Elīna Garanča: caprichos sureños

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Elīna Garanča: caprichos sureños
Elīna Garanča: caprichos sureños

Si hay una cantante polifacética en nuestros días esa es sin asomo de dudas la mezzosoprano letona Elīna Garanča. Su gran versatilidad y carisma musical han hecho que en muchos de sus recitales incluya piezas más ligeras, ajenas al mundo de la ópera, y atreviéndose a cantar un género tan hispano como es la zarzuela -aunque no un título de forma íntegra- con una más que estimable dicción y una no menor gracia interpretativa. Garanča ya había asombrado hace algunos años en la industria discográfica con su álbum Habanera para Deutsche Grammophon, donde proponía una selección de obras cimbreadas por este ritmo insular, con una gran abundancia de páginas españolas. Siguiendo esa línea, es ahora la música de raíces sureñas y latinas la que atraído la atención de la letona, y esa predilección la ha materializado en su nuevo disco para el sello amarillo, Sol y Vida, donde se acompaña de una orquesta netamente española como es la Filarmónica de Gran Canaria bajo la batuta de su marido y habitual colaborador, Karel Mark Chichón, un registro efectuado en el Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas.

Es por tanto un variadísimo repertorio el que propone Elīna Garanča y que muestra su enorme curiosidad musical a lo largo de 17 piezas que cantan al amor correspondido o al desengaño amoroso, piezas aderezadas de ese sol y calor propio de los países meridionales de los que provienen. Lo que llama la atención por encima de todo es que Garanča se acerca aquí a canciones y melodías que en su gran mayoría han sido popularizadas por voces masculinas, y ella misma justifica en las páginas del disco su voluntad de revisitarlas con una voz grave de mujer como la suya, que nos llega penetrante y cálida a la vez, irresistiblemente bella y en plenitud de facultades técnicas.

En este recorrido abundan las canciones napolitanas, muchas de ellas enormemente populares gracias a Enrico Caruso, Giuseppe di Stefano o Luciano Pavarotti, por citar a tres grandes tenores, como Torna a Surriento, Voce ‘e notte y Non ti scordar di me de Ernesto de Curtis, o Non t’amo più y Marecchiare de Francesco Paolo Tosti, a las que hay que añadir otras como Core’ngrato de Salvatore Cardillo o Musica proibita de Stanislao Gastaldon. Todas estupendamente cantadas e interpretadas con personalidad, fervor y pasión por la deslumbrante voz de la mezzo letona, que, desimpostada, reserva su registro más grave y sombreado para otros estilos musicales, como se encarga de exhibir con garra, susurrando admirablemente, en la canción tradicional La Llorona, así como en la temperamental, de descarada expresión, “Yo soy María” de María de Buenos Aires de Astor Piazzolla, acompañada en ambas por la guitarra del consumado maestro José María Gallardo del Rey, al igual que en el popular tema Gracias a la vida de la chilena Violeta Parra, que fue uno de los grandes caballos de batalla de la mexicana Chavela Vargas. Además, a la cantante le secunda una corte de ocho instrumentistas que contribuyen a resaltar la diversidad de colores y ritmos compendiados en este disco.

Aún hay más piezas cantadas en castellano, como la que abre el compacto, incomparablemente sureña, la celebérrima Granada del mexicano por antonomasia enamorado de España Agustín Lara, que se sirve en un colorido arreglo orquestal del esposo de la cantante. Y como guiño a nuestro género lírico, Garanča nos asombra nuevamente, esta vez por incluir una romanza adjudicada a la cuerda de tenor: el “No puede ser” que canta el personaje de Leandro en La tabernera del puerto de Pablo Sorozábal, que, consideramos, no debería molestar a los más puristas de la zarzuela, pues la cantante se permite un pequeño capricho, una licencia sin mayores consecuencias, y con ella no pretende herir sensibilidades, sino simplemente experimenta de forma puntual con su privilegiada voz, que, como decimos, ya ha prestado adecuadamente y de forma admirable al repertorio de zarzuela en diversas romanzas para su tesitura. En el ecléctico popurrí de babeles que despliega, la mezzo transita por otras lenguas oficiales españolas, como el gallego en el tradicional Vai lavar a cara y la melancólica y hermosa canción Lela de Rosendo Mato Hermida, que acaba en una sutil media voz, además de brindar una insólita versión catalana de la popular declaración de amor de Edvard Grieg (T’estimo). El fin de fiesta nos lleva de nuevo a América del Sur, primero con el sosegado tango El día que me quieras de Carlos Gardel (segunda visita a Argentina) y el remate en portugués del electrizante Brazil de Ary Barroso, puros fuegos artificiales para coronar un trabajo discográfico que es pura vida y puro sol del sur gracias al indiscutible talento de Elīna Garanča, una artista que sigue demostrando que todo lo que toca lo convierte en oro.

Germán García Tomás