El «milagro» de Plácido Domingo continua, aunque con matices en el Thaïs de Peralada

249
Thaïs en Peralada
Thaïs en Peralada

La oferta operística del Festival de Peralada es bastante amplia en la presente edición. Comenzó con el Réquiem de Verdi hace unos días, al que sigue esta Thaïs que ahora nos ocupa. A ella le seguirán Acis y Galatea, Rinaldo y La Flauta Mágica. Todavía tendría que referirme también a conciertos y recitales entre los que destacan los que han ofrecido en los últimos días nada menos que Javier Camarena y Jonas Kaufmann. Efectivamente, estamos ante un importante festival de verano a nivel internacional.

La ópera Thaïs de Massenet no es una obra de gran repertorio, aunque en España se ha podido ver en los últimos años en el Liceo de Barcelona, en Les Arts de Valencia, en el Maestranza de Sevilla, en Oviedo y en Las Palmas. A todo ello hay que añadir la versión de concierto que acaba de tener lugar en el Teatro Real.

No creo que nadie ponga en duda que Thaïs siempre ha sido una ópera de soprano. Es decir, se trata de una obra que necesita primordialmente una soprano excepcional. Y así ha sido desde su estreno. Sin embargo, las cosas han cambiado en los últimos años, cuando Plácido Domingo comenzó a incorporar a su repertorio papeles de barítono y tropezó con su interés por el personaje del monje Athanael, que no es tan importante como Thaïs, pero tampoco queda lejos.

Como ha ocurrido con el concierto de Jonas Kaufmann el día anterior, esta Thaïs es una colaboración del Teatro Real con el Festival de Peralada. Si hace unos días se ofreció en el coliseo madrileño, ahora llega aquí con el mismo reparto, incluyendo director y orquesta.

Al frente de la dirección ha estado nuevamente el director francés Patrick Fournillier, que ha vuelto a demostrar su familiaridad con este repertorio, ofreciendo una lectura cuidada de la ópera y muy adecuada. Hay que decir que a sus órdenes la Orquesta del Teatro Real sonó mucho mejor que la noche anterior en el concierto de Jonas Kaufmann. Buena también la prestación del Coro del Teatro Real.

La protagonista que da título a la ópera fue interpretada por la soprano albanesa Ermonela Jaho, bien conocida por sus emocionantes y brillantes interpretaciones de óperas veristas, especialmente Madama Butterfly y Suor Anglica. No está exactamente en la misma línea el personaje de Thaïs y confieso que albergaba dudas sobre cuál podría ser su resultado en el personaje de la cortesana. Su actuación ha sido convincente tanto vocal como escénicamente. Como siempre, se entrega al personaje y consigue emocionar, aunque hubiera alguna nota alta algo descontrolada.

Evidentemente, el interés del público radicaba en la presencia de Plácido Domingoen la parte del monje Athanael. No cabe duda de que estamos ante un fenómeno de la naturaleza difícilmente repetible, ya que no es fácil entender que mantenga su frescura vocal a edad tan avanzada, especialmente para un cantante. No es su voz la de barítono ni pretende parecerlo, pero acaba llevándose el gato al agua con su calidad artística. Tengo la impresión de que tenía el papel un tanto olvidado, ya que no es normal verle en concierto tan pendiente de la partitura, lo que no ocurría con sus principales compañeros de reparto.

El tenor italiano Michele Angelini dio vida a Nicias, con una voz de tenor ligero, que resulta atractiva y adecuada para el personaje, aunque se estrecha un tanto en las notas altas.

La parte de Palemon fue cubierta un tanto modestamente por el bajo francés

Jean Teitgen. Los personajes secundarios estuvieron bien cubiertos por Elena Copons (Crobyle), Lidia Vinyes Curtis (Myrtale), Sara Blanch (La Encantadora) y Marifé Nogales (Albine).

La representación comenzó con 6 minutos de retraso y tuvo una duración de 2 horas y 39 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical de 2 horas y 9 minutos. Nueve minutos de aplausos.

José M. Irurzun