El Quijote del Plata, un ballet armado con ingenios

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Mel Oliveira, Gustavo Carvalho y Brian Waldrep en El Quijote del Plata. Foto- Toti Ferrer
Mel Oliveira, Gustavo Carvalho y Brian Waldrep en El Quijote del Plata. Foto- Toti Ferrer

El español Igor Yebra dirige el Ballet Nacional Sodre de Uruguay, que ha estrenado en España esta coreografía de Blanca Li en el Festival Castell de Peralada, con la que realiza una gira por nuestro país.

Cristina Marinero

Esta gran primera gran obra de encargo del director Igor Yebra para la compañía con sede en Montevideo está basada en una célebre personalidad uruguaya, el coleccionista bibliófico, Arturo I. Xalambrí (1888-1975).

Calificado como hombre extraordinario y excéntrico, es el responsable de que en la capital del país latinoamericano se conserven miles de ediciones de la magna novela de Miguel de Cervantes. El paralelismo de su personalidad apasionada –interpretada por el bailarín Sergio Muzzio-, con la del ingenioso hidalgo de La Mancha es la base de la dramaturgia de El Quijote del Plata firmada por Blanca Li y Santiago Sanguinetti, en la que se ha basado la coreógrafa española afincada en París para construir el ballet.

Elevado sobre la técnica de la danza clásica, este “paso a dos” entre Quijote y Xalambrí está envuelto por los diseños de escenografía y vestuario de Hugo Millán, colaborador de la compañía uruguaya en varios de sus ballets. La coreógrafa ha hilvanado un collage musical como tapete sobre el que se unen las once escenas de la obra, en el que proliferan las composiciones de inspiración española. Entre ellas, Capricho español, de Rimsky-Korsakov, España, de Chabrier, Rapsodia española, de Ravel, o la Obertura nº 2. Noche de verano en Madrid, de Glinka, interpretadas por la Orquesta Sinfónica de Sodre en la grabación.

Si bien el ensamblaje de las historias de los protagonistas se resiente en su a veces débil dramaturgia, Blanca Li es todo un hacha en encontrar imágenes poderosas y ahí están los asideros de El Quijote del Plata. Se comprende, por ello, su éxito en la coreografía y dirección de spots para marcas de alta costura, su trabajo con estrellas del pop, Beyoncé incluida, y su colaboración en videoclips y creaciones coreográficas-audiovisuales. De su cabeza surgen ideas muy ocurrentes que atrapan en un primer momento al espectador, aunque el desarrollarlas es la clave.

El Quijote del Plata, por el Ballet Nacional Sodre de Uruguay. Foto- Toti Ferrer

Entre sus ingenios, impacta la salida a escena de las “doce más una” bailarinas con tutús largos negros y la cabeza cubierta por una tela que se inserta en sus brazos, muy Martha Graham- permitiéndoles ahora ser unas tapadas de Vejer con aura clásico, luego unas willis de luto con cierto aire de madonas multiplicadas. La solista que encabeza el grupo, a modo de reina de las willis, lleva un diseño de tutú distinto, con sobrefalda hasta debajo de las caderas que, unido al estético tocado en la cabeza a modo de pantalla de lámpara cilíndrica, recuerda  al estilo “new look” de Christian Dior.

Hay una gran sucesión de imágenes fruto de todas aquellas que ha absorbido Blanca Li a lo largo de su carrera. Y aunque alguna se ve inserta porque sí, este hecho es parte de su personalidad, un as en la creación de momentos cortos surgidos de ingenios muy curiosos. Y lo bueno en ella es que no tiene ningún tipo de auto-censura (o, al menos, eso nos parece al ver sus propuestas), ya que ha convertido su arrojo en elemento esencial de su “marca de la casa”, con instantes atesorados por su estética, aunque se resientan las lineales y sencillas frases coreográficas que boceta.

Otro de sus ingeniosos experimentos en este Quijote es unir a Cervantes con Lorca: el episodio cervantino Las bodas de Camacho muta en Bodas de sangre “a lo Gades” en su famoso ballet. Es muy curioso ver cómo el triángulo formado por el noble Camacho (Gustavo Carvalho), Quiteria (Mel Oliveira) y Basilio (Brian Waldrep), episodio de El Quijote de aire jocoso, se convierte, sin perder el tono, en el protagonizado por el Novio, la Novia y Leonardo del drama de Federico García Lorca. Es osado, pero qué buen resultado ofrece. Camacho y Basilio se retan por el amor de Quiteria y en ese duelo –que marca el cambio a lo lorquiano, para volver enseguida a lo cervantino- Basilio simula clavarse el puñal, haciendo que se muere, travesura que tanto gusta en el ballet de Marius Petipa sobre Cervantes. En ese estado, pide casarse con Quitera y, ya resuelto el matrimonio, se levanta sano y salvo.

Petipa acertó en 1869, cuando estrenó su Don Quijote en Rusia, porque no construyó al hidalgo como un personaje que baila. Y es verdad que verle, en esta versión de Blanca Li, realizar variaciones muy saltadas y voladas resulta un poco chocante. También, porque no se diferencia tanto su estilo de movimiento del de Sancho, y es ahí donde podría haber definido  más los rasgos de ambos personajes, interpretados por Damián Torío y Kauan Soares.

Después de este estreno en el Festival Castell de Peralada, el Ballet Nacional Sodre de Uruguay ofrecerá El Quijote del Plata en los de Almagro, San Lorenzo de El Escorial, Sagunto y Santander. La compañía que resurgió con Juio Bocca como director hace una década, debe seguir insistiendo en un camino de más rigor para poder crecer en lo técnico e interpretativo.