Entrevista a la soprano Sylvia Schwartz

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Entrevista a la soprano Sylvia Schwartz

“Además de muy buena voz, hace falta talento, mucho trabajo y suerte”

Más de diez años han pasado desde que la soprano Sylvia Schwartz recibiera la beca de canto que financia la Asociación de Amigos de la Ópera de Madrid enmarcada en el proyecto de Juventudes Musicales de Madrid. Y parece que fue ayer. Así lo recuerda ahora Sylvia desde su camerino en el Teatro Real de Madrid antes de meterse en el personaje de Gretel (en la ópera Hänsel und Gretel). Mujer elegante de ideas claras, habla con inteligencia preocupada por la educación musical en España. Cuenta con una sonrisa permanente su época de estudio en la Escuela Superior de Canto en Madrid y tras ello su etapa en la Staatsoper de Berlín. Realidades y sueños de una profesión que le apasiona a pesar de las continuas idas y venidas entre ciudades, teatros y personajes. Su éxito hace creer más en el apoyo que se les da hoy en día a las jóvenes promesas y recordar que siempre, hay un futuro. Gracias, Sylvia.

¿Cómo ha cambiado la vida de Sylvia Schwartz desde que recibió la beca de la Asociación de Amigos de la Ópera en el año 2003?

¡Muchísimo! En aquel año estaba llegando al final de mi formación en la Escuela Superior de Canto de Madrid, y el dinero de la beca lo utilicé para clases magistrales con Wolfgang Rieger. A través de estos cursos que hice con él decidí como primer paso que sería muy útil para mí hacer un curso de profundización en canción alemana en Berlín donde él enseñaba. Me fui a Berlín un año a estudiar con Rieger y allí tuve de profesor de canto a Thomas Quasthoff, de profesora de ópera a Julia Varady y de profesor de Lied a Wolfgang Rieger, era un trío de profesores que ni en sueños se le ocurre a uno. En Berlín me fui dando cuenta de que en esta profesión sin un agente, un cantante no va a ninguna parte porque ni siquiera te puedes abrir una puerta para una audición y mucho menos para papeles en un teatro de ópera, así que planeé ir a hacer un curso de perfeccionamiento de ópera al Royal College of Music de Londres. Allí a las funciones de los alumnos iban agentes y a veces personas de teatros, por lo tanto me parecía una buena oportunidad para empezar a conocer a agentes. A Julia Varady le comenté un día mi preocupación y además de decirme que tenía que dejar de estudiar porque ya estaba formada, me puso en contacto con su agencia, avisándome de que tendría que ir a Londres en el momento que me llamasen. Audicioné, me cogieron y ellos fueron los que me consiguieron mis primeras audiciones en los teatros y entre ellos en la Staatsoper de Berlín. En esa época a mi todavía me quedaba un año de conservatorio en Berlín y pude seguir estudiando a la vez que empecé mi primer año en la Staastoper. Allí entré en el elenco y me ofrecieron un contrato de dos años aunque su intención era que me quedase cuatro o cinco para formarme y hacer lo mismo conmigo que habían hecho por ejemplo con Dorothea Röschmann. Estuve cuatro años y tuve mucha suerte porque muy al principio tuve una producción con Daniel Barenboim. Él me escuchó, le gusté mucho y me llevó a varias producciones en las que trabajé con él y eso sí que fue un aprendizaje como en pocos sitios. En la Staatsoper de Berlín pude cantar en el orden ideal todos los papeles que necesitaba mi voz para ir formándome en el escenario y a la vez seguir haciendo otras cosas. Llegó un punto que al quinto año tenía tantos contratos fuera y en la Staatsoper no sabían exactamente cuando me necesitaban que, con pena, me tuve que marchar ya que tenía tres temporadas por delante llenas fuera de Berlín y no podía decir que no. Me fui de freelance y llevó así cuatro años. Tengo todavía los mismos agentes. Con ellos hago un trabajo en equipo, conocen muy bien mi voz y dependemos mucho los unos de los otros. Ahora viajo muchísimo aunque tengo vínculos más fuertes con algunos teatros como el Teatro Real de Madrid o la Staatsoper de Viena y Berlín; son teatros a los que vuelvo todos los años, y eso me gusta mucho. Son como un hogar ya que viajar tanto da una sensación de desarraigo. Si me hubieras preguntado en 2003 cómo me hubiese gustado que fuera mi vida y te hubiera contado mis sueños más cercanos, ahora que lo pienso probablemente sería algo como lo que tengo ahora.

Entrevista a la soprano Sylvia Schwartz

Volviendo un poco atrás en el tiempo, ¿por qué decidiste dedicarte al canto?

En mi casa hay mucha música. Mi madre toca el piano muy bien, casi a nivel profesional, y ella también canta y toca la guitarra. Ella y yo, junto con mis dos hermanos, cantábamos mucho a cuatro voces. No hubo ningún momento decisivo por el cual yo me quisiese dedicar a ser cantante de ópera ya que para mi eso estaba claro desde un principio. Hace poco descubrí unas cajas con notas del colegio y me fijé que desde los 4 o 5 años los profesores escribían que me gustaba la música y cantar, por lo que era una cosa que me llamaba mucho. Y eso que había muchas otras materias que en el colegio me gustaban y que se me daban bien, como los idiomas, las artes, la literatura, la historia… pero la música era claramente algo que me gustaba. Cuando se acercó el final del colegio, a los 17 o 18 años, estaba claro que no iba a ir a la universidad sino que iba encaminada a estudiar en el conservatorio. Estuve debatiendo si ir a la Escuela Superior de Canto de Madrid o irme a una de las escuelas de Londres, pero no sé por qué al final decidí quedarme en Madrid y ni hice la solicitud para entrar en las escuelas de Londres, y por suerte me cogieron en Madrid. Aprendí mucho en la Escuela, y eso que ha cambiado también mucho desde entonces, ha mejorado mucho. Cuando yo estuve había una guerra entre bandos de profesores y al final los que sufríamos éramos los alumnos. Durante los seis años que estuve en la Escuela hubo dos o tres clases magistrales, y en los dos años que tuve clase de escena montamos un acto del Così fan tutte. Hoy en día hay mucha actividad: se hacen conciertos, producciones de ópera, clases magistrales, etc. Aprendí mucho pero en esa época era una Escuela en la que tenías que buscar tú dónde aprender y ahora se ha convertido mucho más en un centro de enseñanza. Tuve la suerte de tener a dos o tres profesores muy buenos y siempre se podía aprender algo de todos, por lo que salí con una formación muy buena. Cuando llegué al Conservatorio estaba a la altura de los demás alumnos que había allí, de hecho hubo cosas que aprendí en Madrid que luego en la profesión me han servido muchísimo.

¿Cuál es la experiencia artística que más has valorado a lo largo de tu carrera?

Hay muchas experiencias importantes en mi vida pero desde bastante al principio lo que más me marcó yo creo que fue el trabajo con Barenboim. Cuando llegué a la Staatsoper casi no había hecho ópera, había hecho muchos conciertos pero era la primera vez que estaba en un escenario serio y grande. Aprendí de él tanto a nivel musical como escénico, hicimos por ejemplo un Don Giovanni y él asistió a los ensayos de escena y trabajó con nosotros en todo. Todas sus enseñanzas fueron muy importantes para mí en esta etapa. Hay más momentos y personas que han marcado mucho mi carrera. También Julia Varady, tuvo una influencia decisiva en la dirección que tomó mi carrera. Ahora he empezado a dedicarme esporádicamente a la enseñanza, en la que caí de casualidad a raíz de una estancia en Nairobi. Mi marido trabaja para las Naciones Unidas y cuando estuve allí, colaboré con un grupo de ópera y acabé dando clases. Esto me hizo descubrir que me gustaba la enseñanza y desde entonces he estado impartiendo clases en escuelas como el Royal College of Music que es un sitio al que tiempo atrás yo quería ir de alumna. Son giros inesperados. Ahora tengo que decir que en mi carrera no sólo ha habido un maestro, ha habido varios maestros de los que yo he aprendido. Si hablamos desde el punto de vista técnico, he ido construyendo mi voz con las enseñanzas de distintas personas. Hay gente que en su formación influye sólo un maestro, sin embargo al final tú eres tu propio profesor y tienes que saber qué enseñanzas recoges de cada persona. Ha sido muy importante tener varias influencias distintas a lo largo de mi carrera.

Después de todos los aprendizajes recibidos a lo largo de tu carrera, hoy en día ¿cuáles crees que son las características esenciales que debería tener un cantante?

En España se piensa que el que tiene una buena voz siempre sale adelante. Yo creo que hace falta además de muy buena voz, talento, mucho trabajo y suerte. Son para mi los elementos esenciales. Sí que es verdad que yo he tenido más buena suerte que otro compañeros, que a pesar del talento, no han tenido esos golpes de suerte. Siempre hay que estar preparado porque hay momentos que no pasan dos veces. Es una profesión difícil y tengo la impresión de que hay un elemento de arbitrariedad y de suerte que es mayor que en otras profesiones. Eso sí, sin el talento y sin el trabajo no vas a ningún lado.

¿Volveremos a escucharte pronto en Madrid?

Tras los conciertos con la Orquesta Nacional de España en el Auditorio Nacional con música difícil pero muy bonita de Arvo Pärt, volveré la temporada que viene del Teatro Real a hacer La flauta mágica con Ivor Bolton. Además el personaje de Pamina me gusta mucho y lo he interpretado bastante. Este teatro se está convirtiendo poco a poco como en mi casa y la gente que trabaja en el Real son de los mejores profesionales que me he encontrado. Creo que la nueva dirección del teatro ha comprendido muy bien, mejor que Mortier que era un hombre de enorme talento y un grandísimo profesional, qué necesita el público español y el de Madrid sobre todo. El Teatro Real va por muy buen camino y el hecho de poder participar en la próxima temporada es una maravilla.

Isabel Iv