El festival de Naples: la vacuna musical

58

El director artístico y musical de la Ópera de Naples (Florida) Ramón Tebar, alcanzó, recientemente, un notable éxito, en el festival «Under the stars» que se montó al aire libre sobre el amplio césped del Baker Park y que fue aplaudido por cerca de cuatro mil personas. festival de Naples: la vacuna musical 

Isaberl Leonard, Ramón Tebar y Alex McKissick
Isaberl Leonard, Ramón Tebar y Alex McKissick en el Festival de Naples: la vacuna musical

Contando con la inapreciable ayuda de la eficaz y competente Sondra Quinn directora ejecutiva y de la muy activa junta de gobierno de la ópera de Naples, la apuesta resultó tan innovadora como atractiva. La apuesta tuvo éxito antes de comenzar las representaciones, pues todas ellas contaron con todo el aforo vendido. Fueron los referentes de los plásticos montajes escénicos un escenario montado, in situ, con torres y vigas de celosía, sosteniendo una amplia plataforma, además de los dispositivos de la precisa amplificación; la lustrosa luminotecnia y la amplia batería de elementos técnicos para dar vida esplendente a las tres producciones ofrecidas. El festival de Naples: la vacuna musical

Una de las funciones en el festival de Naples: la vacuna musical
Una de las funciones en el festival de el Naples: la vacuna musical

El gran tenor Joseph Calleja, abrió la primera de las actuaciones la tarde del 10 de marzo con una gala en la que ofreció un ramillete de arias de ópera y canciones italianas, junto a otras asimismo muy populares del repertorio internacional, que habían sido arregladas por el mítico director Annunzio Mantovani para su aplaudida orquesta Calleja tanto en el repertorio operístico, como en el popular, dio muestras de su vehemente dicción y fecunda musicalidad, luciendo su hermosa voz con la que hizo gala de inacabables fiatos y omnipotentes agudos. La densidad de su materia prima canora, sus facultades y su envidiable técnica, le permitieron abordar, con solvencia, desde obras del repertorio lírico a otras de la opereta o la canción. Fue más que evidente la gran identificación y avenencia, que hubo entre el director y el cantante, dado que han intervenido juntos en aplaudidas producciones y recitales e incluso han grabado discos. La batuta seductora de Tebar estuvo siempre pendiente de la dicción y el énfasis del maltés, contribuyendo, con una bien conjuntada orquesta, al éxito rotundo del tenor maltés. Los aplausos fueron el mejor testimonio del éxito. De hecho Calleja ofreció hasta seis bises para agradecer las incesantes ovaciones de la asistencia. El tenor entre las incluidas en el programa y las propinas, cantó 18 obras. Una proeza homérica.

Las intervenciones de Calleja se vieron completadas con obras orquestales del repertorio operístico, tales como los intermezzos de «Manon Lescaut», de «Pagliacci» y «L’Amico Fritz» y el preludio al acto II de «Edgar». En estas intervenciones orquestales, se manifestaron las brillantes cualidades de director sinfónico del maestro valenciano, que cuajó, con una orquesta prendida de su gesto, versiones contrastadas, sensitivas y llenas de pasión y primor.

Al día siguiente, «La traviata» subió a la escena de la plataforma del placentero Baker Park, en la primera de sus dos representaciones. En el reparto cabe citar en primer lugar a Leah Partridge, soprano de grata presencia, que dio vida a la infortunada dama de las camelias, cantando con toda la precisión que reclama la partitura de Verdi, sin los sobreagudos añadidos, que bien pudo haberlos dado dada su condición de coloratura y al tiempo con una efusión manifiesta sobre todo en el sentimental «addio del passato». El barítono Trevor Scheunemann, de voz timbrada y agudo fácil, ofreció un Germont asentado y meritorio con opulenta voz. No tuvo su noche el tenor Dimitri Pittas que encarnó a Alfredo, con insuficiencia por una indisposición vocal, sin embargo no por ello escamoteó el do sobreagudo final de «O mio rimorso». Hubo una anécdota curiosa que no me resisto a dejar en el tintero: En el segundo acto, el criado Giuseppe, que tiene que entregar una carta una carta a Violeta, no apareció en escena. Ni corto ni perezoso, el maestro salvó la situación desde el podio, cantando las dos breves frases del recitativo que fueron audibles a todos los espectadores.

El montaje escénico funcionó bien y la amplificación fue algo más que correcta. El maestro Tebar tuvo buen cuidado, aparte de dirigir con sincera emotividad la obra, de que el sonido megafónico, fuera lo más atinado y certero posible. Algo similar sucedió con la representación de «West Side Story», puesta en escena el día 12 de marzo. Sin duda a mi juicio, siendo ambas elogiables, fue la mejor de las dos óperas representadas. De las versiones que existen de la partitura de Bernstein, Tebar se decidió por la operística que fue la única que dirigió el autor y llevó al disco, para el sello DG. Ello no quitó, contando con la referencia de la batuta del director y compositor de Massachusetts, para que hubiera una gran soltura en los ritmos, con un muy significativo swing patente en toda la obra y una cálida definición dinámica en los temas hispanoamericanos. El conductor valenciano, pareció encontrarse muy a gusto con la orquesta de la que es director musical, precisamente porque sus músicos entendían muy bien los postulados jazzísticos y asimismo los sones antillanos por la vecindad del mar Caribe. De hecho nos llamó la atención que el director a diferencia de las otras noches del festival, renunció a la batuta para dirigir esta velada. Una decisión de dicción expresiva, muy apropiada para este estilo musical. Sin duda la versión tuvo personalidad, sabor, calidez y lirismo a un tiempo. Entre los cantantes cabe hablar de la excelente respuesta de Isabel Leonard en María. Su personaje unió a la belleza, sinceridad y embeleso de su canto la de su propia imagen. Su María fue sutil, pasional y emotiva, arrancando sinceras ovaciones del público. Su conexión con el maestro español fue evidente, desde su primera intervención y fue reciprocada por él. Por más que esa conexión lo fue con todos los componentes del elenco y por supuesto con la orquesta. Alex McKissick cantó con empeño el rol de Tony y dijo, con convicción, la popular aria con el nombre de la protagonista, manejándose muy bien desde el sutil piano al final al bien apuntalado Si natural. El barítono de color Dron Darren, de voz amplia y cálida e intención expresiva, dio vida, con carácter, al mejor amigo de Tony, Rifft. Anita fue la mezzo Carolyn Sproule de registro mórbido y Eric Viñas encarnó con propiedad a su hermano Bernardo.

Cabe señalar, especialmente, la originalidad de presentar el festival operístico en un paraje privilegiado de la naturaleza al aire libre. Así lo determinó el director musical y artístico de la compañía, y la verdad hay que admitir que su idea fue muy bien acogida, por las muchas posibilidades que ofreció y que reconocieron las casi cuatro mil personas que aplaudieron las representaciones. Esta cifra ha convertido este festival de ópera, en el más atendido hasta el día de hoy en tierras americanas, desde que se establecieron las restricciones debido a la pandemia del Covid 19. Es más, el hecho que un director español haya sido el artífice de tal proyecto, nos llena de legítimo orgullo a todos los hispano-americanos. El festival ha supuesto una salutífera vacuna musical que ha enamorado a la asistencia. Y ello es más reseñable, cuando, como es sabido, los grandes coliseos de ópera de EEUU (como el MET, Chicago Lyric, Los Ángeles, Washington, etc…) han cancelado enteramente sus temporadas operísticas. La imaginación y la iniciativa han obrado el milagro ilusionante.

Precisamente para evitar cualquier tipo de riesgos a causa del malhadado virus SARS-CoV-22, se tomaron, ya desde la venta de localidades, y la ubicación de los asientos, todas las precauciones posibles para evitar el contagio. Con entradas muy distintas en el festival de Naples, había lugares vips, mesas donde los asistentes que lo desearon pudieron cenar, sillas para el gran público y áreas determinadas donde otros espectadores pudieron hacer picnic. Es una manera inteligente de hacer mucho más social la ópera y permitir que, en los tiempos actuales, pueda ser degustada por todos los públicos, con una flexibilidad muy natural de comportamiento. No son pocos los teatros al aire libre en EEUU comenzando por el Hollywood Bowl de Los Angeles y siguiendo a título de ejemplo, por El anfiteatro Red Rocks, en Colorado, el Anfiteatro Snow Park Outdoor en Utah o el Teatro Griego William Randolph Hearst en Berkeley. Las posibilidades del buen sonido microfónico facilitan una excelente calidad auditiva, que no exige el silencio sepulcral de un teatro o una sala de conciertos.

Dado el éxito cosechado, y no hago si no reseñar la opinión referida por el público, sería deseable que la Ópera de Naples, a parte de sus producciones en Artis Naples y Wang Opera Center, mantenga este nuevo festival en la programación como el punto fuerte de su temporada.

Sin duda, la pandemia frente a trágicas y horribles realidades, ha servido, y mucho, para incentivar la creatividad. Este festival es un vivo ejemplo de que la ópera y la música clásica, pueden ayudar en gran manera a sobrevivirla. Solo se necesitan artistas con ideas y el apoyo de las instituciones para llevarlas a cabo.

George Cuéllar