Enrico di Borgogna en Bergamo: de drama a farsa

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Enrico di Borgogna en Bergamo
Enrico di Borgogna en Bergamo. Foto: W. Vitale 

Enrico di Borgogna es la primera ópera de Gaetano Donizetti que subiera a un escenario. El acontecimiento tuvo lugar en el Teatro San Luca de Venecia y fue posible por la intervención de su maestro Johann Mayr, a la sazón bastante activo como compositor en la ciudad de los canales. Donizetti contaba entonces con 21 años de edad. La obra fue bien recibida por el público, aunque no se puede hablar de un triunfo indiscutible. 

Musicalmente, el cambio que experimenta Donizetti entre este Enrico di Borgona y la ópera que pudimos ver el día anterior (Il Castello de Kenilworth) es notable, aunque no hayan transcurrido más que 11 años. Si en la que ahora nos ocupa estamos en una ópera que podríamos llamar de corte rossiniano y con orquesta reducida, en la del día anterior estamos ante un Donizetti mucho más reconocible. A decir verdad, Enrico di Borgogna ofrece en su segundo parte mayores rasgos de la personalidad del compositor de Bérgamo. 

La ópera trata de la usurpación y posterior recuperación del trono de Borgoña, a lo que se une también la figura de Elisa, deseada tanto por el usurpador Guido como por usurpado Enrico, quien acabará destronando a su rival y volviendo a ocupar el trono y casándose felizmente con Elisa. Evidentemente, se trata de un drama en música, aunque hay algún personaje un tanto bufo, como es el de Gilberto, el ayudante de Guido. La ópera mejora en la segunda parte y ofrece la curiosidad de que sus dos principales protagonistas (Enrico y Elisa) están encarnadas por dos mezzo sopranos, mientras que el usurpador Guido es un tenor ligero, habiendo otro tenor en el personaje de Pietro, el que educara y criara al depuesto Enrico di Borgogna. 

He querido llamar la atención al hecho de que la ópera es ni más ni menos que un drama para poner en evidencia el capricho de la responsable de esta nueva producción, Silvia Paoli. El capricho consiste en convertir el drama en una farsa, para lo que presenta su producción como una representación en un teatrito del siglo XVIII, en el que podemos leer que se trata del Teatro San Luca y donde todo se lleva por caminos de una ópera bufa, lo que poco sentido tiene. La verdad es que el choque entre lo que vemos y lo que escuchamos le lleva a uno al aburrimiento. 

Enrico di Borgogna en Bergamo. Foto: W. Vitale 
Enrico di Borgogna en Bergamo. Foto: W. Vitale

La escenografía es de Andrea Belli y ofrece este reducido teatrito, en el que se desarrolla la acción, contando con un vestuario de época y en tonos bufonescos por parte de Valeria Donata Bettella. Iluminación sin mayor relieve de Fiammetta Baldiserri. 

La dirección musical corrió a cargo de Alesandro de Marchi, bien conocido por sus incursiones en óperas barrocas. Lo hizo al frente de la Academia Montis Regalis y del Coro Donizetti Opera. La orquesta es una formación de corte barroco y lo hicieron bien todos ellos, sin mayor relieve. 

La protagonista que da título a la ópera fue interpretada por la mezzo soprano Anna Bonitatibus, que lo hizo bien, brillando en el canto de agilidad, y destacando en la segunda parte de la ópera, que es donde más oportunidades tiene para lucirse. 

Elisa, el deseo de los dos protagonistas, es decir el usurpador y el usurpado, fue interpretada por la mezzo soprano Sonia Ganassi, a quien hacía 3 años que no veía en escena. Su actuación fue correcta, más allá de los excesos escénicos que no venían a cuento y de los que lógicamente no era ella la responsable. La he encontrado con la voz más mate que hace un tiempo. 

El tenor sudafricano Levy Sekgapsane mostró en la parte de Guido su voz atractiva y de bastante escaso volumen, cumpliendo a satisfacción. 

El tenor Francesco Castoro ofreció en la parte de Pietro una voz de cierta amplitud, aunque no muy sobrada de calidad tímbrica. 

Luca Tittoto dio vida a Gilberto, con voz amplia y moviéndose bien en escena. Buena también la prestación de Federica Vitali como Geltrude, la ayudante de Elisa. Correctos Lorenzo Barbieri como Brunone y Matteo Mezzaro como Nicola. 

El Teatro Sociale estaba prácticamente lleno en sus localidades con visibilidad plena. El público se mostró cálido con los artistas en los saludos finales, siendo las mayores ovaciones para Anna Bonitatibus. 

La representación comenzó con 5 minutos de retraso y tuvo una duración de 2 horas y 50 minutos, incluyendo un intermedio. Duración musical d 2 horas y 24 minutos. Cinco minutos de aplausos. 

El precio de la localidad más cara era de 85 euros, costando la más barata con visibilidad 50 euros. 

José M. Irurzun