El Shangai Quartet y Bouché levantan al auditorio de Castelló

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Shangai Quartet
Shangai Quartet. Foto: Carlos Pascual

El Shangai Quartet, con la colaboración del prestigioso cellista castellonense José Enrique Bouché, ofreció un brillante concierto en el Auditorio de Castelló, a cuyo término gran parte del público asistente ovacionó en pie a los intérpretes.

El cuarteto chino, reconocido mundialmente, por sus actuaciones en los más prestigiosos auditorios del planeta y con más de treinta grabaciones fonográficas en su haber, en su gira española, invitó a Bouché a unirse a ellos para ofrecer el hermoso quinteto de Schubert, una de las piezas más bellas y cuajadas en su armonización de la historia de la música para quinteto de arcos, que ocupó la segunda parte del recital.

En solitario en la primera parte, el cuarteto inició su actuación con el op. 95 de Beethoven, conocido como «Serioso» del que el grupo ofreció una lectura audaz en su armonización, patentizando las inversiones tonales, manteniendo siempre un contraste intenso en el primer tiempo, un fraseo idílico en el segundo, una contraposición muy bien establecida entre los tres scherzos y los dos tríos, que patentizó una precisión muy sugestiva en los cambios de ritmo en el tercer tiempo y una dicción muy bien establecida en los constantes cambios de armadura en el movimiento conclusivo, en el que cabe señalar la animosa coda, contrastada con el humor, un punto acerbo, del resto de la obra.

Ya en esta pieza se manifestó el sonido generoso del grupo, su fraseo preciso y su palmaria diversidad de timbres, armónicos y colores.

El cuarteto tercero de Penderecki se escribió precisamente para el cuarteto chino. Es una obra osada, con compases de amalgama y frecuentes inarmonías, que por igual es descriptivista como idílica, o belicosa y con ecos populares como audazmente rítmica. Todo ello lo manifestó el cuarteto Shangai en su versión tan intensa como diversificada, tan audaz en su atonalidad como lírica.

La primera parte se cerró con un terceto de canciones chinas occidentalizadas en su armonización por el segundo violin del grupo Yi-Wen Jiang. Brilló el melodismo con la genuina escala pentatónica sínica, en un preciosismo rítmico de bien pulsada cadencia en la primera canción, la lectura lírica y ensoñada en la segunda (con una capacidad poética de sensitiva utopía) y la diversificación ambiental y animosa en sonoridades de la tercera. Tres obras muy distintas en las que afloraban muchas de las posibilidades de armonización de intervalos propios de las cadencias orientales, que ofrecían a los oídos occidentales una riqueza de sonoridades tan exóticas como sensoriales.

En la segunda parte se ofreció el quinteto para dos violines, dos cellos y viola de Schubert. Tengo devoción por el fascinante melodismo sentimental de esta obra, desde que la escuché siendo muy joven en un histórico vinilo que compró mi padre con el mítico Pau Casals y el cuarteto Vegh. Después oí otros muchos registros importantes (Emerson con Rostropovich, Juliard, Borodin, Melos…,) pero tal vez por la añoranza infantil me quedó grabado el romántico recuerdo de ese disco que aún poseo.

La versión del Shangai con Bouché, me pareció novedosa por el concepto imaginativo, muy personal, lejano de emulaciones y ello desde el hermosísimo lied melódico del primer tiempo, de planteamiento sinfónico, con un Bouché totalmente a la altura de las respuestas al primer cello, que después volvió a materializar la belleza de su sonido y su bien decir en los pizzicatos del allegro y el adagio de idealizada melodía, ingrávida, de cadenciosa lentitud. El scherzo ofreció un postulado de vehemente espíritu, con unas disonancias muy bien establecidas, en particular en el segundo tema en el que se buscaba imitar la sonoridad de los vientos en un rapto bucólico y un sensorial y hermoso trio (tal vez el fragmento más significativo del quinteto) de interiorizado sentimiento. Muy elocuente en el tiempo final, la transformación de la melodía liederística inicial, transformada en festiva danza de índole sinfónica, que aglutinaba una multiplicidad de temas a cual más jovial y sugestivo. La compaginación del cuarteto con el músico castellonense fue tan concertada y próspera, que daba la impresión de que siempre habían tocado juntos.

Antonio Gascó