Lucia di Lammermoor. Donizetti. La Coruña

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El Palacio de la Ópera vive sus últimos días de ensayos antes de acoger la apertura de su cita anual de otoño, el próximo martes, con la representación de la obra ‘Lucia di Lammermoor’

Un paraje frío y oscuro viste el entorno de la ópera Lucia di Lammermoor. Las colinas escocesas de Lammermuir han crecido en el escenario del Palacio de la Ópera, recordando a los inhóspitos paisajes dibujados por Emily Brontë en Cumbres Borrascosas. El mismo áurea de dramatismo rodea la obra de Gaetano Donizetti, con amores, odios y traiciones que cobrarán vida este martes en el LXI Festival de la Ópera de A Coruña.

El ambiente se viene gestando en el auditorio desde que comenzaron las primeras pruebas hace casi dos semanas, que culminará en hoy cuando se realice el ensayo general. Las voces de un elenco de lujo, acompañadas por la música de la Orquesta Sinfónica de Galicia y el Coro Gaos, afinan sus gargantas para satisfacer a un público ansioso por volver a ver una ópera representada tras agotar las entradas para el estreno del día 10. A cargo de la escena está Alfonso Romero, un viejo conocido del certamen tras dirigir I Puritani en 2009.

Sobre las tablas del Palacio de la Ópera sitúa telones pintados a mano en Italia, «cuadros» que compara con una «labor arqueológica» por tratarse de una práctica en decadencia. Venida también del país transalpino, y movida por la misma pasión artesanal, trabaja desde el 22 de agosto la prestigiosa diseñadora Lorena Marin, responsable de los atuendos de las películas Casanova o La Reina Elisabeth. Los trajes y vestidos que todavía cuelgan en los camerinos situados bajo el rugido del escenario son de colores apagados y austeros, fieles representantes de los patrones fijados bajo la Casa Estuardo en la Inglaterra del siglo XVII.

La soprano granadina María José Moreno encarna a la frágil Lucía Ashton, víctima de las venganzas personales de su hermano Enrico, interpretado por el barítono Javier Franco. Pero en la producción coruñesa, ni Lucia es tan inocente, ni Enrico tan despiadado. Romero quiso trazar personajes redondos, construyendo una joven «mucho más fuerte» tras «escarbar» en el libreto de Salvatore Cammarano.

Una historia con reminiscencias shakesperianas abocada al abismo, en la que la protagonista ve cómo su vida es manejada por los personajes que la rodean. Uno de ellos es el amante Edgardo, interpretado por el joven tenor Celso Albelo. El día del estreno se cumplirán catorce años del fallecimiento de su maestro, Alfredo Kraus, y en el público estará su hija Rosa para recordarlo. El resto del repertorio lo componen el bajo Giuseppe Enrico Iori, la mezzo Nuria Lorenzo y el tenor José Francisco Pardo.

«Musicalmente hay un talento excepcional», presume el director musical Ramón Tébar. Al frente de la Florida Grand Ópera desde hace dos años, el valenciano toma las riendas de la Sinfónica y una nómina de artistas «de primer nivel internacional». Músicos que, como acostumbra a decir en su día a día al otro lado del Atlántico, se mantienen down to earth o, lo que es lo mismo, con los pies en el suelo. «Hemos trabajado muy bien», destaca Tébar, tras alcanzar una perfecta conjunción entre la amplia nómina de intérpretes.

Junto a ellos, otras 150 personas trabajan a ambas orillas del telón para que las dos funciones de Lucia di Lammermoor sean un éxito. Los encargados de la iluminación, ayudándose de la calidad artística de los telones, discurren métodos para dar la sensación de ambiente voluble y etéreo que persigue la tragedia de Lucia Ashton.

«Una ópera que engancha», suelen repetir tanto directores como protagonistas, que en la producción del Festival de la Ópera de este año pretende hacer un homenaje al trabajo de los grandes escenógrafos italianos con un amplio despliegue artesanal. Tradicional, aunque «no por ello anticuado», que diría Romero, para abrir el decano de los certámenes líricos del país.