El Réquiem de Nebra: excelsa música fúnebre española

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Réquiem de José de Nebra
Réquiem de José de Nebra

José de Nebra (1702-1768) es sin lugar a dudas uno de los compositores más relevantes de la Ilustración española. Su faceta como músico teatral ha oscurecido en cierto sentido su producción religiosa, a la que se dedicó de forma mucho más prolífica en los últimos años de su vida, desde su nombramiento como organista de la Real Capilla en 1736 durante el reinado del primer Borbón Felipe V. Precisamente esta recuperación en el sello Panclassics es un perfecto nexo entre monarquía y religión, pues nos hallamos ante la primera grabación mundial de su Réquiem para las exequias de la reina Bárbara de Braganza, esposa de Fernando VI, fallecida en 1758. El proyecto, auspiciado primeramente como concierto por la Comunidad de Madrid para conmemorar el 250 aniversario del fallecimiento de Nebra, se ha materializado en este registro efectuado en la Basílica Pontificia de San Miguel que cuenta con los mismos protagonistas del evento público: el Coro Victoria y la prestigiosa coral Schola Antiqua, junto a la versátil orquesta La Madrileña bajo la dirección de su fundador José Antonio Montaño, en lo que supone el primer lanzamiento discográfico de esta formación con instrumentos de época.

Este Oficio y Misa de Difuntos, estrenado en las Salesas Reales el mismo año del fallecimiento de la soberana, demuestra ser uno de los más refinados ejemplos de composición religiosa debidos a José de Nebra, en el que aúna tradición y modernidad. En esta obra el zaragozano, a la sazón vicemaestro de la Real Capilla, exhibe un conocimiento pleno de los cánones establecidos por la música sacra española en el uso del contrapunto imitativo, unas herencias renacentistas y barrocas a las que une un colorista tratamiento del acompañamiento orquestal, aquí enriquecido con dos flautas y continuo, una atractiva sonoridad que en esta grabación hace brillar con gran lustre la espléndida sección de cuerdas de La Madrileña, una compacta formación que cuenta aquí con instrumentistas como los flautistas Antonio Campillo y Liza Patrón y la arpista Sara Águeda, cuyos arpegios refulgen a lo largo de la hermosa partitura y la confieren una coloración francamente hermosa.

En el apartado vocal, los miembros del sobresaliente conjunto Schola Antiqua que lidera Juan Carlos Asensio destacan en solitario en el canto llano del invitatorio “Regem cui omnia vivunt” del Oficio, enmarcado por dos breves episodios polifónicos. La coral se funde con los dos coros de cuatro voces cada uno que forma el estupendo Coro Victoria cuyo pulido canto consigue la dirección de Ana Fernández-Vega, para conseguir transmitir tanto la hondura como la calidez de esta grandiosa música fúnebre española, todo un insólito descubrimiento para muchos. Sería injusto destacar un número por encima de otro de este Réquiem, pues cada uno conserva la esencia del texto litúrgico a través de la pericia de un maestro que vierte su sabiduría de los recursos retóricos en una misa de difuntos que fue concebida para un óbito regio muy concreto, por la propia vinculación de José de Nebra con la monarquía española, pero cuyas partes se reutilizaron años más tarde en las honras fúnebres de reyes como el propio Fernando VI, Carlos III o Fernando VII, así como era obligada su ejecución cada año en el Día de Difuntos.

Así, la teatralidad de Nebra se manifiesta principalmente en los cuatro números del Oficio, con sus influencias italianizantes que remiten hasta Monteverdi. Ahí quedan páginas como el elaborado salmo concertante “Domine ne in furore” encabezado por la voz del bajo, o la lección primera “Parce mihi Domine”, un aria para soprano que desemboca en un nuevo número coral, la lección segunda “Taedet animam mean”. En lo que respecta a la Misa propiamente dicha, Nebra opta por líneas corales de grandísima belleza y naturalidad acordes con la semántica tradicional del servicio religioso, demostrando su larga deuda con la polifonía renacentista y destinando elementos de gran expresividad y elocuencia en aquellas partes que demanda el texto, como la Secuencia del Dies irae, que no se digna en omitir, con su insistente diseño rítmico ejemplo de retórica teatral pero que no alcanza aún la tenebrosidad y la dramatización de futuros Réquiems también hijos de este siglo XVIII. El resultado alcanzado por todos los intérpretes de esta grabación es excelente para hacer la justicia que merece a Nebra y su partitura sacra más refinada, en lo que supone un eslabón más para saldar esa deuda que seguimos arrastrando con la música española, en este caso del Setecientos.

Germán García Tomás