Entrevista a Alfredo Daza, barítono

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OW – ¿Cómo empezó tu relación con el mundo de la música? ¿Había un ambiente musical en tu familia?

     R.- En realidad sí, mis padres al tiempo que yo era un niño eran un tanto melómanos, mi madre estaba más interesada en baladas de aquel tiempo con los cantantes de música romántica de mi país (Manzanero, José José, Manolo Muñoz) al igual que aquellos de EE.UU. (Johnny Mathis, Andy Williams) que era donde se encontraba en común con los gustos de mi padre que estaba más enfocado hacia el Jazz instrumental (sabe Brubeck, Stan Getz) y el cantado. Tenían discos de muchos tipos, Gilbert Becaud, Elvis (este último me causó gran admiración) Fitzgerald, Sinatra y por supuesto música clásica, la cual dada la curiosidad de mi hermano (pues esos discos por su valor sentimental estaban prohibidos para nosotros los niños tocarlos) llegaron a ser mis favoritos. Él descubrió la 9ª Sinfonía de Beethoven ( mi versión hasta ahora favorita con Eugene Ormandy) y me la enseñó a mí. Recuerdo especialmente la parte inicial del solo de barítono “Oh Freunde nicht diese Töne!” – el solista era John Macurdy- me impactó y recuerdo haber pensado “yo quiero cantar como él..” una memoria entrañable, pues yo habré tenido alrededor de 4 o 5 años y está viva en mi mente ¡como si hubiese sido ayer!

OW – ¿Dónde y cómo fueron tus estudios musicales?

     R.- Comencé con la educación musical básica a los 11 años en el conservatorio de Música de mi ciudad natal Puebla, en México, donde por fortuna aceptan a niños y jóvenes con o sin estudios musicales previos y tras un básico examen de “aptitud” más que de admisión. Mis estudios de música los hacia al mismo tiempo que con la escuela “obligatoria” y después al continuar con mis estudios universitarios de diseño gráfico, tuve que decidir y dejar la universidad, lo que me llevó a la Ciudad de México a seguir mis estudios en el Conservatorio Nacional.

OW – ¿Por qué decidiste dedicarte a la ópera?

     R.- Para ser breve en mi respuesta pienso que parte de ese impacto que me causó la 9a de Beethoven y John Macurdy en esa grabación que oí a los 4 años fue lo que me impulso a estudiar música. En realidad, yo quería ser director de orquesta, pero me dí cuenta que los instrumentos me eran bastante complicados así como la comprensión de la armonía y su relación matemática y vertical de la música en general, así como su análisis en forma y fórmula. En cambio, la clase de canto era lo contrario, tuve un sentimiento de música horizontal, además de darme cuenta que la comprensión de la técnica “imaginaria” vocal me era de cierta facilidad. Había hecho una audición con el director del conservatorio a los 13 años para el coro de cámara y me sugirió tomar lecciones de canto.

OW – ¿Cuál fue tu primera actuación? ¿Qué sensaciones tuviste?

         Mis primeras actuaciones se dieron dentro del conservatorio, en pequeños recitales de música mexicana e italiana que dábamos los alumnos de esa clase. Noté a mis padres y al público emocionados, lo que me empezó a darme cierta seguridad en mí mismo. De ahí siguieron conciertos en el auditorio mayor de mi ciudad donde canté con la orquesta del conservatorio la canción “Santa Lucía” con mi profesor, luego el solo del Requiem de Mozart, que ya en aquella joven edad, los graves me eran muy fáciles de emitir. Tiempo después en el Concurso Nacional de Canto Carlo Moreli, llegué a la final y me dieron un Premio a la Revelación Juvenil y la oportunidad de cantar con la orquesta de la Ópera de Bellas Artes en el Palacio de las Bellas Artes de la Ciudad de México a los 16 años. Luego canté el papel de Don Giovanni en el teatro principal de mi ciudad natal. Todo fue muy rápido, todo ese grupo de actuaciones sumadas las considero “mi primera actuación” debido a la rapidez con que se dieron las cosas, todo ello me dio la pautas para decidir dedicarme a estudiar ópera “en serio” y mudarme a la Ciudad de México.

OW – ¿Cómo se ha ido desarrollando tu carrera? 

         A partir de ese punto traté de enfocarme más a mi desarrollo en el medio. Tomé clases de actuación, formé parte de una pequeña Trouppe de teatro (ya había hecho algunas obras desde niño gracias a mi escuela primaria donde se impartía el teatro y la danza) fui a México y conseguí mi primer trabajo en el grupo “solistas ensamble de Bellas Artes”. Gracias a ello pude mantener mis estudios y hacer audiciones. Fui al Pacific Music Festival de Sapporo, audicioné para el Merola Opera Program de la Ópera de San Francisco, fui finalista del concurso Neue Stimmen, pero no pude participar pues fui aceptado para Merola, e ingresé como “artista residente” del Adler Fellow Young Artists Program de la Ópera de San Francisco. A partir de ahí conseguí un manager, hice audiciones y al concluir el programa tenía mi debut con la Canadian Opera Company, el teatro Carlo Felice de Génova y la Ópera de Roma alineados. Fue un inicio típico de cantante de veintitantos años, los agentes se excitan, los teatros también y todo comienza rapidísimo. A partir de ahí ya trabajando como “freelancer” en una audición, me topé con la Staatsoper de Berlín, donde el Mtro. Barenboim me invitó personalmente a ser parte de este teatro. 

OW – ¿Pudiste compaginarla con otros estudios?

       Creo esta repuesta ya la dí 🙂 siempre desde los 11años tuve dos escuelas, la escuela “normal” y el conservatorio, así la llevé también la educación media y la universidad dónde estudiaba Diseño Gráfico. Esta carrera junto el canto operístico no compaginaban, el diseño toma mucho tiempo y noches sin dormir, aún cuando eran básicos, no pude continuar y después de 3 semestres decidí abandonar la universidad y continuar con la ópera en el Conservatorio Nacional de Música. 

OW – Aparte de la ópera, ¿qué otras aficiones hay en tu vida?

       La ópera dejó de ser afición y confieso que no son muchas las funciones que a las que acudo como público, si sigo con pasión las grabaciones de mis barítonos predilectos, pero el Jazz y el swing es algo que me hacen sentir bien, cocinar al ritmo de Brubeck o Jimmy Rushing es algo que disfruto mucho, ver a Sinatra y a Elvis en sus grabaciones en vivo me nutren de cosas nuevas y de ese “entertaining mode” que siento los cantantes debemos tener. Me encanta el cine, de arte y “blockbuster”, el deporte me encanta y soy ávido fan del Futbol (Puebla FC) y del Tennis (Federer!!!!) me encantan las buenas series de TV (en DVD, así, solo cuando hay tiempo en casa) y caminar, estoy tratando de retomar la pintura y el dibujo, pero me volví muy indisciplinado en ello.

OW – ¿Dónde fue tu primer gran éxito y con qué ópera?

Un gran éxito personal fue para mí mi primer papel (Liberto en incoronazione di Poppea) en la Ópera de San Francisco, tan sólo porque me informaron que hasta ese entonces no habían tenido debut de un cantante más joven que fuese “infantil” (21) pues me sentí súper bien. Después fue mi debut en la Ópera de Washington, cantando Fígaro en El Barbero de Sevilla, ahí me fue magníficamente, donde la satisfacción que se siente a nivel personal también se siente y se deja sentir fuera.

OW – ¿Quiénes fueron tus maestros?

     El maestro Rolando Martínez en la Ciudad de Puebla, en la Ciudad México el legendario maestro Enrique Jaso, QEPD.

     Muchos de los directores de orquesta y colegas con quienes he participado, muchas grabaciones sobre todo las de Thomas Allen y más recientemente las de Piero Cappuccilli, desgraciadamente no encontré otro maestro, aunque algunos otros tuvieron mi confianza, lo que me enseñaban no me funcionaba y desde que dejé a mi segundo maestro he sido autodidacta, por eso menciono esas grabaciones .

OW – ¿Qué compromisos tienes en un futuro inmediato?

       R.- Termino con esta serie de Fígaros en enero, continuaré con Giorgio Germont en una nueva producción de La Traviata en el nuevo Teatro Nacional de Tokyo y regreso a hacer Germont en Berlín, para concluir la temporada con mi debut como Valdeburgo en La Straniera de Bellini junto a la maravillosa Edita Gruberova.

OW – ¿Has grabado en CD o DVD alguno de tus conciertos?

         Existen 2 Cd’s que también están disponibles en itunes (perdón por el comercial) que grabé con la MSM de Londres: el álbum “Stolen Notes” de Arias Verdianas junto con otros cantantes acompañados del Parma Opera Ensemble, el álbum de canciones de Rimsky Korsakov “Angel and Demon” que grabé junto a la soprano rusa Anna Samuil para el 100 aniversario del fallecimiento de ese compositor, y en DVD un recital en vivo desde la Steinway Hall de Nueva York junto a Mark Cogley, la Boheme (como Marcello) en la entonces New York City Opera “Live from Lincoln Center”, el Elixir de Amor (Belcore) desde el Festival de Glydenbourne con Opus Arte, la Manon de Massenet (Lescaut) con Barenboim y Netrebko con la Deutsche Gramophon y estoy en espera del estreno mundial de “Dulce Rosa” ópera de Lee Holdridge para Los Ángeles Opera y dirigida por el Mtro. Plácido Domingo, donde protagonicé a Tadeo Céspedes.

OW – ¿Cómo ves el panorama operístico en España y en el extranjero?

     Creo que a nivel mundial, la ópera ha sufrido muy duros golpes en los últimos 8 ó 10 años, las crisis económicas siendo el principal factor, pero también la disminución del público y del interés por la música clásica en general, siendo la ópera la más afectada. Ello sumado al fallido modelo de comercialización, ha afectado el concepto que el público pudiese tener acerca de la ópera. Lo considero fallido porque apoya y sigue apoyando exclusivamente a artistas de primera inversión y bloquea a otros muchos. Creo también que el falso “Regie Theater” está dañando el volumen de audiencia. Le digo “falso” porque existen direcciones de escena magníficas, bien pensadas, con adaptaciones congruentes e interesantes. Yo soy creyente de las puestas de escena nuevas de verdadero Regie Theater, tanto como lo soy de las tradicionales. Lamentablemente, algunas pretenden ser “Regie Theater” pero solo reflejan la obsesión de algunos directores por hacer algo distinto, aunque desvirtúen el texto original. Nos ponen a los cantantes en situaciones extraordinarias de reír al tiempo que cantamos sobre llorar, en fin, situaciones absurdas que al llegar al público no son comprendidas del todo, y luego nos preguntamos porque la gente no llega más. En general pasamos por tiempos difíciles, pero el panorama a veces parece más claro, por esa gente que siente verdadera pasión por nuestro quehacer y que sigue asistiendo a la ópera a disfrutar de las voces y a eso, a “sentir”… Cada vez me sorprenden más lo que algunos amantes de la ópera me dicen o me escriben en mi página en Facebook, ellos sienten lo que hacemos, lo viven, se maravillan ante la fuerza de la música y la voz humana. Es gracias a ellos y a ese poder infinito de la música y la ópera por lo que estamos aquí. Con crisis, sin ella, con los monstruos publicitarios, pocos o muchos, la ópera sigue siendo, la suprema expresión de las bellas artes, siempre de moda e inmortal.