El Oro del Rhin en el Teatro Real. Lo que podía haber sido….

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El Oro del Rhin en el Teatro Real
El Oro del Rhin en el Teatro Real

Siempre es un acontecimiento que un teatro programe el Anillo wagneriano; de ahí que el anuncio del Teatro Real me llenara de esperanza. Mi filia por la música del alemán es bien conocida y tenía ganas de ver otra versión después de la mala propuesta de hace algunos años. El Anillo es una obra muy dada a múltiples interpretaciones que pueden ser llevadas a cabo de muy diferentes formas en escena, no era algo que me preocupara; más miedo me daba el director y, sobre todo, los cantantes, ahí es cuando entronco directamente con el subtítulo que he puesto en esta ocasión, Lo que podía haber sido….

Como he dicho anteriormente, esta es una obra que permite bastantes puntos de vista y escenografías, ya desde el prólogo, este Oro del Rhin suele ser utilizado como punto de partida sobre el que se desarrollan el resto de jornadas. La idea de Robert Carsen y Patrick Kinmonth apuesta por la contemporaneidad, olvidando cualquier imagen relacionada con el mito, ambientando la escena en una fábrica o empresa constructora, los dioses se convierten en los jefes del negocio y los gigantes son los que les construyen su residencia en el Valhalla. En las profundidades de la fábrica viven en condiciones infrahumanas los trabajadores, los infames nibelungos liderados por Alberich. Mientras otras propuestas no son tan disruptoras en el prólogo para ir evolucionando a la entropía en el resto de jornadas, Carsen opta por mostrarnos desde el principio una escena con las Hijas del Rhin que es una declaración de principios, la naturaleza amenazada por la avaricia del nibelungo y cómo esta escena afectará al devenir futuro de la sociedad, una sociedad cercana a la nuestra. Los cambios realizados y el juego de luces utilizado refuerzan estas ideas y funcionan bastante bien en casi todo momento. Buena forma de modernizarla sin perder la esencia original.

En el foso estaba la gran apuesta para estas funciones, el segundo director oficial del teatro, Pablo Heras-Casado, que ya nos ofreció el año pasado un Holandés errante soberbio; Heras-Casado es un director muy inteligente y pertinaz en sus propuestas, estuvo muy atento en todo momento y dirigió la orquesta titular del teatro con mucha solvencia logrando momentos de gran belleza como el gigantesco (y conseguido!) crescendo inicial  o en las intensísimas bajada y subida del Nibelheim, lástima algún desajuste puntual en los metales y un final, la entrada al Walhalla, en el que quizá faltó un poco de dicha intensidad. Volumen había de sobra con una orquesta tan nutrida como estaba para la ocasión, quizá ligeramente estentóreo (dentro de los rangos dinámicos wagnerianos) que tapaban (más de lo habitual) a los cantantes.

El Oro del Rhin en el Teatro Real

En los cantantes, no tenía referencias claras, la mayoría son cantantes solventes y que están acostumbrados a cantar a Wagner pero quizá resultaron insuficientes en su cometido; tal es el caso de Greer Grimsley encarnando a Wotan, el Dios de todos los dioses, con una ejecución insuficiente a todas luces en lo vocal, agudos de gran vibrato para ganar volumen, bajos sin rotundidad, por lo menos lo aguantaba pero no daba la talla a nivel escénico con lo que tiene que ser este dificilísimo papel. Una pena la contribución de Raimund Nolte como Donner, su tormenta se quedó, más bien, en brisa, además con la permanente sensación de que se podía romper en el agudo. David Butt Philip tampoco acertó demasiado con su interpretación de Froh pero, por lo menos, aguantó el tipo. Bastante mejor los dos gigantes, especialmente Ain Anger en su interpretación de Fasolt, muy adecuado en tesitura y timbre a su personaje y con una buena actuación. Lo mismo se puede decir de Alexander Tsymbalyuk. Fantástico Mikeldi Atxalandabaso en su caracterización del taimado Mime, alejado de estridencias habituales para este papel, resultó convincente y demoledor en su corta presencia. Muy buenas prestaciones las de Joseph Kaiser como el astuto Loge, su voz se adaptaba muy bien al papel y su actuación fue divertida, aportando el contrapunto imprescindible a la seriedad de Wotan y Alberich. Quizá el mejor intérprete masculino de la noche fue Samuel Youn que presentó un avaricioso, taimado y terrorífico nibelungo. Su voz transmitía a la perfección la oscuridad del papel y resultó, al lado del mustio Wotan, un pavoroso enemigo a pesar de alguna dificultad en las subidas que provocaba desafinaciones que, por otra parte, podían ocultarse con la actuación. 

En cuanto al reparto femenino, irregulares las hijas del Rhin (sobre todo en la parte final) caracterizadas por Isabella Gaudí, María Miró y Claudia Huckle; consistente Sarah Connolly como la atormentada Fricka, sufriendo en todo momento las decisiones del caprichoso Wotan. En su corto papel como Freia no desentonó Sophie Bevan, aunque no sea un papel para lucirse. Muy interesante Ronnita Miller en su corta aparición como la misteriosa Erda. Su voz fue cálida y aterciopelada para mostrar a Wotan lo que podía ser su futuro si no dejaba el anillo en poder de los gigantes. 

El público agradeció el esfuerzo demostrado por los cantantes y aplaudió especialmente a Youn y a Heras-Casado, no fue una mala noche, una noche para disfrutar de la música de Wagner, aunque podría haber sido mucho más….

Mariano Hortal