómoda que con su colega sajón) ofertó un primer tiempo, brillante y ceremonial, un segundo en el que emergió su seductora melodía y un tercero con evidencia de los postulados del clasicismo en su animada soltura dinámica.

La primera de dos de las arias llamadas académicas de Boccherini, sobre textos de Pietro Metastasio, la tenía, como su gemela que cerró el programa, muy asumidas la cantante quien no en vano las ha registrado en CD para el sello Brilliant. En su exposición tuvo arrestos, bravura y mucha seguridad en la emisión de las complejas escalas prescritas en la partitura que el público apreció concediendo sonoros aplausos.

El Concierto para violoncello en re mayor G479 de Boccherini es una de esas obras a las que los grandes del instrumento han dedicado su arte y su técnica. Guillermo Pastrana no desmereció, en absoluto de los gloriosos colegas que lo han llevado al disco en excepcionales lecturas. El primer tiempo patentizó claros los débitos de Bach. El segundo interesó por el relato de la lírica romanza expuesta en la región aguda del mástil, con uso de trinos e idílicas modulaciones. El movimiento conclusivo, tuvo un animado aire de danza, cortesano y señorial en un constante diálogo compartido entre el cello y la orquesta. En todo momento el solista lució un fraseo claro, muy seguro y determinante

Acabó el programa con otra de las arias académicas, concretamente la establecida como número 14 «Se d’un amor tiranno»  en la que tuvo una importante participación el violoncello en sus brillantes cadencias que repetía la solista lo que fue motivo de variadas diversidades en las que la voz y las cuerdas platicaron de forma muy directa

Para agradecer los aplausos se ofreció el divertido «Dúo de los dos gatos» de Rossini entre el cello y la soprano que si bien tuvo interés por la novedad, no tuvo el posibilismo que le otorgan las dos voces femeninas, para las que escribió el compositor gourmet.

Antonio Gascó