El trovador en el Teatro Bicentenario de León, Guanajuato, MX

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El trovador en el Teatro Bicentenario de León
El trovador en el Teatro Bicentenario de León. Foto: Jaime Vaqueiro

Más de nueve años después de su estreno, realizado el 19 de enero de 1853, el 2 de mayo de 1862 Giuseppe Verdi, escribe a Arrivabene sobre el grandioso éxito de su ópera: “Si viajas a las Indias o al corazón de África, oirás Il trovatore.” En nuestro tiempo, el 1 de septiembre de 2018, pasan los siglos y esta obra alucinante sigue sorprendiendo a sus nuevos oyentes. En el Teatro del Bicentenario, de la ciudad de León, Guanajuato, México, se presentó la tercera y última función de una nueva propuesta más de este drama musical que continúa vigente todavía. ¿Por qué razones o motivos sigue cautivando esta historia? y Las pasiones desbordadas, la exacerbación de los sentimientos, los peores horrores concebibles, muertes en la hoguera, duelos, guerras, celos, juramentos y traiciones, el romanticismo galopante, continúan teniendo una verosimilitud extraña. La historia que se nos narra pareciera que tiene los elementos que se estilaban entonces: el triángulo amoroso, el amor imposible nunca conseguido, el drama de un hijo, el Conde de Luna, que jura a su padre agonizante encontrar a su hermano. La mujer de la que se enamoran dos hermanos que no saben que lo son, Leonora, La hija de una supuesta bruja que jura vengar la muerte de su madre quemada viva en la hoguera, Azucena, personaje central que tiene dos pasiones en su vida, el amor a su falso hijo Manrico y el impulso feroz de venganza. Ingredientes que se suceden uno tras otro y que recuerdan y sueñan los personajes desquiciados. ¿Qué es aquello que distingue o hace diferente a estas narraciones brutales y grotescas? 

Hay una sola cosa que la hace distinta. El hechizo de la voz. La voz cantante mágica que escuchamos en esa música totalmente genial y alucinante. Cuentan que el famoso director de orquesta Arturo Toscanini decía: “Es fácil hacer “Il trovatore”. Solo necesitas a los mejores cantantes del mundo.” Solo los cantantes más excepcionales han podido ejecutar las arias ajustándose a la partitura. El ritmo es extraordinario. Eficacia y brillo de sus melodías, tonalidades y finales. Si esto se logra una buena representación deja al final al público sin aliento y excitado. Absolutamente teatral la música de Verdi logra una arquitectura donde las voces solistas, el coro, la orquesta, comulgan en la conjugación de su mágico estilo personal. 

Los directores, musical y de escena, el elenco seleccionado, cuidaron todos elementos en la relación intrínseca entre música y acción dramática, algo que a veces se descuida pero que en esta ocasión se agradece. Un manejo eficiente de los planos escénicos, juego de niveles, logro de imágenes casi pictóricos, diseños plásticos equilibrados y sugerentes, obteniendo buenos resultados visuales en esta combinación sobria de recursos técnicos y creativos. Estos son los artistas que logran semejante hazaña. El director concertador José Areán, sacó de la Orquesta Sinfónica de Aguascalientes de la que es titular, todo el esplendor de una partitura ágil y de grandes dificultades. La directora de escena y coreógrafa Ruby Tagle supo sacar partido a los actores, bailarines, coro y solistas consiguiendo un espectáculo de rigurosa unidad conceptual lograda con plenitud imaginativa. El diseño de escenografía e iluminación de Jesús Hernández conjunta belleza sobria y discreta espectacularidad con recursos mínimos. Numeroso equipo profesional en el vestuario, peluquería, combate escénico.

Y el casting de cantantes internacionales no podría estar mejor seleccionado. Todos a excepción del tenor español del país vasco Andeka Gorrotxategui en el papel de Manrico son mexicanos de experiencia y gran trayectoria internacional. María Katzarava hace el personaje de Leonora, Jorge Lagunes es el Conde de Luna, Belem Rodríguez Mora da vida a la gitana Azucena, José Luis Reynoso Martínez es Ferrando. En los comprimarios Liliana Aguilasocho Acosta es Inés, el papel de Ruíz, un mensajero Enrique Guzmán, un viejo gitano Alberto Watty, Bruja Priscila Solorzano, Niño Ángel lo actuó Ángel Niño. Todos ellos lucieron y sobresalieron sacando lo mejor de su canto y actuación dando vida a la dificilísima partitura. Todos los recursos del Belcanto llevados a los límites más extraordinarios. Cada uno de ellos merecería un amplio elogio minucioso de su trabajo.

Queda demostrado en esta ocasión que es posible hacer buenas funciones de Ópera logrando un alto nivel artístico con disciplina, trabajo, organización y gran amor a la música. Una de las mejores funciones de este año artístico difícil. Esperamos que vengan muchas más dentro del cambio que está viviendo el país. Nuevos horizontes se vislumbran. Que sea para bien.

Manuel Yrízar