Entrevista con el doctor en Estética y Filosofía Gabriel Menéndez Torrellas que imparte en la Universidad CEU San Pablo un curso para aprender a conocer y disfrutar de la ópera

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¿Tan complicada es la ópera que hace falta un curso para disfrutarla?
Es tan complicada como lo que tú quieras aprender. Uno puede disfrutarla sin comprender nada, pero hay diferentes grados de disfrute: el arte está lleno de códigos y una persona que los conozca puede escuchar cien veces más. Una de las cosas que más me satisfacen de mis cursos es que mis exalumnos me digan que ahora escuchan la música de otra manera, que su manera de experimentarla ha cambiado.

A mucha gente la ópera le intimida…
Hay que quitarse esos prejuicios: la ópera en el siglo XIX era tan popular como el teatro de calle. Iban a ver Verdi con el vino y la tortilla. La ópera es para todos.

¿Y cómo hemos pasado de ir a la ópera con la tartera a que sea algo que sólo parecen entender unos pocos?
Por el cambio sociocultural que hubo tras la segunda Guerra Mundial. Cambió la perspectiva de la educación de manera drástica: antes desde la educación primaria se estudiaban lenguas muertas, el arte, la música… Ahora todo son tecnologías y cosas aplicadas.

A los no iniciados les recomiendo ‘La Traviata’ Y también influirá el precio de la entrada…
Las élites económicas, que no las culturales, se han intentado apoderar de la ópera: es de buen tono asistir aunque no tengas ni idea. Es una mezcla de poder político y glamour económico que perjudica a la cultura.

¿Qué da la ópera que no aporten otras músicas?
Fundamentalmente, que es un género muy vinculado al teatro. La música y el teatro unidos es una simbiosis de dos posibilidades que crea otra cosa con posibilidades infinitas. La ópera siempre ha estado muy pegada a los acontecimientos históricos y políticos.

¿Cómo recomienda usted iniciarse en la ópera? ¿Es mejor con una selección de arias, por ejemplo, o escuchar una completa de principio a fin?
Las recopilaciones de arias, esos discos de “las arias más bellas del mundo”, son antioperísticas. Yo las utilizaría para ir en el coche o estar planchando y no dormirme, pero eso no es la ópera. Es mejor seleccionar óperas significativas, que no sean las más difíciles, para ir captando todos los niveles: por qué entra el coro, por qué la orquesta, por qué en un momento dado se para la acción y un personaje canta solo…

¿Qué óperas recomienda a los no iniciados?
La Traviata de Verdi, Las bodas de Fígaro de Mozart… No empezaría con El anillo del nibelungo, que es una ópera muy complicada.

¿Y para los niños? ¿Una ópera normal o una adaptación?
Hay adaptaciones muy buenas que recopilan las escenas que pueden entender mejor y permiten explicar un instrumento antes de tocarlo. La flauta mágica, por ejemplo, se representa mucho con marionetas.